«¿Qué vas a hacer si no te casas?».Esta pregunta me la hizo mi consejera hace un tiempo. Y, aunque no recuerdo con exactitud lo que le respondí, de vez en cuando lo pienso y vienen a mi mente muchos pensamientos a los que al final prefiero no hacerles caso, porque al quererlo tanto, se me hace difícil pensar en el resto de mi vida como soltera, ya que por mucho tiempo uno de mis deseos ha sido llegar al matrimonio.
Sin embargo, Dios ha sido tan paciente conmigo que a lo largo de todos estos años me ha hecho ver que, por el momento, no es lo que tiene para mí. Y cuando digo «por el momento», no puedo negar que existe en mí la incertidumbre de si llegará el momento en que sí llegue al matrimonio.
En charlas, conferencias, grupos bíblicos y hasta en conversaciones casuales, hemos escuchado decir que «mientras esperas al hombre correcto», debemos ocuparnos del llamado que Dios tiene para nosotras en este momento presente, que es la soltería. Si bien esto es muy cierto, para aquellas de nosotras que anhelamos casarnos, la verdad es que nos cuesta mucho enfocar nuestras mentes en nuestra soltería y las oportunidades y privilegios que tenemos de servir al Señor y a otros en diferentes áreas.
Al ser así, sentimos que nuestra vida está «en pausa» porque, constantemente, en mucho de lo que hacemos como solteras, siempre vislumbramos cómo me vería haciendo esto o aquello… pero estando casada . Al final, nuestro servicio y nuestro día a día se ve permeado únicamente por el pensamiento de «¿cuándo me traerá Dios al hombre de mi vida?».
Querida joven, si has pensado de esta manera, quiero que sepas que no eres la única. No está mal ni es pecado anhelar el matrimonio; ese es un buen deseo porque fue Dios mismo quien instituyó el matrimonio. El problema viene cuando hacemos del matrimonio la meta principal de nuestras vidas y perseguimos que todo gire en torno a lo que pudiera ser una preparación o ayuda «para cuando me case…».
Pero… ¿Qué vas a hacer si no te casas? ... ¿Qué vas a hacer si ves que el tiempo pasa y pasa y Dios no trae al hombre de tus sueños a tu vida?... ¿Qué vas a hacer si Dios te muestra claramente que el matrimonio no es lo que Él tiene para ti?
He aprendido poco a poco y, tristemente, en ocasiones, a regañadientes, que mi vida no puede verse «en pausa» esperando por algo que no sé si va a llegar. Entonces, como jóvenes solteras que anhelan el matrimonio, ¿cómo podemos nosotras evitar que el anhelo por el matrimonio sea un obstáculo para no solo tener contentamiento en este momento, sino para continuar nuestras vidas, incluso mientras esperamos la voluntad de Dios en eso? Quiero decirte algunas cosas que me han ayudado a mí en este tiempo:
1. Nuestro corazón fue hecho para el cumplimiento del anhelo más grande que podemos imaginar.
El Señor conoce cada anhelo de nuestros corazones. Él no es un Dios indiferente ni frío cuando se trata de nuestros deseos más profundos. Sin embargo, Él nos pide que le entreguemos eso que tanto anhelamos y nos promete algo muchísimo mejor: la bendición de experimentar Su gozo mientras le servimos en nuestra soltería, y una eternidad a Su lado, porque es en Jesús que todos nuestros anhelos son y serán cumplidos. Hebreos 13:14 dice: «Porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos laque está por venir». ¡Jesús es el anhelo definitivo! Recordemos cada día que nuestro corazón fue diseñado para una unión eterna con Él.
2. Nuestro Dios es nuestro Esposo
Cuando pensamos en un esposo, podemos pensar en amor, cuidado, detalles, momentos románticos, sentimientos bonitos, etc. Mira lo que dice Isaías 54:5: «Porque tu esposo es tu Hacedor…». Aunque este versículo tiene un contexto, un principio que podemos sacar de él es que, como sabemos, somos la Iglesia de Cristo y Él es nuestro Esposo. Mientras esperamos Su voluntad en cuanto al matrimonio, podemos descansar en la maravillosa realidad de que Aquel que nos creó es nuestro Esposo:
- Que nos ama con un amor eterno que no se compara con ningún otro amor terrenal que podamos experimentar.
- Que cuida de nosotras como la niña de Sus ojos.
- Y que siempre se encuentra con nosotras con profundo interés y ternura, siempre recordándonos que somos Suyas.
3. Nuestro mayor tesoro debe ser Jesús, aunque el matrimonio no llegue
¿Pudiéramos decir con confianza que Jesús es nuestro mayor tesoro? Cuando olvidamos que solo Él debe ser el objeto supremo de nuestros afectos, lo ponemos en un segundo plano y dudamos de Su amor. Incluso, aunque no lo digamos con nuestra boca, en nuestros corazones lo cuestionamos y pensamos que si no nos concede el matrimonio o hace que nuestra espera sea muy larga, entonces Él no es tan valioso como dice ser.
Querida joven, nuestro Dios no es una máquina expendedora de deseos. No es un juego al que podemos echarle monedas hasta que consigamos que Él cumpla lo que queremos. Nuestra espera no es una espera inactiva. Esperar no significa vivir ansiosas por saber si nos casaremos o no… Cuando vivimos así, pecamos, porque estamos poniendo en el trono de nuestra vida un tesoro terrenal en lugar de recordar que nuestro mayor tesoro está sentado a la diestra del Padre, esperando gozoso el día en que nos lleve con Él para siempre.
En Mateo 6:21 dice: «Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». ¿Está nuestro corazón con Cristo, o estamos muy ocupadas poniéndonos ansiosas tratando de que Dios responda «sí» a nuestro anhelo por el matrimonio?
Joven verdadera: tu vida no queda en pausa porque no te cases. Tu entrega y servicio al Señor y a los demás no queda limitado solo porque estás soltera. Los planes y propósitos de Dios contigo no quedan obstaculizados si Él no te concede el matrimonio. Tu espera es una espera santa, valiosa y preciosa, porque es en la espera que nuestro Dios trabaja profundamente en tu corazón.
Dios anhela que le ames y le atesores más que a cualquier otra cosa, porque tu corazón fue hecho para Él y fue apartado y sellado por Dios mismo. Él es tu Novio, tu Esposo y tu Señor. En esta espera, espera en tu Dios y vive esta etapa con gozo, paz y fe.
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