El peligro que yace delante: Cuando las líderes maduras confían en su experiencia

Mientras más tiempo caminas con Dios, más peligroso es el camino. 

Es peligroso, no debido a las dificultades y el sufrimiento (aunque pueden estar presentes) sino por la tentación cada vez mayor de confiar en tu experiencia en lugar de en Cristo solamente. 

Para intensificar esta tentación, está la presencia de mucha gente joven que está impresionada con tu fe, asombrada de tu sabiduría, y que anhela aprender de ti. La admiración de las cristianas más jóvenes no es mala, pero puede alejarnos de la humildad hacia una visión inflada de nosotras mismas. La alabanza de otros acorta la distancia entre caminar en dependencia y caminar en confianza de uno mismo. Decisiones que alguna vez habrán parecido necias, ahora se disfrazan de sabiduría –después de todo, soy la más madura aquí. 

Consideremos los fracasos teológicos y morales de los líderes de ministerio. Sea el abrazo de una persona que no es su cónyuge o el abrazo de una teología que no es de la Biblia, la mayoría de los líderes caen rendidos ante estas tentaciones después de muchos años de fidelidad.  Este es un recordatorio aleccionador para mí, porque sé que separada de la gracia de Dios, yo también podría ser contada entre ellos. 

El peligro que enfrentan las cristianas maduras y experimentadas es la tentación de abandonar esa dependencia hacia donde antes nos forzaba la inexperiencia e ingenuidad, 

La confianza necia de los reyes 

Esta tentación no es nueva. Una investigación reciente de los reyes de Israel me sorprendió. Muchos de mis reyes fieles favoritos, terminan sus días en desobediencia y orgullo. Una realidad aterradora y aleccionadora. He aquí un panorama breve de algunos de los reyes más fieles y piadosos de Judá: 

David  emerge como un pastorcito, ansioso de defender el nombre de Dios a pesar de las burlas de Goliat. Pero años después, después de muchas victorias, peca contra uno de sus propios hombres valientes, Urías, con adulterio, engaño y asesinato. 

Salomón, famoso por su sabiduría, quien, al terminar el templo, trajo una era de oro de alabanza nacional. Sin embargo en sus días de hombre ya mayor, expuso su inapropiado amor por mujeres extranjeras: «…sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios» (1Reyes 11:4) 

Asa,  buscó al Señor, removiendo de la tierra los ídolos y el culto con prostitutas. Pero después de treinta y seis años como rey, puso su confianza en un poder político extranjero, no en el Señor. 

Josafat , famoso por haber buscado a Dios en su angustia, diciendo: «…no sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti.» (2 Crón 20:12). Pero «Después de esto Josafat, rey de Judá, se alió con Ocozías, rey de Israel. Al hacer esto obró impíamente.» (2 Crón 20:35 LBLA). 

Joás, reparó el templo de Salomón y derribó el templo de Baal. Pero después de muchos años de fidelidad, escuchó a los oficiales de la tierra, «Y abandonaron la casa del SEÑOR, el Dios de sus padres, y sirvieron a las Aseras y a los ídolos» (2 Crón 24:18) 

Amazias, confió en Dios y venció a Edom, pero cometió el error de traerse los dioses de Edom y luego luego, afianzado en el reino, arrogantemente asaltó al Rey Jehú. Fue vencido y capturado. 

Uzias,  buscó a Dios y fortaleció a Judá contra sus enemigos, «Pero cuando llegó a ser fuerte, su corazón se hizo tan orgulloso que obró corruptamente y fue infiel al SEÑOR su Dios.» (Crón 26:16) 

Ezequías,  reabrió el templo en Jerusalén, celebró la primera Pascua en siglos, y buscó a Dios cuando los asirios atacaron, en sus últimos años, «Mas Ezequías no correspondió al bien que había recibido, porque su corazón era orgulloso.» (2 Crónicas 32:25). 

Josias, derribó los ídolos y restauró el templo. El libro de la ley se encontró debido a sus esfuerzos, y él se arrepintió y buscó al Señor en hermosa humildad. Pero cerca del final de sus días, se fortaleció y salió a atacar al rey de Egipto, a pesar de que Dios no le había indicado que lo hiciera. Su confianza en su propia sabiduría le costó la vida.  

Estos, son reyes que buscaron a Dios, que deseaban servirle, que se humillaron y vieron grandes victorias. Sin embargo al estudiar sus vidas, se levanta un tema que nos deja pensando: el orgullo parecía plantear la mayor amenaza en sus últimos días. Mientras más se apartaban estos hombres de sus comienzos de inexperiencia y dependencia humilde, más tentados eran a confiar en sí mismos. 

Seguridad en la dependencia 

El orgullo nos acecha cuando aumenta la confianza en nuestras propias habilidades. Así como los reyes mencionados arriba, nuestras victorias pasadas nos pueden tentar a caminar en nuestras propias fuerzas y sabiduría. Pero suponer que ya no necesitamos al Señor es un error grave, uno con serias consecuencias. 

Por lo que al parecer, la inexperiencia y la desesperación resultan ser, de hecho, amigas de nuestra fe. Aferrándose a nuestras temblorosas manos, nos llevan al único lugar seguro de nuestra alma: dependencia en Dios solamente.  

Dios sabe que estamos ansiosas de apartarnos de la seguridad de la dependencia. En Deuteronomio, Él advirtió a Su pueblo de los peligros de tal separación. Después de años en el desierto, la tan esperada entrada a la tierra prometida estaba a la vuelta de la esquina. ¿Puedes imaginarte la ansiedad de los israelitas por escapar de la diaria dependencia del desierto? Entrar en posesión de más de la porción diaria de comida? ¿Encontrar seguridad y paz en las paredes de una ciudad, en lugar de la columna de fuego? 

Y sin embargo, en la víspera de algo tan gozoso, Él emite esta advertencia: 

«Cuídate de no olvidar al SEÑOR tu Dios dejando de guardar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del SEÑOR tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre.» (Deuter 8:11-14) 

La dependencia es dolorosa. Nos asalta nuestro deseo de autosuficiencia y de estar en control. Nos quita nuestra capacidad de presumir. No es de sorprenderse que estemos ansiosas de alejarnos de nuestra necesidad del Señor. Pero la necesidad es el único lugar seguro para nuestras almas. 

Más esperanza para una necia 

De hecho, cuando ya somos mayores y más experimentadas, estamos tan necesitadas como el primer día en que creímos. Nuestro problema es que pensamos que ya no es así. Y ahí es justamente donde yace el peligro. 

Al mirar hacia atrás, a victorias pasadas y la inexperiencia de jóvenes que nos seguían los pasos, podemos entrar en la tentación de confiar en nosotras mismas apenas cruzamos el umbral de la puerta. Por supuesto que sé cómo aconsejar a esa pareja o dirigir ese grupo pequeño. Esta no es mi primera vez. Pero cuando damos por sentado nuestros próximos pasos antes de hincarnos a orar, es una señal de que nos hemos apartado de la dependencia. Y aunque estas decisiones causadas por nosotras mismas pueden encubrirse en un idioma de falsa piedad, están fundadas en la necedad. «¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él.» 

No seamos necias en nuestros últimos años, sino hagamos de Proverbios 3:5-7 nuestro himno: 

(Pro 3:5-7)  «Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos, teme al SEÑOR y apártate del mal.» 

Después de un estudio de los grandes reyes de Israel tan revelador, mi oración por mí misma y por ti, es que nuestro crecimiento espiritual no resulte en confianza en nosotras mismas, sino en confianza en Dios. Que habitemos en dependencia de Él todos los días de nuestra vida.

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Sobre el autor

Kelly Needham

Kelly Needham

Kelly Needham espera persuadir a tanta gente como sea posible que nada se compara con conocer a Jesús. Está casada con el cantante y compositor, Jimmy Needham, cuyo ministerio de compartir el Evangelio a través de sus canciones lo ha llevado por todo el mundo.  Después de pasar muchos años viajando con su esposo como su agente y violinista, Kelly dejó los viajes para convertirse en mamá de tiempo completo de sus dos pequeñas. Encuentra más de sus blogs en Kellyneedham.com.

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