Entregándole nuestros sueños románticos

Hacía aproximadamente dos meses que mi cuento de hadas con Eric había iniciado. Pasé por un momento de inseguridad extrema. Eric estaba fuera en una universidad de entrenamiento misionero, y yo siempre me preguntaba y/o pensaba si él conocería a alguien más y perdería su interés por mí. Si pasaban algunos días y él no me había llamado o había hecho señales de humo, yo me encontraba distraída y me desalentaba.

Por la desesperación, empecé a orar. «Dios, ¿por qué me siento así?» Le preguntaba frustrada. «¿Por qué no puedes decirle a Eric que me llame y me saque de esta miseria?»

Como Padre paciente que es, le habló con mucho amor a mi corazón. «La razón por la que estás tan preocupada de perder a Eric es porque te estás aferrando demasiado a él. Has comenzado a construir tus esperanzas en base a esta relación, en vez de en Mí. Has empezado a buscar tu felicidad y seguridad en un hombre, y no en Mí».

Me sorprendí al darme cuenta de que realmente no le había entregado esta relación a Dios. En vez de eso, estaba construyendo mi felicidad y seguridad en base a mi cuento de hadas con Eric, y no construyendo y nutriendo mi relación con Cristo. ¡Con razón que mis emociones estaban tan inestables!

Oré, «perdóname Señor». «Te entrego mi relación con Eric, te la devuelvo. Aquí dejo mis esperanzas y expectativas. Haz con este cuento de hadas lo que Tú quieras y que se haga solamente Tu voluntad».  Me paré de estar arrodillada con un gozo y una libertad recién descubiertos en mi corazón. Sí, aún me importaba mucho mi relación con Eric. Pero ya no estaba ansiosa ni deprimida cuando las cosas no ocurrían exactamente como yo quería que ocurrieran. Mi futuro romántico fue colocado a los pies de Jesús.

«Dios, que se haga Tu voluntad en este cuento de hadas— te lo entrego a Ti».

Esta se volvió la declaración de mi alma cada vez que mi celular no sonaba o el correo estaba vacío.

De dónde viene la verdadera felicidad

En el transcurso de nuestros años de soltería, es tentador idolatrar e idealizar nuestras esperanzas y sueños matrimoniales pensando que por fin seremos felices desde que conozcamos a nuestro príncipe azul y nos podamos acoplar a esa vida en familia. Pero este estilo de pensamiento es muy peligroso porque nos aleja de buscar y encontrar la satisfacción perfecta que Él manda y quiere que tengamos en Jesús. Si esperamos que el matrimonio llene el vacío inmenso de nuestra alma, simplemente lo que haríamos es colocar expectativas irreales y perjudiciales en nuestro futuro esposo y, de la misma manera, perjudicar nuestro matrimonio en el proceso.

Recuerda, cuando estamos en una relación con Cristo, tenemos todo lo que necesitamos para la felicidad, así estemos casadas o solteras. Así como Corrie ten Boom escribió: «El matrimonio no es la respuesta a nuestra falta de felicidad. La felicidad solamente se puede encontrar en una relación balanceada con Cristo Jesús. Cuando le perteneces a Cristo, puedes ser feliz con o sin esposo, encuentra tu seguridad solamente en Cristo».

Obviamente, Dios le pone un valor bien alto al matrimonio. Después de todo, fue Su idea desde el principio. La mayoría de nosotras somos llamadas a casarnos. Y es cierto que no hay nada malo en querer estar casada, prepararse para el matrimonio o empezar a dar los pasos para una relación romántica con alguien, como bien manda Dios. El problema viene cuando ponemos nuestros sueños matrimoniales en un pedestal, poniendo la felicidad absoluta en pausa, hasta que venga esa etapa de nuestra vida.

Cuando ya estamos en una relación o en un matrimonio, es muy tentador aferrarse a esa «pareja que tanto queremos», como lo hacemos a Cristo Jesus. Dios nos llama a amar a nuestros esposos (Tito 2:4), pero Él nos llama a amar a Cristo Jesus aún más (Luc. 14:26). Nuestra seguridad e identidad deben venir primeramente y mayormente de Jesucristo y no de una relación.

Cuando la mirada de nuestra alma no se queda fija en Cristo Jesús, los buenos deseos (como tener un cuento de hadas con Dios) pueden convertirse en preocupaciones no saludables, antes de que nos demos cuenta de lo que ha pasado. El deseo dado por Dios para el matrimonio, puede convertirse en una obsesión por querer encontrar a un chico y tener un cuento de hadas, y esto puede transformarse rápidamente en un ídolo en tu corazón. Muchas veces, las amenazas más grandes de buscar a Cristo con un corazón dividido, no son cosas sumamente pecaminosas, sino cosas buenas, deseos dados por Dios que poco a poco comienzan a reclamar demasiado de nuestra atención, enfoque y afectos.

¿Cómo puedes decir si te estás aferrando demasiado a una relación del mundo o a un sueño romántico? Aquí hay algunas advertencias:

No te imaginas vivir sin eso

Tienes pensamientos como: «Si pierdo esta relación, sería miserable y depresiva» o «si no me caso, la vida no sería digna de ser vivida».

Pasas más tiempo y energía en esa área de tu vida que en tu relación con Cristo

Tal vez duras horas cada semana tratando de encontrar a ese chico ideal, pero solo diez minutos en oración o estudiando la Palabra de Dios. Tal vez inviertes la mayoría de tu tiempo y energía en una relación (o en la búsqueda de una) y tienes poco tiempo para buscar a Cristo o compartirlo con otros. Por más que no queramos admitirlo, las áreas que reclaman la mayoría de nuestro tiempo libre son aquellas que tienen la mayor parte de nuestro corazón.

Encuentras más deleite y felicidad en esa área de tu vida que en tu relación con Cristo

No está mal si una relación humana nos trae un sentido de confort o felicidad. Pero Jesús debe permanecer siendo la fuente de tu mayor satisfacción. Una manera de darte cuenta si te estás llenando verdaderamente de Cristo es haciéndote esta pregunta, «si de repente me quitaran esta relación o sueño romántico, ¿sería Jesús suficiente?»

Si una relación romántica (o la esperanza de una) ha reclamado más de tus afectos y enfoque que Jesús, pídele a Dios que cambie tu corazón. Ríndele nuevamente esta área de tu vida a Él y recuerda dónde se encuentra la verdadera fuente de la felicidad: ¡en Él! Recuerda, no hay mejor lugar para tus más preciados sueños que frente a los sangrientos pies que fueron clavados por ti.

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Sobre el autor

Leslie Ludy

Leslie Ludy

Leslie Ludy es autora y conferencista con la pasión de ayudar a las mujeres a apartar su vida para Cristo. Ella y su esposo Eric han publicado más de 20 libros con más de un millón de copias vendidas e impresiones en más de 12 idiomas, entre ellos, “Cuando Dios escribe tu historia de amor”, “Belleza Auténtica” y “Apartar la feminidad”. Su libro más reciente es, “La mujer apartada”, que fue publicado en el 2015. Eric y Leslie viven en Windsor, Colorado con sus seis preciosos hijos.

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