¿Quién es Jesús realmente?

Si escribieras «¿Quién es Jesús?» en Google, TikTok o Instagram, probablemente encontrarías miles de respuestas. Para algunos, Jesús fue un gran maestro; para otros, un ejemplo de amor. Otros hablan de Él como alguien que simplemente quiere que seas feliz y que vivas tu mejor vida.

Pero hay un problema: no podemos inventar a Jesús según lo que nos gustaría que Él fuera.

Antes de preguntarnos «¿Quién es Jesús para mí?», necesitamos responder una pregunta mucho más importante: «¿Quién es Jesús realmente?». Porque nuestra opinión acerca de Jesús no determina quién Él es. Dios ya nos ha revelado quién es Su Hijo en Su Palabra.

¿Quién dicen que Yo soy?

Jesús, después de advertir a Sus discípulos sobre la levadura de los fariseos, les hace dos preguntas. La primera: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y ellos respondieron: “Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas”» (Mt. 16:13). 

La segunda: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?» (v. 15). La respuesta de Pedro fue: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (v. 16).

¿Por qué dos respuestas diferentes sobre una misma persona? ¿Por qué una respuesta diferente a las mismas enseñanzas y milagros realizados delante de todos? La respuesta está en la obra de Dios. Todos habían oído hablar del mismo Jesús, pero no todos entendían quién era realmente. 

Jesús responde a Pedro: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos» (Mt. 16:17).

La única manera de responder quién es Jesús realmente es que Dios abra nuestros ojos para creer en lo que Él ha revelado en Su Palabra acerca de Su Hijo (Jn. 3:16). 

¿Cómo respondes a esta verdad?

Jesús dijo: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt. 4:17). Respondemos al evangelio arrepintiéndonos de nuestro pecado y poniendo nuestra fe únicamente en Cristo para nuestra salvación. Y esa vida, que comienza con arrepentimiento y fe, continúa siendo una vida de arrepentimiento, dependencia y transformación.

Cristo nos liberó del dominio del pecado y ahora, libres de él, podemos vivir en santidad, pareciéndonos cada vez más a Él. Esa es la meta de toda hija de Dios; una transformación que no ocurre por nuestras propias fuerzas, sino por la obra del Espíritu Santo en nosotras mientras aprendemos a obedecer Su Palabra.

Por eso es importante responder bien a la pregunta: «¿Quién es Jesús realmente?». Tu respuesta es de vida o de muerte. Porque si crees, como yo en algún momento, en un Jesús que solo desea que seas feliz o que te castiga cuando no te portas bien, entonces habrás creído en un Jesús hecho a tu medida. Y esta realidad viene a retar lo que has creído, especialmente cuando atraviesas pruebas o te encuentras con los «no» de Dios.

Podemos construir un Jesús que siempre valida nuestras decisiones, un Jesús cuya principal preocupación es nuestra felicidad, un Jesús que aparece cuando tenemos problemas o un Jesús que nos castiga cada vez que hacemos algo mal. Pero un Jesús construido a nuestra medida no puede salvarnos. Necesitamos conocer al Cristo que Dios ha revelado en Su Palabra.

La muerte y la resurrección de Cristo siguen siendo el centro de nuestra fe

Pero bendito Dios que nuestra salvación y santificación no dependen de nosotras. Si Jesús murió y resucitó para reconciliarte con Dios y te promete una vida eterna con Él por Su resurrección, entonces estas verdades son el ancla que sostiene tu fe y por las cuales vives. 

Jesús vino como Salvador para rescatarnos del dominio del pecado. Así que si has puesto tu fe en Cristo, Su muerte y resurrección aseguran tu reconciliación con Dios. Por eso, quienes hemos creído en Cristo hemos recibido al Espíritu Santo, quien mora en nosotras y obra para santificarnos. Por Su poder podemos luchar contra el pecado y crecer en obediencia a Cristo. 

Porque Jesús es tu Salvador, puedes vivir para Él

Muchas veces quiero perseguir mis deseos y hacer mi voluntad, no la del Señor. ¿Te pasa? Y al hacerlo, empezamos a confiar en nosotras mismas, en nuestra sabiduría y en nuestros métodos para ganar el favor de Dios o para recibir, por nuestro esfuerzo, Sus promesas. El resultado es que vivimos desgastadas y sin contentamiento, y lentamente, nos alejamos de nuestro Salvador. Amiga, no hay otro Salvador, solamente Cristo.

La maravillosa noticia es que Él no es como nosotras. Jesús no se aleja; Jesús permanece fiel. Nuestro Salvador no nos salvó para dejarnos a merced de nosotras, sino que nos rescató de nosotras para vivir para Él… porque somos de Él. 

Recuerda la maravillosa obra de Jesús y cómo hoy puedes vivir para Él:

  • Si Cristo me salvó, ya no me pertenezco a mí misma: pertenezco a Él.
  • Si Cristo murió por mis pecados, ya no tengo que vivir dominada por ellos.
  • Si Cristo resucitó, la muerte y el sufrimiento no tendrán la última palabra.

Después de preguntarte quién es Jesús realmente, queda una pregunta personal que nadie puede responder por ti: ¿crees en el Cristo que Dios ha revelado en Su Palabra?

No basta con admirarlo como maestro, acudir a Él cuando necesitas ayuda o incluirlo como una parte más de tu vida. Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el único Salvador. Y si estás en Él, puedes permanecer, perseverar y confiar, porque Aquel que te salvó también es fiel para sostenerte.

Luego de comprender quién es Jesús realmente, puedes hacerte la pregunta: ¿quién es Jesús para mí a la luz de lo que Él reveló de Sí mismo? Si es conforme a la Palabra, entonces permanece, persevera y confía cada día, porque Él está contigo.

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Sobre el autor

Susana de Cano

Susana vive en la Ciudad de Guatemala. Es esposa de Sergio Cano con quien tiene tres hijos, Sergio Alejandro, Daniela y Susi, quien recientemente esta casada con Esteban. Es apasionada por enseñar la Palabra de Dios a otras mujeres para … leer más …

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