Sirviendo durante temporadas de soledad

¿Has resistido una temporada difícil en el ministerio? Recuerdo un año particularmente difícil cuando comencé un viaje de sanidad de una herida profunda. Consideré renunciar porque no tenía fuerzas para liderar. Estoy muy agradecida por las hermanas de oración que me guiaron a través de esa temporada. Dios probó Su fidelidad una y otra vez. Él proveyó abundantemente en mi debilidad. ¿Puedes dar un testimonio de Su fortaleza en tu debilidad? ¡Deja un comentario para que podamos alabarlo contigo!- Yamell de Jaramillo

Escrito por Morgan Creager

Hace unos meses, luché con una profunda soledad por primera vez en mi vida. Mi esposo ha estado trabajando intensamente para completar su doctorado, y ha sido una temporada larga y continua de determinación, enfoque estricto y disciplina. Incluso ha significado decir «no» a amigos, familiares y cosas que disfrutamos hacer.

En medio de una loca temporada de la vida, también me estaba sintiendo desconectada de la comunidad de mi iglesia. En lugar de servir, tenía ganas de esconderme. Pero en lo profundo del centro de la soledad, Dios en Su completo amor y fidelidad estaba obrando. Él me estaba guiando gentilmente hacia esta temporada difícil para una relación más profunda con Él y Su Iglesia.

Es posible que estés en una temporada similar cuando las circunstancias están creando el dolor de la soledad y te preguntas: ¿Cómo sigo sirviendo cuando me siento completamente vacía sin nada que dar y nadie que invierta en mi vida? He luchado con las mismas preguntas. Esto es lo que Dios me está enseñando. . .

Depende de Su fortaleza

Cuando nos sentimos solas y desconectadas, existe una fuerte tentación de tirar la toalla y correr en la dirección opuesta. Entiendo el impulso de aislarse, pero te imploro que te quedes allí. Valdrá la pena. Sé fiel. ¡Dios está obrando! Y traerá el fruto mientras permanecemos y descansamos en Su fortaleza.

Habacuc no podía ver cómo Dios estaba obrando en medio de la rebelión de Israel, pero Él lo estaba haciendo. Su plan era más alto que lo que Habacuc podía entender. Dios respondió a la queja del profeta con: «¡Miren entre las naciones! ¡Observen! ¡Asómbrense, quédense atónitos! Porque haré una obra en sus días que ustedes no la creerían si alguien se la contara» (Hab. 1:5).

El plan de Dios para el pueblo de Israel involucraba el uso de Babilonia, un imperio maligno, para llevarlos al arrepentimiento. Habacuc tenía un largo camino por delante, y le confunde la idea de que Dios pudiera restaurarlos por medio de la destrucción de Israel. A veces Dios está haciendo lo mismo en nuestras vidas al usar lo que se siente como destrucción para llevarnos a una comunión más profunda con Él.

Toma el control de tus emociones

Cuando la lucha de la soledad es real, es fácil sucumbir a la sensación de ser olvidada, no deseada y no valorada. Podemos sentirnos defraudadas por los más cercanos a nosotros. Es en estos momentos que debemos recordar que el corazón es engañoso.

Los autores de los Salmos conocen esto muy bien. Muchos salmos reflejan la confusión interna creada por nuestras emociones a la luz de lo que sabemos es verdad. Debemos aprender a tomar el mando de nuestro corazón y predicar la Verdad a nosotras mismas, tal como lo hizo el salmista. «¿Por qué te desesperas, alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez Por la salvación de Su presencia». (Sal. 42:5, énfasis agregado).

Busca comunidad

En épocas de soledad, la tendencia natural es perseguir el aislamiento y esperar a que otras personas nos busquen. Es fácil trasladar la responsabilidad a otra persona en lugar de obligarnos a salir de nuestra zona de confort. Sin embargo, la Biblia a menudo llama a los creyentes a responder de maneras contrarias a la intuición.

Estamos llamadas a correr esta carrera con otros creyentes, no solas. Como mujeres en el liderazgo, es más cómodo aislarnos por temor a permitir que aquellas a quienes dirigimos vean nuestras luchas. Pero necesitamos vivir en comunidad; necesitamos mujeres que corran a nuestro lado, que nos animen, que podamos ser edificadas mutuamente. Pídele a Dios que te dirija hacia mujeres con las que puedas ser vulnerable. Ora pidiendo sabiduría para saber qué relaciones deben mantenerse en un nivel de líder a seguidor y cuáles pueden convertirse en una amistad profunda y de rendición de cuentas.

Recuerda la imagen de correr fielmente juntas la carrera hacia Cristo en Hebreos 10:24–25:

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

Concéntrate en servir a otras

«Ve una necesidad, satisface una necesidad» es un lema recurrente en la película Robots del 2005. Puede parecer una tontería, pero últimamente he estado pensando en esta frase y en cómo se relaciona con la Iglesia. Una forma sencilla de combatir la soledad es servir. Busca las brechas en tu iglesia, grupo pequeño u organización donde nadie más está sirviendo. Generalmente estas tareas son pequeñas y detrás del escenario. No son «glamorosos» ni llaman la atención, lo cual es ideal porque ser un líder servidor no se trata de esas cosas.

Cuando servimos, Dios cambia nuestro corazón de un enfoque interno a un enfoque externo y nos recuerda Su misión. Él nos muestra cómo podemos ser parte de esa misión y, a menudo, trae a otros creyentes a nuestro lado para que sirvan con nosotras. Durante los períodos de soledad, podemos concentrarnos tanto en nuestras propias necesidades que a menudo olvidamos las necesidades de los demás.

El apóstol Pablo desafía este pensamiento:

No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres (Fil. 2:4–7). 

Recuerda que la soledad es solo una temporada

Como dice el famoso pasaje de Eclesiastés, hay un tiempo y una temporada para todo, incluida la soledad. En los altibajos de la vida, cuando nuestros sentimientos nos engañan o nos sentimos tentadas a dudar de Dios, Él todavía está obrando. . .

  • Nunca se detiene. Él es siempre fiel.
  • Nos recuerda la Verdad para combatir nuestras emociones.
  • Nos lleva a una comunión más profunda con Él.
  • Nos ama cuidando nuestro corazón e interviniendo en nuestra soledad.

Dios realiza una obra asombrosa cuando estamos cansadas y solas, porque Él es un Padre misericordioso. Mantén el rumbo. Mantén tus ojos fijos en Cristo. Encuentra gozo en Cristo incluso cuando sea difícil estar gozosa. Con el tiempo, Dios promete renovar tu espíritu y refrescar tu alma:

Aunque la higuera no eche brotes,

Ni haya fruto en las viñas;

Aunque falte el producto del olivo,

Y los campos no produzcan alimento;

Aunque falten las ovejas del redil,

Y no haya vacas en los establos,

Con todo yo me alegraré en el Señor,

Me regocijaré en el Dios de mi salvación.

El Señor Dios es mi fortaleza;

Él ha hecho mis pies como los de las ciervas,

Y por las alturas me hace caminar (Hab. 3:17–19).

Tus temporadas de soledad nos preocupan. ¿Cómo ha trabajado Dios en tu vida y ministerio durante esos tiempos difíciles?

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