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Creo que soy cristiana, pero no estoy segura. ¿Cómo puedo tener certeza?

R: Es una pregunta que muchas jóvenes nunca dicen en voz alta. Quizá creciste en una familia cristiana, vas a la iglesia desde pequeña o conoces muchas historias de la Biblia. Sin embargo, en algún momento te has preguntado: ¿Y si realmente nunca he conocido a Cristo?

La buena noticia es que esa no es una pregunta nueva. Aunque la Biblia es un libro que contiene muchas respuestas, también es un libro que plantea muchas preguntas. A lo largo de sus páginas, muchas personas —incluso personas de gran fe— hicieron preguntas profundas acerca de Dios y de la manera en que Él nos llama a vivir.

La Biblia registra la historia de un hombre que también llegó a Jesús con dudas profundas. Uno de esos hombres fue Nicodemo.

Era un líder religioso.

Conocía las Escrituras.

Si alguien parecía tener todas las respuestas, era él.

Sin embargo, una noche buscó a Jesús porque descubrió que todavía había preguntas que no podía 

Juan 3:1–21 nos relata cómo Nicodemo fue a ver a Jesús de noche. Su conversación nos confronta con una pregunta muy importante: ¿Quién creemos que es Jesús? Esa misma pregunta sigue siendo el centro de la fe cristiana. No basta con saber quién dicen otros que es Jesús. Cada una de nosotras debe responder personalmente quién creemos que Él es. Y, aún más, ¿estamos seguras de que nuestra respuesta es la correcta? Nicodemo pensaba que lo sabía, pero estaba equivocado.

LEE JUAN 3:1–21 Y ESCRIBE LAS PREGUNTAS QUE NICODEMO LE HIZO A JESÚS.

Nicodemo hizo una pregunta esencial que todas debemos responder: ¿Quién eres Tú, Jesús? Si Jesús fuera solo un buen maestro, podríamos tomar lo que nos gusta de Sus enseñanzas e ignorar el resto. Si fuera simplemente un profeta, podríamos respetar Su sabiduría de la misma manera en que respetamos a otros personajes de la historia. Pero si Él es el Señor, como afirmó ser, entonces debemos responder rindiéndonos a Su autoridad sobre nuestras vidas.

La respuesta de Jesús a la pregunta de Nicodemo fue esta: «En verdad, te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios» (v. 3).

Jesús estaba describiendo el nuevo nacimiento espiritual. La Biblia llama a esta obra "el nuevo nacimiento". No se trata de empezar una vida mejor ni de convertirnos en personas más religiosas. Es una obra sobrenatural del Espíritu Santo que nos da una nueva vida y un nuevo corazón para seguir a Cristo. 

Este concepto era un misterio para Nicodemo, y también puede parecernos misterioso a nosotras. Nos preguntamos: ¿Realmente soy cristiana? ¿Cómo puedo saber si he nacido de nuevo? ¿Cómo puedo estar segura de que he sido salva del pecado y de la muerte, y tener la certeza de la vida eterna? Nicodemo hizo preguntas muy parecidas: «¿Cómo puede ser esto?» (v. 9).

La respuesta que Jesús dio es una de las declaraciones más amadas y poderosas de toda la Escritura:

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (v. 16).

Jesús llevó a cabo la obra más importante de la salvación mediante Su muerte en la cruz. Una persona se convierte en cristiana cuando cree que Jesús es quien dijo ser y responde a Él con fe. Jesús también explicó el poderoso resultado de esa decisión: pasamos de muerte a vida. En lugar de perecer como consecuencia de nuestro pecado, recibimos la promesa de pasar la eternidad viviendo con Jesús. ¡Él nos salva!

Gracia por medio de la fe

La buena noticia del evangelio es que tu salvación nunca ha dependido de tus méritos. Tu destino eterno no está determinado por la vida que has vivido, los pecados que has cometido, las buenas obras que has hecho ni por cuánto conocimiento teológico tengas. Puedes tener la certeza de que eres seguidora de Cristo si has puesto tu fe en Jesús, creyendo que, en la cruz, Él recibió el castigo y el infierno que tú merecías por tus pecados, y que, a cambio, te dio Su justicia y la promesa del cielo. Estas son las buenas noticias del evangelio.

El apóstol Pablo lo resumió de esta manera: «Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios» (Ef. 2:8).

La gracia es un regalo que Jesús te da cuando pones tu fe en Él. Por eso, la pregunta esencial no es qué has hecho tú, sino si has creído y recibido lo que Él hizo por ti. Si aún no lo has hecho, arrepiéntete y cree. Cristo murió por ti para que pudieras ser reconciliada con Dios.

Si ya has creído en Él, puedes tener la certeza de que realmente eres cristiana y de que Él te ha adoptado en Su familia. Aun cuando surjan preguntas o dudas, puedes descansar en esta promesa:

«Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre».-Juan 10:28–29

Las manos de Dios son más grandes que tu fe vacilante. Tu salvación no se perderá. Será guardada por Dios, tu Guardador.

BUSCA RESPUESTAS EN LA PALABRA DE DIOS

  • 1 Corintios 15:1–11
  • Efesios 2:1–10
  • Tito 2:11–14

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