5 Secretos para formar un equipo en el Ministerio de mujeres

Coordinadoras de estudios bíblicos, madres mentoras, planificadoras de eventos, maestras de escuela dominical, coordinadoras de cuidado de niños, encargadas de grupos de oración y la lista de ministerios puede seguir.

Delegar responsabilidades a hermanas voluntarias es parte de la descripción del trabajo del ministerio de mujeres, y para la mayoría de nosotras, esto no es fácil. Sin embargo, para poder mantenernos fructíferas y fieles necesitamos un equipo que nos rodee. Cuando comencé a dirigir el ministerio de mujeres en mi propia iglesia, la actividad de formar y retener a los equipos me tentaba a acurrucarme bajo mi escritorio en posición fetal. Todavía en algunas ocasiones tengo que pedirle al Señor la valentía en esta área del ministerio, pero ya no tengo temor.

Aquí te presento cinco secretos que he descubierto y me han ayudado a superar la montaña de construir un equipo.

1. Estás Aquí

Juntas imaginemos que estamos viendo uno de esos gigantescos mapas en el área de comidas del centro comercial. Antes de poder llegar a donde queremos ir, tenemos que enfocarnos en el lugar donde nuestros pies están actualmente plantados. O como el gigantesco mapa imaginario del centro comercial lo dice: «Usted está aquí».

De igual manera, antes de discutir los puntos más importantes de cómo formar equipos para el ministerio de mujeres, enfrentemos el porqué es tan difícil comenzar con esta tarea. Como encargadas del ministerio de mujeres, usualmente nosotras mismas somos las que nos interponemos entre nosotras y tener un equipo efectivo. No delegamos por diversas razones:

  • Las necesidades de comunicación y la visión para grupos grandes de mujeres a quienes no conocemos bien dan temor, especialmente para las introvertidas o aquellas que se sienten más cómodas con el discipulado de una-a-una.
  • Las mujeres que sabemos que tienen discernimiento y profundidad espiritual ya están sirviendo. Nos da temor tomar el riesgo con mujeres que no conocemos bien, aun sin entender su teología y profundidad espiritual.
  • Nos sentimos abrumadas con las necesidades de formar equipos. Pareciera ser que siempre necesitamos a alguien para que haga algo. El goteo de un grifo con fuga muchas veces pareciera ser más fácil de ignorar que de reparar.
  • Tendemos a ser autosuficientes. No nos importa enrollarnos las mangas y hacer el trabajo por nosotras mismas. Y muchas veces esto se siente como la opción más fácil. (Aun cuando en lo más profundo, sabemos que esto no es lo mejor para nuestras almas ni para nuestro ministerio.) 

Si sentiste condenación o un golpe en la consciencia cuando leíste esto, ¡sacúdelo hermana! Esa lista salió de mi propio ministerio. Te lo prometo. Yo no estaba viendo tu ministerio detrás de la cerca. Pero me gustaría que saltemos sobre las vallas que evitan que delegamos tareas en el ministerio de mujeres. Por favor, no solamente me tomes la palabra. Consideremos el patrón ministerial que vemos en las Escrituras.

  • Elías y Eliseo. El Señor le ordenó a Elías a nombrar a Eliseo como su sucesor (1 de Reyes 19:16), sin embargo, los dos pasaron mucho tiempo ministrando juntos antes que Elías oficialmente le pasara el manto. ¿Quién está sirviendo a la par tuya preparándose para tomar una responsabilidad más grande?
  • Pablo tenía a Timoteo. Pablo amaba a Timoteo como su «verdadero hijo en la fe» (1 de Timoteo 1:2). El corazón de Pablo para con Timoteo era paternal. Además de pastorear el rebaño más grande que era la Iglesia, Pablo tomó cuidado extra para entrenar a Timoteo como su hijo y compañero de milicia en la fe. ¿Tienes hijas de tu corazón en tu ministerio? ¿Mujeres a las que traes más cercanamente y las discípulas con amor además de entrenarlas consistentemente para que alcancen madurez en el ministerio? Necesitamos tener mujeres como estas.
  • Jesús tenía a los doce. El punto final para nuestra autosuficiencia es Jesús, quien formó Su propio equipo ministerial. El propósito de los doce era la multiplicación. El ministerio terrenal de Jesús fue edificado con la mente puesta en el crecimiento futuro. Podemos enseñar acerca de Jesús mientras ministramos como Él cuando tenemos en mente el futuro del reino. Sigamos las pisadas de las huellas de Jesús y formemos equipos que puedan hacer «obras mayores que estas» (Juan 14:12) en nuestra ausencia.

2. Deja que los dones guíen, no las necesidades

1 de Pedro 4:10 ha sido un punto de inflexión para el ministerio de mujeres en mi iglesia: 

«Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios».

Aquí hay algunas moralejas críticas:

  • Cada mujer en tu ministerio tiene un don único dado por Dios.
  • El propósito de ese don es para edificar la iglesia.
  • Como coordinadoras de ministerios de mujeres, tenemos el honor de ayudar a las mujeres a administrar bien sus dones.

Mientras piensas detenidamente sobre la programación del ministerio, no pierdas de vista el blanco de ayudar a mujeres a conocer y usar sus dones para el beneficio mutuo y la edificación del reino. Así que, en lugar de mantener los oídos abiertos para escuchar necesidades, escuchemos dones.

Marge tiene el don de la oración intercesora, le pedí que creara un equipo de oración para nuestro ministerio de mujeres.

Bev tiene el don de misericordia y una compasión especial por madres solteras, le pedí que participara en nuestra cita de juegos de madres con niños de preescolares semanal.

Gini tiene el don de ser hospitalaria con mujeres en su hogar, le pedí que fuera la anfitriona de un estudio bíblico.

Muchas veces esto significa esperar semanas y meses entre el momento en que escucho sobre una necesidad y el momento en que escucho acerca de un don o viceversa. Mantengo una lista constante de necesidades y dones de mujeres para ayudarme a hacer las conexiones en el tiempo del Señor.

Si solamente veo las necesidades y trato de encontrar mujeres que las llenen, me obligo a meter clavos cuadrados en hoyos redondos. Pero sin en lugar de eso pongo atención a los dones que Dios ya me ha mostrado en nuestra congregación y planifico eventos y programas que vayan de acuerdo a estos, las mujeres asumen los roles para los que fueron hechas. El formar equipos se vuelve más fácil. La retención se vuelve más fácil. Y el cuerpo de Cristo trabaja más eficientemente para compartir el evangelio y cuidarnos los unos a los otros.

3. Ve el formar equipos como un privilegio, no como una carga 

Cuando asumí el rol de directora del ministerio de mujeres en mi iglesia, me asombré al descubrir cuántas mujeres no conocen cuáles son sus dones o no saben cómo conectar sus dones con las necesidades de la iglesia. Por su puesto, esto las dejaba desanimadas, inseguras, y frustradas. Imagina ser una pianista dotada sin un piano, o una talentosa artista de acuarelas sin su juego de pinturas.

En algún momento aprendí a dejar de pedir disculpas por pedirle a las mujeres que sirvieran. Si tienen un don dado por Dios y la iglesia tiene una necesidad, ¿por qué no querrían trabajar juntas y llenar esa brecha? Si el crear equipos de voluntarias parece trabajo pesado, pídele al Señor que te ayude a cambiar el interruptor mental para que veas esta parte de tu rol como un honor y te puedas gozar en ello.

Nunca me repondré de maravillarme al ayudarle a una mujer a que conozca sus dones y luego mostrarle dónde los puede utilizar. ¡Esto es más honroso que suplir a Beethoven con un gran piano o a Van Gogh con una paleta de pinturas!

4. Lucha por el hogar

Cada mujer en nuestros ministerios tiene responsabilidades incontables. La mayoría están casadas o son madres. Muchas cuidan a padres ancianos. Son hermanas. Son vecinas. Son amigas. Para la mayoría de ellas, esto dificulta un compromiso para servir en nuestros ministerios. Amiga, ¡eso es algo bueno!

Nuestros hogares son nuestro campo misionero principal. Amar y servir a las personas bajo nuestros techos y frente a nuestras casas en nuestro llamamiento principal. Así que cuando una mujer renuncia a enseñar en la escuela dominical porque sus hijos están decaídos por el tiempo extra que pasan en la iglesia, apláudele. Cuando una mujer deja su rol de servicio en la iglesia para invertir más intencionalmente en su hogar, anímala. Cuando una nueva madre confiesa que no puede ayudarte a planificar el próximo evento porque se siente abrumada y privada de sueño, suéltala. (Y ofrécele cargar a ese nuevo bebé por unos cuantos minutos).

No queremos que las mujeres se sientan culpables al servir. No queremos llamar a mujeres a participar en el ministerio de mujeres en la iglesia en lugar de ministrar en su hogar. En cualquier momento que les hables a las mujeres acerca de servir en tu ministerio, recuérdales que eres su más grande admiradora, ya que ellas están buscando amar y servir en casa.

5. Confía en Jesús

Justo esta semana tenía lo que parecía verse como una gran brecha en mis equipos ministeriales. Nos estamos preparando para nuestro próximo semestre de estudios bíblicos y tres de las mujeres quienes se habían dispuesto a enseñar o a ser anfitrionas dejaron su puesto inesperadamente. Tomé mi propio consejo y las animé por su decisión. Quiero que mis mujeres me escuchen decir una y otra vez que sus hogares son su campo misionero. Pero, aun así, eso dejó un hueco muy grande.

Confieso que tuve un momento de pánico, pero fue necesario recordar algunas verdades. Esta es la iglesia de Cristo. Estas son Sus mujeres. Estamos buscando elevar Su Palabra. Él no dejará que el ministerio caiga. Y Él no lo hizo. A través de una serie de encuentros providenciales que nunca hubiera pensado diseñar por mí misma, los huecos han sido cubiertos. Hemos añadido rostros nuevos y entusiasmados a nuestro equipo, no por mí, sino a pesar de mí. Eso es como el ministerio frecuentemente funciona.

Cualquiera que sean las necesidades de tu equipo en este momento, estas no abruman a Jesús. Llévalas a Él en oración. Es posible que Él quiera reorganizar tus prioridades y reestructurar tu plan. Es posible que Él vea a una mujer que tú no ves y que podría ser perfecta para el ministerio. Puedes confiar en Él.

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Sobre el autor

Erin Davis

Erin Davis

Erin Davis es una autora, bloguera y oradora a la que le encanta ver a mujeres de todas las edades correr hacia el pozo profundo de la Palabra de Dios. Es autora de muchos libros y estudios bíblicos, incluidos Connected, Beautiful Encounters y la serie My Name Is Erin. Ella sirve en el equipo del ministerio de Revive Our Hearts. Cuando no está escribiendo, puedes encontrar a Erin persiguiendo pollos y niños en su pequeña granja en el Medio Oeste.

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