¿Cómo llega la salvación a mi vida? ¡El Espíritu aplica la obra de Cristo!

Vivimos rodeadas de mensajes que nos dicen que podemos convertirnos en una mejor versión de nosotras mismas si encontramos el método correcto, desarrollamos mejores hábitos o nos esforzamos lo suficiente.

Pero cuando la Biblia describe nuestra condición sin Cristo, no dice que necesitábamos mejorar. Dice algo mucho más radical: estábamos muertas en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:1).

Entonces surge una pregunta: si una persona espiritualmente muerta no puede darse vida a sí misma, ¿cómo llega la salvación a nuestra vida? 

Hoy me gustaría conversar contigo sobre lo que Dios me ha enseñado, a través de distintos pasajes de Su Palabra, acerca de la salvación y de cómo el Espíritu Santo la aplica a nuestras vidas.

La obra del Espíritu Santo

Sabemos que el Espíritu Santo es la tercera Persona de la Trinidad y que es quien viene a morar en nosotras cuando, por la obra de Dios en nuestros corazones, ponemos nuestra fe en Cristo y en Su sacrificio a nuestro favor. Pero, ¿Su obra se limita a eso? Para entenderlo, necesitamos mirar lo que la Biblia enseña acerca de la obra del Espíritu Santo en nuestra salvación.

Veamos lo que la Biblia tiene para decirnos sobre el papel del Espíritu Santo en la salvación.

  1. El Espíritu nos convence de nuestro pecado

El autor Geoffrey Thomas, en su libro «El Espíritu Santo», afirma que: «El Espíritu Santo les enseña a los pecadores lo que es el pecado. Su obra es convencerlos de que son pecadores. Él es el que nos convence de que nuestras vidas han errado en el blanco, han transgredido los límites de Dios, han desobedecido la voz de Dios y se han rebelado contra Dios viviendo sin Su Ley».

Mira lo que dice Juan 16:7-8: «Pero Yo les digo la verdad: les conviene que Yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador [aquí se refiere a Su Espíritu] no vendrá a ustedes; pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio…».

Joven Verdadera, podemos reconocer que hicimos algo mal, sentir culpa o lamentar las consecuencias de nuestras decisiones sin comprender todavía la gravedad de nuestro pecado delante de un Dios santo. Nosotras mismas no podemos reconocer verdaderamente nuestra condición de perdición y pecado a menos que Dios, por medio de Su Espíritu, abra nuestros ojos y nos haga ver nuestra profunda necesidad de salvación. 

  1. El Espíritu es el que nos muestra a Cristo

Pero la obra del Espíritu no termina allí. Él no solo nos convence de pecado, sino que dirige nuestra mirada hacia Cristo, mostrándonos Su obra en la cruz y llevándonos a responder a Él con arrepentimiento y fe. Todo esto es posible porque el Espíritu es quien nos da vida espiritual.

«La mano del Señor vino sobre mí, y me sacó en el Espíritu del Señor, y me puso en medio del valle que estaba lleno de huesos…Y me preguntó: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?”. Y yo respondí: “Señor Dios, Tú lo sabes”.Entonces me dijo: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: ‘Huesos secos, oigan la palabra del Señor’. Así dice el Señor Dios a estos huesos: “Voy a hacer que en ustedes entre espíritu, y vivirán…Profeticé, pues, como me fue mandado; y mientras yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso.Y miré que había tendones sobre ellos, creció la carne y la piel los cubrió, pero no había espíritu en ellos. Entonces Él me dijo: “Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y dile al espíritu: ‘Así dice el Señor Dios: ‘Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán’”. Y profeticé como Él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron…» (Ezequiel 37:1, 3-4, 8-10)

Ezequiel 37 nos presenta una imagen poderosa del Dios que puede traer vida donde solo hay muerte. Pero el Nuevo Testamento nos muestra con claridad cómo esa realidad se hace evidente en nuestra salvación. Mira lo que dice Efesios 2:1, 4-5:

«Y Él les dio vida a ustedes, que estaban muertos en sus delitos y pecados… Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes han sido salvados)».

El Espíritu de Dios es quien hace efectiva en nosotras la obra salvadora de Cristo. ¡Él nos dio vida cuando estábamos muertas en nuestros delitos y pecados!

La Biblia describe esta obra como nacer de nuevo (Jn. 3:3–8). En teología también la llamamos regeneración: la obra soberana del Espíritu por la cual Dios nos da vida espiritual y un corazón capaz de responder a Cristo con arrepentimiento y fe. 

No fue por nuestra cuenta que llegamos a entender que necesitábamos salvación. Es el Espíritu el que nos da nuevos ojos para ver al Salvador, nos da nuevos oídos para escuchar a nuestro Pastor y nos da un corazón nuevo para responder a nuestro Señor. El Espíritu Santo no dirige nuestra atención hacia Sí mismo, sino hacia Cristo. Jesús dijo acerca de Él: «Él me glorificará» (Juan 16:14).

  1. El Espíritu es el que nos sella

Mira lo que dice Efesios 1:13-14: «En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria».

¡Somos posesión de Dios! Cuando Dios nos salva, Dios nos da Su Espíritu como sello y garantía de nuestra herencia, señalando que le pertenecemos y anticipando la redención que un día será plenamente consumada. 

En Romanos 8:16, Pablo nos recuerda que el Espíritu también confirma nuestra adopción: en Cristo ya no somos esclavas, sino hijas de Dios: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios». ¡Qué verdad tan gloriosa y llena de consuelo! El mismo Espíritu que obra en nuestra salvación también da testimonio de nuestra nueva identidad como hijas de Dios. Así que, desde que nos hace ver nuestra necesidad de Cristo, hasta que nos sella como Suyas, vemos que la salvación es obra de Dios de principio a fin.

Entonces, ¿cómo llega la salvación a nuestras vidas? El Espíritu aplica en nosotras la obra perfecta de Cristo, y por gracia recibimos la vida que jamás podríamos producir por nosotras mismas. 

Tal vez pensabas que tu historia con Dios comenzó el día en que tú decidiste buscarlo. Pero detrás de tu arrepentimiento, de tu fe y de tus nuevos deseos estaba Dios obrando por Su Espíritu.

No te diste vida a ti misma. ¡Dios te dio vida en Cristo! Y el mismo Espíritu que abrió tus ojos para ver al Salvador permanece en ti, sellándote como Suya y transformándote para la gloria de Cristo. 

Ayúdanos a llegar a otras

Como ministerio nos esforzamos por hacer publicaciones de calidad que te ayuden a caminar con Cristo. Si hoy la autora te ha ayudado o motivado, ¿considerarías hacer una donación para apoyar nuestro blog de Joven Verdadera?

Donar $3

Sobre el autor

Lyan Rojas

Lyan Rojas nació en la República Dominicana. Disfruta de un buen libro con una taza de café, una buena conversación y compartir con amigos. Es licenciada en Psicología Educativa y trabajó como maestra durante 8 años. Actualmente está sirviendo como … leer más …

¡Hey chicas! Nos encanta escuchar de ustedes, pero nos sentimos limitadas por las formas en que podemos ayudarlas.

Si buscas consejo te animamos a hablar primero con tu pastor o una mujer piadosa en tu vida, ya que ellos sabrán más detalles de ti y te darán seguimiento y ayuda.Lo publicado en la sección de comentarios no necesariamente refleja el punto de vista de Aviva Nuestros Corazones.

Nos reservamos el derecho de remover opiniones que puedan no ser de ayuda o inapropiadas. Puede ser que editemos o removamos tu comentario si: * Requiere o contiene información personal como emails, direcciones, teléfonos. *Ataca a otras lectoras. * Utiliza lenguaje vulgar o profano.


Únete a la conversación