Maestra bíblica: evalúa tus métodos y tu corazón

En una ocasión, después que di una enseñanza sobre Mateo 9.37-38 una mujer llena de vitalidad corrió hacia la plataforma. Supuse que estaba más que lista para servir a Cristo sin importar el costo.  Mi suposición era totalmente equivocada. Se había quedado sin aliento, porque moría por saber dónde había comprado el vestido que llevaba puesto. (¡Creéme, el vestido no tenía nada de especial!) 

¿Eso es todo?  Después de incontables horas de oración, cuidadosa preparación y la entrega que podía compararse con dar a luz un bebé ¿la audiencia estaba más cautivada por mi ropa que por mi exposición de Mateo 9? 

El consejo de maestras de la Biblia más experimentadas y ciertas herramientas útiles me están conformando en una mejor comunicadora. Quisiera hacer lo mismo por ti, compañera maestra. Yo sigo aprendiendo, pero he aquí algunos consejos para evaluar tu próxima enseñanza y prepararte para abrir la Palabra de Dios a las mujeres. 

Mientras te preparas 

Primero, asimila bien la Palabra y aprópiatela antes de atreverte a ofrecerla a alguien más.  Invitemos a la Palabra viviente de Dios para que nos cautive, nos sacuda, nos mueva, nos purifique, y nos transforme. ¿Temblamos en asombro, con lágrimas de  arrepentimiento por nuestro pecado y con lágrimas de gozo por el evangelio que rescató nuestras almas de ir rumbo al infierno (Isa 66:2)? 

Hasta la exégesis más sabia es apagada si no se es vivida con convicción (1Tes 1:5). Cuando el mensaje es real en tu propia vida, hay más oportunidad de que se vuelva real en la vida de otras. Con frecuencia se ha repetido, “Un mensaje preparado en la mente, alcanza mentes; un mensaje preparado en el corazón, alcanza corazones; pero un mensaje preparado en la vida misma, es la que alcanza y cambia vidas.” 

Aprendí de Nancy DeMoss Wolgemuth a abstenerme de enseñar más allá del camino recorrido. Cuando una maestra habla honesta y apasionadamente de su andar cristiano auténtico, hay un poder en la proclamación, que no puede ser fingido. 

La labor de la oración 

A lo largo de toda etapa de preparación, la oración no tiene igual.  Demasiados mensaje se desarrollan añadiendo brillos de oración, en lugar de empaparlos en ella. Puede llegar a tener impacto, pero con poca duración. 

No se puede apresurar a Cristo cuando estamos esperando en Él para que abra el depósito celestial y dé Su mensaje para una audiencia en particular. Si está disponible, pido la lista de personas que estarán atendiendo.  De la manera que Pablo sufría labores de parto por los gálatas, con anticipación, haz labor de parto en oración por cada una por nombre, como si fuera tu propia hija (Gal 4:19). Luego, ora por una cosecha abundante de fruto eterno. 

La falta de oración diluye la enseñanza del evangelio, volviéndola una plática entretenida, falta del poder del Espíritu. Una maestra que abunda en la Palabra en diario arrepentimiento y comunión con Jesús tendrá algo qué decir que valga la pena escuchar por una sola razón…porque el mensaje se origina en Dios través de la oración. 

Preparándose para la presentación 

Dios usará los dones excepcionales de cada una, pero mientras tu enseñanza comienza a tomar forma, permite que estos consejos te sirvan de guía: 

  • ¿La enseñanza es aplicable a la audiencia en específico, incluyendo todas las edades representadas? 

  • ¿Las ilustraciones son apropiadas, añadiendo claridad al texto pero sin distraerles de la idea principal? 

  • ¿Estoy exponiendo fielmente lo que el texto está diciendo y la razón por la que es importante? 

  • ¿Invito a las escuchas a preguntarse personalmente “¿Y ahora qué?” y les doy oportunidad para reflexionar en ello? 

  • ¿En este mensaje, la grandiosa historia de Jesús de Génesis a Apocalipsis es más destacada que mi historia de vida? 

  • ¿El núcleo del mensaje está centrado en Dios y no en el hombre? 

  • ¿La gente reconocerá nuestra desesperada necesidad de Jesús, al mismo tiempo que nos deleitamos en Su provisión de gracia? 

  • ¿Mis palabras exaltan algo más que la supremacía y belleza de Cristo? 

  • ¿Estoy enseñando para complacer a la gente o para complacer solamente a Dios (Ga1:10)? 

Evaluación después de la enseñanza 

Las maestras experimentadas que pueden dar retroalimentación son como enviadas por Dios mismo. Si no tienes a alguien cercana a ti, intenta evaluar una grabación en audio o videograbación de ti misma. Encuentro que esto es muy difícil de hacer, pero vale la pena. Quizá descubras que tienes algunas costumbres peculiares. Una palabra de advertencia: No seas demasiado dura contigo misma, que sientas que todo fue un fracaso. Algunas consideraciones que sí debes hacerte: 

  • ¿Mi manera de hablar fue a un ritmo cómodo, con entonación de voz y expresiones faciales apropiadas? 

  • ¿Exhibí el gozo del evangelio? (¡líbrame de maestras inexpresivas!) 

  • ¿Estaba relajada o demasiado nerviosa? 

  • ¿Practiqué adecuadamente el material? ¿O dependí demasiado en mis notas? 

  • ¿Las personas se involucraron con la Palabra, sintiéndola accesible y deseable? 

  • ¿Mi comunicación fue humilde, pero plenamente confiada en el plan y propósitos de Dios? 

Mi mejor consejo después del “amén” es descansar. Acabas de gastar una enorme cantidad de energía y estarás agotada espiritual, emocional y físicamente. Guarda tu mente de torturarte respecto a lo que debiste o no debiste haber dicho. Satanás sabe cuando tu carne es débil, e intentará aplicar todas sus maquinaciones para hacerte sentir como un fracaso miserable. La Palabra de Dios es como un salvavidas que nos impide hundirnos bajo sus ataques. Renovando nuestra mente en las Escrituras nos fortalece para acertadamente descartar las mentiras del enemigo y reemplazarlas con la verdad. 

La aprobación es lo que finalmente cuenta. Para afirmación acude a Él, no a las personas. Haz algunas notas si el Espíritu trae algunas sugerencias a tu mente mientras la enseñanza aún está fresca, pero de otra manera, da un cierre a tus notas de enseñanza y prepárate para la siguiente tarea. 

Es liberador saber que podemos dejar los resultados en manos de Dios. Confía en el poder infalible de Su Palabra –no tus palabras humanas (Isa 55:11).  N es la responsabilidad de la maestra el cambiar corazones. Nuestra responsabilidad es ser fiel a Cristo y Su evangelio –nada más y nada menos. 

Se necesitan maestras de la Biblia fieles, para proclamar la verdad de Dios a nuestra generación. Aviva Nuestros Corazones quiere equiparte para que te unas hoy a las filas de aquellas que hablan la verdad. Escucha a Nancy y a otras maestras experimentadas a través de nuestros recursos para líderes de enseñanza.

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