Hay personas cuyo trabajo exige estar despiertas cuando todos duermen. Los guardias de seguridad, por ejemplo, necesitan sentidos atentos, reflejos rápidos y la capacidad de permanecer alertas durante horas, aun cuando la noche se hace larga.
Tal vez el salmista tenía en mente algo así cuando escribió:
«Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana; sí, más que los centinelas a la mañana». —Salmo 130:6
Esa imagen es poderosa. Un centinela no espera la mañana de manera distraída. La espera con anhelo, porque la mañana significa descanso. Significa que su turno terminó. Significa que la oscuridad empieza a irse y que el peligro disminuye.
Y el salmista dice: «Mi alma espera al Señor» (v. 5), pero aquí viene una pregunta incómoda: ¿esperamos nosotras al Señor así?
Porque esperar como un centinela no significa sentarnos sin hacer nada. No significa vivir distraídas, entretenidas, medio dormidas espiritualmente, mientras decimos que estamos esperando a Cristo. Esperar como un centinela implica vivir despiertas.
Significa luchar contra el pecado. Significa estar alertas a las mentiras del enemigo. Significa cuidar nuestro corazón. Significa tomar en serio la eternidad. Significa recordar que este mundo no es nuestro hogar final y que Cristo viene.
A veces decimos que estamos esperando al Señor, pero vivimos como si esta vida fuera todo lo que hay. Nos distraemos con el scroll infinito, con planes, relaciones, entretenimiento, metas personales, ansiedad por el futuro o simplemente comodidad. No necesariamente estamos haciendo «cosas malas», pero tal vez estamos dormidas en nuestro turno.
Y si somos honestas, muchas veces no esperamos la mañana porque estamos demasiado cómodas en la noche.
El problema no es solo la distracción. También es que olvidamos el peligro.
Un guardia nocturno sabe que la oscuridad puede esconder amenazas. Por eso no baja la guardia. De la misma manera, la Biblia nos recuerda que tenemos un enemigo real, que el pecado sigue siendo peligroso y que hay personas a nuestro alrededor que necesitan la esperanza del evangelio.
Pero muchas veces vivimos como si nada estuviera en juego.
Sabemos que la tentación existe, pero no oramos como Jesús nos enseñó: «No nos metas en tentación». Sabemos que el enemigo busca destruir, pero actuamos como si eso fuera un tema solo para pastores o líderes. Sabemos que la vida es breve, pero vivimos como si tuviéramos tiempo ilimitado.
El Salmo 130 nace desde «las profundidades»; es el clamor de alguien que sabe que necesita misericordia, perdón y redención. El salmista no está fingiendo que todo está bien. Está hundido en la realidad de su pecado, de su necesidad y de su fragilidad. Pero no se queda ahí. Su esperanza está puesta en Dios y en Su Palabra.
Eso es esperar como un centinela.
No es esperar con miedo, sino con esperanza.
No es vivir obsesionadas con el fin, sino fieles en el presente.
No es apagar la vida, sino vivir despiertas para Cristo.
La mañana viene.
Cristo volverá.
El trabajo terminará.
El peligro pasará.
Y nuestra esperanza no será defraudada.
Mientras tanto, permanezcamos alertas. Que nuestra alma espere al Señor más que los centinelas a la mañana.
*Una versión de este blog fue escrito originalmente por Cindy Matson en: https://www.reviveourhearts.com/blog/waiting-like-a-watchman/
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