R: Vivimos en una cultura donde constantemente escuchamos frases como:
«Si algo te hace sufrir, aléjate».
«Dios solo quiere que seas feliz».
«Todo pasa por una razón».
«Si tienes suficiente fe, las cosas mejorarán».
Pero ¿qué ocurre cuando la vida no se parece a ninguna de esas frases? ¿Qué hacemos cuando oramos y la enfermedad continúa? Cuando la ansiedad no desaparece. Cuando nuestros padres se divorcian. Cuando perdemos a alguien que amamos. Cuando seguimos luchando con la misma situación durante años.
Es entonces cuando aparece una de las preguntas más difíciles de toda la vida cristiana: Si Dios me ama... ¿por qué permite que sufra?
Estas mujeres se han hecho la misma pregunta:
«Pasé por un divorcio doloroso y devastador. Comenzó hace seis años y tardó más de tres años en finalizar. Perdí a mi mamá cuando tenía dieciocho años y, durante toda mi vida adulta, he vivido lejos de mi familia». —Sadie
«A los treinta y nueve años, inesperadamente terminé hospitalizada durante cuarenta y seis días. Cinco cirugías, una estancia en cuidados intensivos y una recuperación lenta marcaron una temporada de intenso sufrimiento». —Laura
«En julio pasado sufrí mi segundo ataque al corazón. Afectó mi espíritu de una manera que nunca imaginé. Sé que Dios es soberano sobre todas las cosas, pero por dentro sigo luchando con todo lo que viví recientemente». —Su
Vivimos en una época donde muchas veces se nos hace creer que seguir a Cristo debería hacer nuestra vida más fácil, pero la realidad es que, el sufrimiento, en sus distintas formas, está presente en la vida de la mayoría de nosotros. Y eso lleva a muchas personas a cuestionar la bondad de Dios.
Vivimos en un mundo quebrantado por el pecado. Por eso, dificultades como la propagación de enfermedades, las crisis económicas y las pruebas personales seguirán siendo una realidad hasta que Cristo regrese para establecer un cielo nuevo y una tierra nueva, libres de pecado.
Dios permite el sufrimiento como consecuencia de la entrada del pecado en el mundo, pero eso no significa que Él no esté obrando en medio de las pruebas que enfrentamos.
No es un engaño
La Palabra de Dios nunca promete una vida libre de sufrimiento para quienes siguen a Cristo. De hecho, Jesús fue muy claro: el sufrimiento continuará mientras vivamos como personas quebrantadas en un mundo quebrantado.
«Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo». -Juan 16:33
Jesús no prometió paz por la ausencia de pruebas, sino en medio de ellas.
«En verdad les digo, que ustedes llorarán y se lamentarán, pero el mundo se alegrará; ustedes estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría». -Juan 16:20
La realidad es que Jesús nunca prometió a Sus seguidores una vida sin problemas. Lo que sí prometió fue algo mejor: nunca sufriríamos solos. En Juan 17, poco antes de ir a la cruz, Jesús oró por Sus discípulos:
«No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno» (Jn. 17:15).
Jesús no pidió al Padre que eliminara todas sus pruebas. Pidió que los preservara en medio de ellas. La esperanza cristiana no consiste en que nunca sufriremos, sino en que pertenecemos a Cristo y somos guardadas por Dios mientras atravesamos un mundo quebrantado.
Nuestra verdadera esperanza está en la promesa de que Él nos ha redimido del sufrimiento definitivo que nuestro pecado merecía y ha abierto el camino para que pasemos la eternidad con Él en el cielo, donde ya no habrá más sufrimiento.
Mientras atravesamos las pruebas, la Palabra de Dios nos ofrece verdades poderosas de las cuales podemos aferrarnos:
- No estás sola. Tienes a Cristo. Él camina contigo y ha prometido estar contigo siempre (Mt. 28:20). La presencia de Cristo es un regalo que te sostiene y te ayuda a perseverar en medio del sufrimiento.
- Eres parte de la familia de Dios. Él te ha dado a otros creyentes para animarte y fortalecerte durante las pruebas (1 Tes. 5:11).
- Toda injusticia será corregida. Quienes se oponen a la verdad rendirán cuentas delante de Dios. Él hará justicia. Cualquier aparente victoria del mal es solo eso: aparente, y será pasajera (Ro. 12:19).
- El Señor te librará de toda aflicción. Puedes tener esa certeza. A Su manera y en Su tiempo, Él traerá tu liberación (Sal. 34:17).
- Todos tus esfuerzos, tu servicio, tu sufrimiento y tu fidelidad en medio de las pruebas serán recompensados. Llegará el día en que Dios recompensará la fidelidad de los Suyos. Él ha prometido bendecir a quienes permanecen firmes en medio de la prueba (Stg. 1:12–18).
Señor, no desperdicies mi sufrimiento
La manera en que percibes el sufrimiento estará determinada, en última instancia, por la manera en que percibes el carácter de Dios.
Si dudas de la bondad o de la soberanía de Dios, resistirás el sufrimiento. Pero si crees en Su promesa de hacer que todas las cosas cooperen para tu bien (Ro. 8:28), podrás recibir el sufrimiento como un medio por el cual Dios te conforma a la imagen de Cristo y profundiza tu comunión con Él.
Jesús, nuestro Salvador, sufrió por nosotros. Y Su Palabra nos invita a participar de Sus sufrimientos como una manera de mostrar Su amor a un mundo perdido y herido.
«Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo. Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría » -1 Pedro 4:12–13
En última instancia, es imposible crecer en santidad sin pasar por el sufrimiento. Jesús mismo nos dio el ejemplo durante Su vida en la tierra: «Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció» (Heb. 5:8).
Quizá hoy no entiendas por qué Dios permitió esta prueba. Tal vez esa respuesta no llegue en esta vida.
Pero sí puedes saber esto: El Dios que no escatimó a Su propio Hijo jamás dejará de ser bueno contigo.
Y llegará el día en que toda lágrima será enjugada, todo sufrimiento terminará y veremos que Cristo realmente hizo nuevas todas las cosas.
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- Salmo 27:10
- Salmo 30:5
- 1 Corintios 4:5
- 1 Pedro 5
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