¿Esposa de pastor? ¡Por supuesto que no!

«Somos criaturas tan extrañas que es probable que

nos dolamos más con los golpes que nunca caen sobre nosotros,

que con aquellos que realmente caen».

Traducido de Needless Fears por Charles H. Spurgeon.

«¡Por supuesto que no!» Esa era mi respuesta cuando alguien me preguntaba si estaba esperando casarme con un pastor, debido a que mi padre fue pastor y mis dos hermanas estaban casadas con siervos de Dios activos en el ministerio. Yo sabía las implicaciones que eso traería y no estaba dispuesta a asumirlas, por lo que mi respuesta a esa pregunta fue siempre un ¡no! rotundo. Ahora reconozco con tristeza que mi pensamiento era egoísta. Agradezco a Dios que cambió mi corazón por completo y solo por Su gracia, desde hace tres años y medio, estoy casada con un hombre de Dios dedicado al ministerio a tiempo completo. 

Sin embargo, al casarnos llegaron varios temores a mi vida. Sería la esposa de un hombre que estaba pastoreando una iglesia desde hacía casi siete años. Por eso, quiero abrir mi corazón y compartirte algunos de los temores que enfrenté al inicio de la vida ministerial como esposa de pastor, y también contarte cómo esos temores han desaparecido a medida que la palabra de Dios ha aconsejado mi vida.

Temor a las expectativas de la iglesia

«Se busca: mujer que trabaje a tiempo completo, sin ninguna paga, en la misma oficina de su marido, largas jornadas y que sea comprensiva todo el tiempo».

Parece un anuncio en los que se busca a una persona para ocupar un puesto de trabajo ¿verdad? Pero esa es la realidad de lo que muchas personas esperan de la esposa de un pastor. Cuando llegué a la iglesia que pastorea mi esposo (la cual ahora se ha convertido en mi familia en la fe), varias personas se me acercaron para decirme: «Qué bueno, ahora que nuestro pastor ya está casado y tiene su ayuda idónea, ya tendremos quien va a dirigir el ministerio de mujeres, organice los eventos de la iglesia y visite a las mujeres que han dejado de venir». Incluso me preguntaban si sabía tocar el piano, pues la esposa del pastor misionero anterior así lo hacía y, por el precedente que se tenía, las personas esperaban lo mismo de mí. La verdad es que me encontraba en una iglesia nueva que apenas estaba conociendo y no sabía específicamente qué debía hacer y qué no. 

Así que si eres esposa de pastor o estás en la transición para convertirte en una, lo más probable es que atravesarás por situaciones similares a las mías. Aunque el temor es real, no tiene un fundamento bíblico, ya que busca satisfacer las demandas de las personas y no las de Dios. Por esta razón, lo primero que debes hacer es determinar si esas expectativas son bíblicas o no.

Te animo a cumplir solamente el llamado de Dios para la mujer, comprendiendo que no respondemos a nadie más sino solo a nuestro Dios. «De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo» (Ro.14:12). Debemos estar conscientes que no todos estarán de acuerdo con nuestros planes; sin embargo, permíteme recordarte que es necesario agradar a Dios antes que a los hombres: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col. 3:23). 

Con todo esto, en mi primer año como esposa de pastor, mi esposo y yo decidimos que no estaría involucrada en actividades de la iglesia; es decir, solamente estaría como un miembro más congregándome mientras conocía mejor a la iglesia y la iglesia me conocía a mí. Esto fue algo bueno, aunque no tardaron en llegar comentarios como: «¿cuándo se va a involucrar más?». Mi respuesta siempre fue: «cuando mi esposo así lo considere necesario». De esta manera, pude vencer el temor sobre las expectativas de otras personas al entender mi rol de sujetarme como esposa a la autoridad impuesta por Dios. «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor». Ef. 5:22.

Temor a las críticas

Por el hecho de haber crecido en una familia pastoral, sabía de antemano que siempre se espera que los hijos sean ejemplo en todo lo que hacen. Y ahora, como esposa de un pastor, esto se complicaba pues sabía que las expectativas serían más altas y, si no se cumplían, existía la posibilidad de ser criticada.

Sin embargo, recordar que soy pecadora y que mi pecado es uno de los factores importantes que infunden mis temores, me permitió comprender que en realidad lo que a Dios le interesa es mi relación personal con Él y que conozca la verdad, así como dice Juan 8:32: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Aunque es cierto que no podremos escapar de los momentos difíciles e incómodos en el ministerio, la verdad de la Palabra de Dios me hace libre para adorar al Creador y no temer al hombre, ni a las críticas.

Temor a no ser aceptada en el grupo de mujeres

Otro de los temores que tenía sobre ser esposa de pastor, y que de cierta manera me intimidaba, era si sería aceptada por las mujeres de esta nueva iglesia. Mi esposo pastoreó varios años como soltero y muchas de las hermanas eran mayores que yo; por eso, venían a mi mente preguntas como: ¿Qué voy a decir?, ¿cómo les voy a ayudar si necesitan consejería?, ¿y si doy un mal consejo?

De ahí que, me anima recordar lo que Pablo menciona como cualidades en el carácter de la mujer: «Las mujeres así mismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo» 1 Ti. 3:11. Como esposa de un hombre que está en el ministerio debemos estar seguras de modelar esta clase de carácter, especialmente cuando menciona sobre ser «fieles en todo». Las Escrituras lo dicen, nuestro llamado es como el de cualquier mujer en la iglesia: ser una mujer piadosa, esposa, madre y fiel miembro del cuerpo de Cristo. 

Ahora bien, en mi segundo año en la iglesia comencé a integrarme al grupo de mujeres cuando comenzamos a estudiar juntas la Biblia. Uno de los materiales que utilizamos para reforzar nuestro estudio bíblico fue el libro Mujer Verdadera 201 Diseño Interior «Diez elementos de feminidad bíblica». Este fue un recurso que el Señor usó de forma muy especial para que las hermanas y yo pudiéramos estudiar y aprender el modelo de Tito 2, pero principalmente me enseñó a mi cómo es que debemos enseñarnos unas a otras. 

No voy a negar que ahora como esposa de pastor he enfrentado muchísimas situaciones difíciles que jamás hubiera imaginado antes de casarme, pero Dios ha sido fiel y como dice su Palabra: «No  os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla» (1 Co. 10:13).

Dios ha sido tan bueno que ahora puedo decirte que los temores que inicialmente tenía se han esfumado, porque Él es quien alienta mi vida con su presencia y su Poder. Él me ha permitido ver mi insuficiencia, mi temor e incredulidad. De esta manera, Dios me recuerda que debo poner mi confianza en Él y que puedo descansar con la certeza de que si Él me está llamando a hacer algo, Su gracia será efectiva en mi vida. 

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