Flores en medio del desierto

Gotas de sudor salado recorrían mi rostro y no podía ver nada excepto suelo seco y arena que era soplada de aquí para allá. Deseaba con ansias beber agua o cualquier cosa que pudiera calmar mi garganta y mis labios partidos. Mientras tanto, divagaba con la esperanza de escapar de las espinas de los cactus que me rodeaban y de encontrar una fuente de agua.

En realidad nunca he estado en el desierto, pero imagino que sería así .

No obstante, muchos de nosotros, sabemos muy bien lo que es estar en un desierto metafórico. Quizá sientes que has estado divagando en el mundo; quizá estás a la espera de un milagro; quizá te estás revolcando en un pozo de tristeza sombría y no puedes salir de allí. Quizá has estado allí, buscando tu fuente.

El crecimiento inesperado

Las temporadas de desierto pueden hacer que ores para que Dios cambie tu situación o para que te muestre el camino cuando te sientes perdido. Estas temporadas pueden hacer que des un paso a la vez cada día, que combatas el estrés, las quejas o los sentimientos de abandono. A menudo, los desiertos pueden parecer solitarios, inhóspitos y sin esperanza; pero «puede» es la palabra clave.

El desierto puede parecer ser el lugar más desolado en el que puedes estar, pero aún así es el mejor lugar para que la esperanza brille.

En el desierto no hay charadas o máscaras. Todos caemos ante el Señor desnudos como personas heridas, necesitadas y quebrantadas. Allí, Él nos encuentra. Él levanta nuestro mentón y nos da el agua de vida, la cual es mejor que cualquier otra cosa que podamos usar para satisfacernos a nosotros mismos. Jesús dijo: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (Jn. 7:37-38).

Cuando nuestra autosuficiencia muere, somos libres para dejar que Cristo haga la obra santa de hacernos completamente suyos. 

Fue allí, en el desierto, que yo escuché la voz del Señor claramente y experimenté su presencia de la manera más cercana que jamás haya experimentado. Él no me dio direcciones específicas acerca del camino por el que debería ir o los detalles sobre cuándo dejaría este lugar desértico. En vez de eso, Dios renovó en mí una sed por Él y fui satisfecha.

«A ti extiendo mis manos,

Mi alma te anhela como la tierra sedienta» (Sal. 143:6).

El desierto me enseñó a rendir mis deseos por un trabajo, un plan o la felicidad, y a ponerlo todo delante del Señor. Mi nuevo deseo era únicamente buscarlo.

Cualquier intento de calmar nuestra sed en nuestras fuerzas, sólo resultará en desilusión. Dios me mostró mi necesidad en el desierto. Necesitamos a Jesús más que cualquier otra cosa, pero en el valle, es como si tuviéramos una habilidad especial para ver cómo el Señor va con nosotros y nos satisface en las temporadas más secas, más aterradoras y en las más desérticas.

Es cuando nos humillamos más y cuando estamos en nuestro punto más débil que el poder de Cristo está trabajando mayormente en nosotros, haciéndonos más fuertes (2 Cor. 12:9).

No pude ver cuánto cambié en mi desierto hasta que salí de él. Por eso, necesitamos aprender a confiar completamente en Jesús en las temporadas más desérticas. El potencial de crecimiento es realmente alto, considerando que por lo general nos encontramos en un punto muy bajo. ¿Cómo, entonces, es posible que crezcamos realmente en el desierto cuando nos arrastramos llevando arena en nuestros ojos y agotamiento en nuestros cuerpos?

Sé una flor en el desierto

Algunas flores increíblemente bellas sólo son encontradas en el desierto. Ellas sobreviven porque se adaptan a las condiciones extremas. Aquí hay tres maneras en las que estas bellezas crecen, y yo creo que podemos aplicar todas estas maneras en nuestra propia vida.

  1. Ellas crecen con raíces muy profundas para alcanzar la fuente de agua

En el desierto, donde rara vez llueve, algunas flores obtienen el agua que necesitan con sus raíces, lo cual significa que tienen raíces muy largas que se extienden a la fuente de agua. Así como ellas permanecen en constante conexión con el agua, así nosotros podemos estar en conexión constante con el Señor en oración y en confianza. 

«Bendito es el hombre que confía en el Señor,

Cuya confianza es el Señor.

Será como árbol plantado junto al agua,

Que extiende sus raíces junto a la corriente;

No temerá cuando venga el calor,

Y sus hojas estarán verdes;

En año de sequía no se angustiará

Ni cesará de dar fruto»

(Jer. 17:7-8).

  1. Permanecen inactivas durante los periodos secos y esperan a mostrar signos de vida solo cuando reciben agua

Flores como estas revelan por su apariencia que son absolutamente dependientes del agua. Cuando el agua viene, ellas germinan completamente después de una estación de espera. Aunque el Señor siempre está con nosotros, en nuestra estación en el desierto podemos aprender lo que significa esperar en Él. Si confiamos en Él con esperanza completa, Él nos revive con gozo.

«Espero en el Señor; en Él espera mi alma,

Y en Su palabra tengo mi esperanza.

Mi alma espera al Señor

Más que los centinelas a la mañana;

Sí, más que los centinelas a la mañana» (Sal. 130:5-6).

  1. Almacenan el agua para retener la humedad

Supongo que es como un tipo de hibernación. En el caso de los animales, ellos almacenan comida para la temporada fría, mientras que en el caso de las flores, ellas se preparan para la sequía. Nosotros también podemos almacenar el agua viviente de la Palabra en la medida en que leemos la Biblia y habitamos en ella. Memorizar la Escritura es una gran manera de estar hidratados con la Verdad cuando somos susceptibles a la mentiras del enemigo en la temporada desértica.

«Con todo mi corazón te he buscado;

No dejes que me desvíe de Tus mandamientos.

En mi corazón he atesorado Tu palabra,

Para no pecar contra Ti» (Sal. 119:10-11).

Cada quien tiene su propio viaje por el desierto. Aunque parezca que esa temporada no va a tener un fin, no pierdas la esperanza. Dios está haciendo su obra en ti, Él está haciendo que crezcas y te sostendrá.

De hecho, es en los lugares menos probables en los que tendemos a crecer más. ¿Cómo has visto el crecimiento en tu vida en las temporada de desierto?

«Bienaventurado el que piensa en el pobre;

En el día del mal el Señor lo librará.

El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida,

Y será bienaventurado sobre la tierra.

Tú no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos»

(Sal. 41:1-2).

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Sobre el autor

Micayla Greathouse

Micayla Greathouse

Micayla es de Kansas, EEUU.  Tiene una fascinación por los amaneceres, un enamoramiento de donas y café, y una pasión por encontrar alegría en los momentos cotidianos. Le encanta alentar a otros con la verdad y la maravilla del evangelio. Micayla vive en el norte de Indiana y forma parte del personal de Revive Our Hearts.

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