4 formas poderosas de orar como Jesús en este año

La verdadera prueba de liderazgo se fundamenta en el clóset de oración. Una gran líder ora con poder. Una líder débil, no es fuerte en su vida de oración. Me desafían los hombres y mujeres en las Escrituras; completamente inadecuados como yo, que dependían de la oración más allá de su don natural y espiritual, para asegurarse del plan de Dios, de la gloria de Dios, y de la bondad de Dios para Su pueblo. Una vida tras otra, vemos el testimonio de que Dios pretendía que el liderazgo y la oración intercesora estuvieran inseparablemente entrelazados. (Dt. 9:25-29; 1ª S. 7:5-9, 12-23; Ef. 1:15-21, 3:14-21).

Aceptar el nombramiento celestial como líder es comprometerse a los rigores de la oración ferviente. Sí, es una tarea que hay que tomar con sobriedad, pero cuando se abraza completamente se convierte en nuestro deber más gratificante y gozoso.

En Juan 17, Jesús nos enseña, con gracia, cómo interceder en oración. A través de un tierno intercambio con el Padre, se revela el corazón de oración del Hijo, por la gloria de Dios, el plan de Dios y la bondad de Dios para Su pueblo.

Nuestros corazones se animan cuando consideramos…

  • ¿Quién conoce nuestras necesidades mejor que nosotras mismas? Jesús.

  • ¿Quién sabe la manera más efectiva de orar por quienes están siguiendo nuestras pisadas? Jesús.

¡Qué reconfortante que la oración de Jesús de ese entonces, es la misma oración incesante de hoy! (Ro.8:34; Heb. 7:25). Su oración es un patrón bien definido para que las sigamos hoy.

Al aventurarnos en un nuevo año en el ministerio, tomemos seriamente nuestra obligación de ser líderes de oración y levantemos nuestros ojos al cielo (Juan 17:1), para colaborar con Jesús en Su obra sagrada de intercesión. Al orar por las personas a quienes dirijo y amo, me incluyo también a mí misma.

Orando como Jesús

1. Llena a mis amigas con el gozo rebosante de llevar la cruz de Jesús (Juan 17:13)

Jesús, la Palabra de Vida, Tú eres la fuente de gozo puro, abundante (15:11). Nos has dado a Ti mismo. ¿Qué tesoro mayor podríamos esperar o pedir? A través de intimidad en Tu presencia, ganamos todo el contentamiento, plenitud y regocijo que nuestra alma anhela (Sal. 16:11). Que nunca nos sintamos satisfechas con menos de Ti, de lo que podemos tener. Imprégnanos con el gozo de llevar la cruz, que no se malogre cuando lleguen las pruebas, sino que nos impulse más profundamente hacia Tu amor y misericordia. Haz que nuestro inexplicable gozo en la cruz del sufrimiento despliegue lo maravilloso de Tu Evangelio.

2. Protege a mis amigas de las influencias del mal en el mundo (Juan 17:15).

Conforme tomamos con firmeza la armadura de Dios, protégenos de las tentaciones del mundo. A través de la gracia que Tú ya has provisto, enséñanos a huir del pecado que tan fácilmente nos enreda. (1ª Co. 10:13; Flp. 2:13; Heb. 12:1-2). Que podamos ser conocidas como mujeres que devuelven bien por mal, y oran por aquellos que nos persiguen (1ª Ts. 5:15; Mt. 5:44). Danos corazones que odien aquello que Tú odias y amen lo que Tú amas. Muéstranos cómo una vida ordinaria puede influenciar al mundo para el Evangelio.

3. Santifica a mis amigas a través de Tu verdad (Juan 17:17)

Lávanos en tu Palabra que transforma y da vida para que nuestra mente esté protegida de las mentiras y la incredulidad. Apártanos para Tus propósitos santos en cada etapa de vida. Dios de paz, santifícanos por completo por medio de Tu Espíritu (1ª Ts. 5:23). Te rogamos que nos cambies. Que cada pequeño acto de obediencia realizado en Tu Nombre te traiga gloria… sea cambiar pañales, servir un alimento para el desamparado, recibir al herido en nuestros desordenados hogares, o al orar con una amiga en el trabajo.

4. Unifícanos, para que el mundo se dé cuenta (Juan 17:11, 22-23)

Señor, nos aflige que con demasiada frecuencia el mundo ve una iglesia contenciosa, fragmentada, en lugar de la armonía y unidad que refleje perfectamente a la Deidad. La unidad de los creyentes tiene el poder de hacer que el Evangelio luzca real. Perdónanos por permitir que nos dividan las diferencias, los celos y preferencias personales. Necesitamos Tu ayuda, Señor. ¿Restaurarás la belleza de una iglesia unida y te glorificarás a través de ella? Para cumplir con ese propósito que cada una de nosotras camine en humildad, gentileza, paciencia, soportándonos unas a otras en amor (Ef. 4:2). Que, al seguir Tu camino de humildad, antepongamos las necesidades de otras a las nuestras, y estemos dispuestas a rendir nuestra vida por nuestros hermanos y hermanas (Flp. 2:3-4; 1ª Juan 3:16). Es Tu amor, dulce Jesús el que nos une. Que nuestra unidad te traiga gloria a Ti.

Gracias Jesús, por confiarnos con estas queridas hermanas para dirigirlas en el año que comienza. No tenemos lo que se requiere para esta tarea y te buscamos a Ti. Ayúdanos a caminar como es digno de tan alto llamamiento. Amén.

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