¡Qué bien haces a mi alma! Apreciando a la persona difícil

Escrito por Karen Garza

Hace un par de años, como todos los años, las redes sociales se llenaron de deseos y resoluciones personales para el nuevo año. En esa ocasión, entre todas las resoluciones, hubo una que destacó por su repetida aparición en la lista de cuentas seculares y cristianas. Alegando a la salud emocional, la resolución decía algo así: «Comienza el año alejándote de las personas difíciles que no aportan a tu felicidad». Al leer la resolución no pude evitar imaginar por un momento mi vida sin aquellas personas «difíciles» que me han rodeado, y después de unos segundos meditando y teniendo en mente la obra de Dios a través de cada una de estas personas, suspiré aliviada: «¡Qué bueno que te tengo! ¡Qué bien haces a mi alma!».

Irónicamente, las personas que menos bien «nos caen» son las que el Espíritu Santo usa para hacer más bien a nuestra alma. Irónicamente, mediante el Espíritu Santo y debido a Su obra, las personas que pensamos que menos aportan a nuestra felicidad, son las que terminan causándonos más gozo. Es por eso que decidí escribir este artículo, pidiéndole a Dios que lo use para ayudarte a entender la gran importancia de la persona difícil en tu vida, y que puedas amarla y agradecer a Dios por ella.

Antes de continuar, quisiera aclarar que con «persona difícil» no me refiero a alguna persona que ponga en peligro tu vida ni tampoco a una persona que te incite al pecado. Creo firmemente que lo más conveniente es alejarte de estas personas, si ese es tu caso, pide ayuda a alguna persona madura en la fe. Con «persona difícil» me refiero a alguna persona que te ofende constantemente o que te irrite su forma de ser; una persona imprudente, argumentativa, egoísta, desleal, condescendiente, vana, controladora, ruda, orgullosa, burlona, desinteresada, etc. Simplemente una persona que te lleve a los límites de la paciencia y del dominio propio.

Todos conocemos por lo menos a una persona difícil y no debemos ignorar que esto es una evidencia contundente de nuestra naturaleza caída. Debido a la caída del hombre, entró el pecado y afectó todas las áreas de nuestra vida. No solamente nuestra relación con Dios se rompió, sino también nuestra relación perfecta con los demás. Sin embargo, cuando volvemos a nacer, y nos arrepentimos de nuestros pecados y depositamos nuestra fe en Jesús como único Salvador y Señor, el Espíritu Santo hace de nosotras Su hogar, y nos da un nuevo corazón y gracia para primeramente amar a Dios sobre todo y también para amar a los demás como Él lo hace.

Habiendo dicho esto, continuemos con 3 razones de porqué la persona difícil hace tanto bien a nuestra alma:

1. Dios la usa para santificarme

Meditemos un poco en la resolución mencionada anteriormente: «Comienza el año alejándote de las personas difíciles que no aportan a tu felicidad».

Nuestra respuesta natural ante las dificultades es huir de ellas, por lo que no me sorprende esta resolución. Sin embargo, ¿qué pasa si te digo que lo mejor para tu alma es mantener a la persona difícil cerca? ¿Qué pasa si te digo que Dios puede usar a la persona de la cual quieres huir para santificarte?

Primero debemos comprender que todo creyente ha nacido de nuevo, es llamado a ser santo y está siendo santificado. El nuevo nacimiento es un evento único en la vida del creyente, mientras que la santificación es un evento progresivo que se completará hasta el día en que estemos en la presencia de Dios. Sproul lo explica de una manera muy sencilla diciendo que la regeneración es el nacimiento, mientras que la santificación es el crecimiento. Podemos entonces definir la santificación como el proceso en el que, por el Espíritu Santo, somos conformados a Cristo.

Efesios 5:26 nos dice que Dios nos santifica por medio de Su Palabra, por lo que, aunque es obra de Dios, el hombre colabora con Él al constantemente meditar en las Escrituras. 1 Tesalonicenses 5:23-24 nos enseña que también podemos colaborar orando y Proverbios 27:17 nos enseña que Dios también puede santificarnos a través de nuestras relaciones humanas. Enfoquémonos en este último punto.

«El hierro se afila con el hierro y el hombre al relacionarse con el hombre» (Proverbios 27:17 NBV).

Siglos antes, el hierro era un instrumento muy común, con él se fabricaban cuchillos, clavos, espadas, etc. Sin embargo, debía ser limado con otro pedazo de hierro para adquirir filo y tomar la forma necesaria para convertirlo en una herramienta útil. De esta misma manera, la Palabra enseña que el hombre adquiere «filo» y «forma» al ser limado con otro hombre. ¿Has visto la fricción que se produce al afilar al hierro con hierro? Definitivamente es un proceso incómodo y doloroso, sin embargo, el resultado final es hermoso.

¡Gracias a Dios por la persona difícil! Piénsalo, ¿cómo podríamos practicar la paciencia hacia los demás si no hay a nuestro alrededor personas que la pongan a prueba? ¿Cómo podríamos practicar el amar incondicionalmente si no hay personas que no cumplan con nuestras condiciones? ¿Cómo podríamos practicar el perdón si no hay personas que nos ofendan? ¿Cómo podría tomar «filo» y «forma» si no es por la fricción de mis relaciones?

Lo mejor para ti es abrazar el proceso santificador de Dios a través de la persona difícil. La persona con la cual Dios te «afila» es tan necesaria para tu crecimiento y utilidad, a tal grado que sin ella serías tan solamente un «trozo inservible de hierro». Dios, a través de la fricción de muchas relaciones y mediante Su Espíritu, va formando en nosotras el carácter de Cristo, y nada trae más gozo que esto.

2. Dios la usa para mi gozo

«Comienza el año alejándote de las personas difíciles que no aportan a tu felicidad». En nuestro egoísmo y búsqueda de placer inmediato, las relaciones difíciles son evitadas a toda costa. La razón que se da para alejarnos de ellas es que no «aportan a nuestra felicidad». Sin embargo, la Palabra nos define la felicidad muy diferente al mundo. El mundo busca la gratificación barata más próxima, pero el creyente vive para una felicidad eterna. El mundo teme el dolor, mientras que el cristiano lo abraza gozosamente por su esperanza segura.

Amada, nunca encontraremos mayor gozo que en la obediencia a Dios, por lo que el cristiano que guarda el ejemplo y las enseñanzas de Cristo acerca del amor, del perdón, de la paciencia, de la humildad y de la auto-negación será la persona más feliz del mundo. 

El mundo nos enseña a alejarnos de las personas difíciles para ser felices, mientras que la Palabra nos enseña a gozarnos en nuestra santificación a través de ellas. Amadas, no ignoremos la temporalmente dolorosa, hermosa y eterna obra de Dios en nuestra alma a través de las relaciones difíciles. Hay un gozo incomparable en nuestra santificación, nada en esta tierra nos dará más satisfacción que ser más como nuestro amado Cristo.

El salmista lo expresó de manera perfecta: «En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza». (Salmos 17:5 RVR 1960) ¿Te das cuenta cómo el salmista conectó su satisfacción con su santificación? Él no conectó su satisfacción con la tranquilidad en sus relaciones ni con nada más, sino con el ser conformado a Dios.

Sin embargo, debemos ser sinceros, el proceso por el cual somos conformadas a Él es doloroso. Es realmente doloroso darte cuenta de tu falta de amor y paciencia, de tu egoísmo, tu vanidad, tu pecaminosidad. Es doloroso caer una y otra vez en la misma actitud pecaminosa contra la persona difícil. Es doloroso estar de rodillas día tras día confesando tu pecado y clamando por ayuda, pareciendo que no hay ningún avance en nosotras. El proceso realmente es doloroso, pero no olvidemos que el resultado será sumamente hermoso. ¡Nada te dará más gozo que tu santificación, duela lo que duela!

¡Nuestras relaciones difíciles pueden ser instrumentos de Dios para santificarnos y nuestra santificación producirá en nosotros un gozo incomparable! ¡Créeme cuando te digo que, aunque no inmediatamente, esa persona difícil será causa de más gozo y provecho a tu alma que otras relaciones más llevaderas!

3. Dios la usa para Su gloria

Dios no únicamente usa a las personas difíciles para santificarnos y traernos gozo, sino también para que podamos glorificarle. Quizá este tema no te entusiasme tanto como el punto 2, pero amada, ¡esto es lo que más debería emocionarte! Dios nos creó para Su gloria (Isaías 43:7). Esto no significa que Dios sea un egoísta ni que necesite nuestra gloria porque le haga falta. Todo lo contrario, Dios nos da el privilegio y honor de inmerecidamente participar en Su gloria nuevamente. ¡Él lo hace por nosotras! Glorificar a Dios es el llamado supremo que un hombre puede recibir pues es el motivo mismo de su existencia.

El primer motivo de porqué la persona difícil en nuestra vida nos ayuda a glorificar a Dios es porque nos permite conocerlo y apreciarlo en maneras que no lo hacíamos. Por ejemplo, las palabras de una persona difícil pueden ser altamente hirientes dejando heridas profundas en nuestra alma, sin embargo, podemos reemplazar esas palabras por la Palabra de Dios y conocerlo como nuestro Sanador. O quizá la persona difícil era alguien en quien confiabas y sin esperarlo te apuñaló por la espalda, Dios puede usar la situación para que le conozcas como el consolador y como el Dios fiel y confiable que es. El trato difícil con los demás pueden ser usados para conocer y estimar a Dios sobre todas las cosas.

Por otro lado, así como la persona difícil puede ser usada para que conozcas y aprecies a Dios, tu trato con la persona difícil puede ser usado para que ella conozca y aprecie a Dios. Durante Su ministerio, Jesús enseñó acerca del carácter cristiano. En una ocasión Pedro le preguntó a Jesús lo siguiente: «Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”» (Mateo 18:21-22 RVR 1960).

En este pasaje vemos dos verdades sumamente importantes; Jesús enseña a sus discípulos que los cristianos seremos ofendidos constantemente (incluso por otros cristianos) y enseña que nuestra respuesta debe ser un incansable perdón. Al hacer esto le glorificaremos, ya que expondremos al creyente y al incrédulo el carácter perdonador de nuestro Dios.

Buscamos ser más como Jesús por amor a Él, pues cuando somos más como Él estamos desplegando a la humanidad atributos de Su carácter, dando buena reputación a Su nombre. Por lo que la segunda razón de por qué Dios usa las personas difíciles en mi vida para Su gloria es porque cada interacción con ellas es una oportunidad para mostrar la gloria de Dios a los demás. ¡Qué hermoso privilegio!

Por último, aunque todas conocemos personas difíciles, siendo honestas, delante de Dios todas somos esa persona difícil. Todas hemos sido egoístas, idólatras, orgullosas, controladoras, vanas, necias… la lista jamás terminaría. Tan imposible era nuestra relación con Dios que tuvo que venir Cristo como sustituto nuestro para reconciliarnos con Él.

Sabiendo esto, ¿dónde queda el orgullo? ¿Dónde queda el sentirnos superiores a las demás personas difíciles? ¿Dónde queda el querer alejarnos de la persona que es igual que nosotras? 

La última razón de por qué Dios usa a la persona difícil para que le glorifiquemos es que nos recuerda que delante de Él, nosotras somos esa persona. Le glorificamos porque la gracia, el amor y la paciencia que podamos dar viene de la gracia, amor y paciencia que nosotras primeramente hemos recibido de Dios al salvarnos y santificarnos.

Hemos estado hablando de la santificación de manera muy práctica, pero no debemos olvidar que es un milagro asombroso. Los hombres y mujeres pecadores somos totalmente incapaces de transformarnos de vasijas de deshonra a vasijas de honra que dan gloria a Dios. Tú y yo no escogimos a Dios por nuestra inteligencia ni por nuestro «puro corazón», sino que escogimos a Dios porque Él inmerecidamente nos escogió a nosotras. Así como nuestra justificación y adopción, la santificación es una obra de la gracia de Dios.

Cuando comprendemos esto, es absurdo gloriarnos por nuestras buenas obras y nuestro buen trato hacia los demás, pues simplemente comprendemos que damos de la gracia que hemos recibido, por lo que el foco de atención apunta exclusivamente a Dios. Nuestra santificación glorifica a Dios porque nuestra santificación es por Él y para Él.

¡Gracias a Dios por la persona difícil, pues Dios la usa para hacerme más como Él para Su gloria, y nada en esta tierra me dará más gozo que esto!

Termino con estos pasajes:

«Cada vez que oramos por ustedes damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque nos han hablado de lo mucho que confían en el Señor y de cuánto amor le tienen al pueblo de Dios. Ustedes se comportan así motivados por la esperanza de lo que está guardado para ustedes en el cielo. De ello se enteraron por medio del mensaje verdadero del evangelio. Esas buenas nuevas que escucharon ustedes están dando fruto y creciendo en todo el mundo, como también sucedió entre ustedes mismos desde el día en que escucharon y entendieron la gracia de Dios. Epafras, nuestro muy amado colaborador, el que les enseñó el evangelio y en quién tienen ustedes a un fiel servidor de Cristo, fue quien nos contó del gran amor hacia los demás que el Espíritu ha puesto en ustedes. Por eso, desde el primer momento que lo supimos, hemos estado orando y pidiendo a Dios que les ayude a entender plenamente la voluntad divina, y que les dé la sabiduría e inteligencia que vienen del Espíritu. Así podrán agradar y honrar al Señor en todo; harán toda clase de buenas obras y conocerán cada día más y mejor a Dios. Además, estarán llenos del grande y glorioso poder divino para perseverar a pesar de las circunstancias adversas; y con gozo darán gracias al Padre, que nos ha capacitado para participar de la herencia que pertenece a los que viven en el reino de la luz. Él nos rescató del reino de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, quien compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados» (Colosenses 1:3-14 NBV).

Artículo publicado originalmente en:

http://www.genuinomujeres.com/que-bien-haces-a-mi-alma-apreciando-a-la-persona-dificil/

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