¿Girl power o el poder de Cristo?

Tengo una sobrina de tres años quien tiene una personalidad muy peculiar. Nos reímos mucho de sus ocurrencias porque a veces nos sorprendemos de las cosas que dice, no sabemos cómo una personita tan pequeñita puede saber tanto y repetir cosas que solo ha escuchado una vez.

Hace unos meses cuando la corregí por algo que hizo, me dijo con cara enojada: No, ¡porqueyo soy poderosa! La verdad es que no supe qué hacer más que reírme y preguntarme de dónde lo habrá sacado (probablemente de algún programa de televisión) aunque definitivamente encendió una luz de alerta en mí.

Eventualmente sus padres la corrigieron y le enseñaron que Dios es el que es poderoso, pero me puso a pensar cómo he visto cada vez más que se habla de empoderamiento de la mujer; inclusive entre las cristianas y cómo esto esta llegando hasta a las mentes pequeñitas de la próxima generación.

Si crees en el empoderamiento de la mujer, te pido que sigas leyendo y que no cierres esta ventana para que reflexionemos juntas y ver si esa es la palabra que debes usar para definir lo que quieres decir.

Antes de escribir esta publicación, quise buscar varias definiciones de la palabra «empoderar» para no basarme simplemente en lo que pienso. Así que aquí te comparto la que encontré más completa:

Empoderar, significa desarrollar en una persona la confianza y la seguridad en sí misma, en sus capacidades, en su potencial y en la importancia de sus acciones y decisiones para afectar su vida positivamente.1

A simple vista parece algo muy bueno, pues es cierto que el pecado ha hecho que haya algunas injusticias en el mundo para con las mujeres (violencia de género, diferencia salarial con respecto a los hombres…) y sí estoy de acuerdo con que esas cosas no deberían de ser. Pero si nos vamos a la raíz y a una perspectiva teológica, ahí está diciendo que si nos empoderamos «somos lo suficientemente poderosas para hacer lo que queramos» y que tenemos el poder de hacer que nuestras decisiones cambien nuestra vida. Mi pregunta es ¿dónde entra Dios en esa ecuación?

No tenemos el poder

Si algo me he dado cuenta luego de casarme y llevar una vida independiente de mis padres, es que necesito a Dios cada día para hacer hasta las cosas más cotidianas. Ser adulto no es cosa fácil y a veces me da mucha ansiedad saber que tengo la responsabilidad de manejar un hogar, trabajar y «ser humana» al mismo tiempo.

Cuando confío demasiado en mis capacidades y potencial, usualmente esos días todo me sale mal: en mi casa, en el trabajo y en mis relaciones personales. Sobre todo últimamente Dios me ha enseñado que no importa cuán duro trabaje y me esfuerce, al final es Él quien decide cuánto dinero entra a nuestra cuenta de banco y Él les quién provee para todas nuestras necesidades (Lucas 12:22-26). Que no importa qué tanto trate de ser la mejor esposa o ama de casa, hija, hermana, amiga, Él es quién me hace más a Su imagen y de Él es que depende mi santificación.

Yo no tengo el poder para ser mejor por más que lo intente, puedo cambiar mis hábitos y exterior pero no mi corazón (si no lo creen, miren a los fariseos). Así que si ni siquiera eso controlamos ¿sobre qué otra cosa tenemos realmente el poder en nuestras vidas? (Ezequiel 11:19)

Nuestras decisiones no nos definen

Algo sobre lo que también he estado reflexionando últimamente es que con tanta información ahora, tenemos una presión muy grande sobre qué decisiones tomamos. Ya no es simplemente pensar si una decision es bíblica: tenemos que pensar si es buena para nuestra salud, buena para el medio ambiente, buena para los demás, económica y políticamente correcta e [inserta aquí cualquier otra cosa].

Probablemente estoy exagerando… pero la toma de decisiones también es un punto de estrés en mi vida y sé que a muchas otras millenials les pasa lo mismo; hay tantas cosas que pueden salir mal de nuestras decisiones que a veces ni sé qué es lo mejor.

Pero otra vez Dios me recuerda, que no soy lo suficientemente poderosa para guiar el curso de mi vida, que aún si tomara una «mala» decisión en un determinado tiempo de mi vida, puedo descansar en la verdad de que Él ya tiene escritos todos mis días. Es increíble cómo Dios en su gracia usa hasta nuestros propios errores para santificarnos y llevar a cabo su perfecta voluntad (Salmos 139:16, Romanos 8:28-30).

Empoderando a Cristo

Así que con esta publicación quiero quitarte un poco el peso que nuestra generación feminista ha puesto sobre nuestros hombros y dar el descanso que tu corazón necesita. Al final, «tener el poder» no es algo bueno como lo hacen ver, sino un peso terrible que nos da ansiedad y corrompe y destruye nuestro corazón (pregúntenle a Frodo de El Señor de los anillos).

El único que debe ser poderoso en nuestras vidas, debe ser Cristo, Él es quién debe dictar nuestras decisiones, y sólo Él es quién está calificado y capacitado para hacernos mejores en todo lo que hacemos, llevándonos a vivir una vida libre, plena y abundante en Él. Invítalo a que Él tome el lugar que merece en tu vida y deja de echar el pulso con Dios, porque todos sabemos quién es más fuerte (Proverbios 16:1).


 

Por eso quiero que te lleves esta nueva definición que hice parafraseando la de arriba:

Reconocer que Cristo tiene el poder en nuestras vidas, significa desarrollar en una persona la confianza y la seguridad en Jesús, en SUS capacidades, en SU potencial para santificarnos y en la importancia de SUS acciones en la cruz y decisiones para afectar nuestra vida positivamente.

Ahora después de toda esa reflexión, cuando pienso que tengo el poder de controlar mi vida pienso en mi sobrinita de tres años, que dice que es poderosa y aún necesita usar pañales para dormir y me río sola. Probablemente Dios piensa lo mismo de nosotras cuando oye a estas pequeñas humanas diciendo esas cosas…

Si quieres aprender más sobre el girl power y el feminismo a luz de la Palabra, te recomiendo el libro Mujer Verdadera 101: Diseño divino.

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Sobre el autor

Nicole Tejera de García

Nicole Tejera de García

Nicole Tejera de García es diseñadora de Aviva Nuestros Corazones y Revive Our Hearts, su pasión es servir a Dios y llevar el Evangelio a otros mediante el arte. Sirve en el grupo de adoración de su iglesia. En su tiempo libre le gusta jugar con su perrita Lulú y hacer lettering. Está felizmente casada con Manuel García.

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