Hoy salté mi devocional

¡Hola! Me alegra tanto que estés aquí. ¿Te pasa, al igual que a mí, que en ocasiones te sientes muy culpable por haber saltado tu tiempo devocional? Sabes que la búsqueda de Dios –en oración y en su Palabra– es algo prioritario, pero si por alguna razón fallas, sientes que el mundo se te fue abajo. Tienes claro que es una disciplina que necesitas cultivar, pero se te va el deseo desde que comienzas a sentirte “lejos” de Dios. ¡A mí pasa! Nuestros corazones son expertos en tratar de ganarse el favor que ya Cristo ganó en la cruz por nosotras. Es por eso que necesitamos recordatorios constantes de que más que hacer un devocional, necesitamos cultivar la devoción a Cristo en toda nuestra vida. 

Por eso, hoy quiero compartirte esta publicación de Leanna. Ella nos ayuda a llenar de verdad esos días, en los que nos queremos hundir en el mar de la condenación por saltar nuestro tiempo devocional. ¡Espero que sea de bendición para ti! –Betsy

De nuevo presionas el botón de «posponer» en tu alarma. Ahora, esto es una carrera contrarreloj para sacar adelante tu rutina de la mañana y salir por la puerta de tu casa a tiempo; pero, de repente, te das cuenta que no alcanzas a tener todo listo y a leer tu Biblia. ¿Acabas de quedar atrapada en tu día?

No es poco común pensar que cuando fallas al hacer tu devocional, estás condenada al fracaso. Sin embargo, la verdad es que la Biblia no es algún tipo de encanto de buena suerte. Leerla cada mañana no te garantiza un día de circunstancias agradables y un comportamiento piadoso, y no leerla una mañana no equivale a traer mala suerte automáticamente sobre tu día. Creer esto es tomar algo que es bueno y convertirlo en una carga pesada. Si tienes este pensamiento equivocado, en lugar de sentirte renovada y animada cuando pasas tiempo en la Palabra, te sentirás culpable e intranquila cuando no lo haces.

Hablando desde la experiencia

Durante años sentí una carga inexplicable cuando abría mi Biblia a primera hora de la mañana; además, me sentía culpable si perdía un día. Aquello era como un monstruo complicado que era impulsado por una mezcla de un deseo genuino y un arrepentimiento agobiante.

Obviamente, es maravilloso comenzar el día temprano en la mañana con la Palabra de Dios y en la oración. Poner nuestras mentes en las cosas de arriba (Colosenses 3:1) nos ayuda a encontrar gozo y a luchar contra la tentación, cosas que no podríamos hacer en nuestras propias fuerzas. Pero nuestro problema comienza cuando esta humilde dependencia en la ayuda divina se vuelve un medio desesperado de buscar la aprobación divina.

Esta es una batalla con la que todavía lucho. No obstante, siempre muy gentilmente, Jesús me recuerda que seguirlo a Él no significa ser regida por una barra de acero, en Cristo hay gran libertad y amor.

Si esta es tu lucha, permíteme recordarte amablemente que el propósito de un tiempo devocional no es ganar una buena calificación ante Dios (como si Él tuviera un sistema de puntuación). Se trata más bien de pasar tiempo con Jesús para desarrollar una relación con Él. Jesús demostró esta verdad para todos nosotros el día en que Él se detuvo a almorzar en la casa de Marta.

Así como un amigo 

Marta y su hermana María eran queridas amigas de Jesús. Cuando Él y sus discípulos vinieron de visita, María se sentó a escuchar a Jesús; pero Marta se mantuvo ocupada preparando todo para los huéspedes de la casa. Ella se exasperó con María por dejarle hacer todo el trabajo y se lo hizo saber a Jesús. Esto suena como si Marta estuviera más preocupada con impresionar a Jesús en su casa, que con hacer lugar para Él en su corazón.

¿Qué dijo Jesús acerca de todo esto? ¿Él reprendió a una (o a ambas) de las hermanas? ¿El pronunció juicio sobre Marta por su negligencia y descuido hacia Él?

Mientras Él atendía las acusaciones de Marta contra su hermana, Él no la reprendió o la avergonzó; en lugar de eso, Jesús extendió su gracia a ella. Él le ofreció la única cosa que ella necesitaba, una invitación a venir, a descansar y a disfrutar de su presencia (Lucas 10: 38-42).

Esto es lo que Jesús te ofrece. Apocalipsis 3:20 dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo». Jesús está extendiendo una oferta de amistad para ti, como un amigo cenando con un amigo. Tu Señor y Salvador desea tu compañía. Él no quiere que te sientas ansiosa o consternada por nada, sino que elijas «la buena parte»: Él mismo. 

No seas «esa» amiga 

Imagínate estando reunida con una amiga mientras toman un café. Ella toma una linda foto contigo para recordar su tiempo juntas, pero luego permanece fija en su teléfono por la siguiente media hora. Ella charla ocasionalmente acerca de sus problemas, pero ni una sola vez te pregunta sobre ti. ¿Cómo te haría sentir esto? Este no es el comportamiento que tú esperas de una amiga verdadera y devota, ¿o sí? 

La palabra «devoción» es un término que usamos por lo general para describir el tiempo que pasamos en la oración y el estudio, y esto significa tener amor y lealtad a una persona o causa. Esto quiere decir que nuestra devoción a algo o alguien es conducida por amor. Piensa en ello…

¿Eres devota a Jesús? ¿Es el amor por Jesús tu motivación para pasar tiempo con Él, llegar a conocerlo y tener una relación de compañerismo con Él? ¿O estás demasiado ocupada marcando tu «tiempo devocional» de la lista como para notar su presencia?

Considera cuáles son tus motivaciones para pasar tiempo leyendo la Biblia y orando:

  • ¿Tienes miedo de que Dios se enoje contigo si no pasas tiempo en su Palabra?
  • ¿Estás preocupada porque Dios te abandone en tiempo de necesidad si tú lo abandonas a Él?
  • ¿Estás motivada por su amor y por el amor que tienes hacia Él?
  • ¿Deseas una cercana relación de amistad y comunión con Jesús?

Toma algún tiempo ahora para confesar cualquier motivación equivocada y pídele a Jesús que te dé un corazón que sea realmente devoto a Él.

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Sobre el autor

Leanna Shepard

Leanna Shepard

Leanna comenzó a servir como parte del staff de Revive Our Hearts en el verano del 2014. Aunque es originaria de Akansas y se encuentra residiendo en Michigan, su ciudadanía está en los Cielos, habiendo sido adoptada como hija del Rey cuando tenía 10 años. Le encanta el té caliente, los buenos libros, probar nuevas recetas en la cocina y apoyar a su equipo favorito, los Cardenales de San Luis.

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