Acoge a otros como Cristo te ha acogido a ti

En la medida en que inicia un nuevo año del ministerio, nuestro grupo pequeño inició con buena comida y una discusión acerca del propósito de nuestro tiempo juntas. Durante los preparativos para recibir a las mujeres (tanto las anteriores como las nuevas) me surgió la idea de “un recibimiento cálido”.

Un sermón reciente que había escuchado daba vueltas en mi mente, pues el pastor nos pidió considerar cómo Cristo nos había recibido. Nuestra habilidad de recibir a otros va de la mano con la manera cómo Cristo nos ha recibido:

Por tanto, recíbanse unos a otros, como también Cristo nos recibió, para la gloria de Dios. Romanos 15:7

¿De qué manera Cristo nos ha recibido y cómo esto nos capacita para “recibir a otros”? Ya sea que dirijas un grupo pequeño, recibas amistades en la casa, te encargues de las mujeres en tu iglesia o quieras conocer a tus vecinos, considera algunas maneras de recibirlos como Jesús te ha recibido a ti:

Jesús te ha acogido en la familia de Dios. Toma la determinación de acoger a otros.

Toda mujer cristiana fue una vez enemiga de Dios, estuvo muerta en sus delitos y pecados. Pero Dios que es rico en misericordia y abundante en gracia nos dio nueva vida en Cristo y nos invitó a tener una relación con Él para siempre. Ahora tenemos entrada a la perfecta relación de unidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habiendo sido adoptadas en la familia de Dios. No solo esto, toda mujer cristiana es parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, Sus manos y pies de misericordia y gracia en el mundo.

¿Qué significa esto respecto a nuestra capacidad de recibir a otros creyentes?

Primero, significa que existe más unidad que diferencias con ellos debido a que somos miembros de la familia de Dios.  Las distinciones del mundo que una vez nos dividían ya no nos aplican debido a que el Evangelio de Cristo es nuestro fundamento común. Podemos relacionarnos con personas a quienes antes nunca les hubiéramos dedicado tiempo pues ahora somos su hermano o hermana en Cristo.

¿Te sientes nerviosa por esa nueva persona que viene a tu grupo pequeño? ¿Tienes dudas sobre hablar con esa persona que se sienta a tu lado en la iglesia? Yo también. Pero no debemos estarlo. Si ellos han confiado en Cristo, son nuestra familia. Podemos tomar la determinación de acogerlos.

¿Cómo puedes ponerlo en práctica?

  • La próxima vez que estés en la iglesia, en lugar de rodearte de tus amistades, toma la determinación de saludar alguna persona nueva. Tu cálida acogida puede hacer la diferencia en cómo ellos ven la iglesia.
  • En nuestro mundo autónomo, cada vez se hace más difícil conocer a nuestros vecinos. Invítales a cenar, a tomar un café o al parque local con sus hijos.

Jesús te ha acogido en Su misericordia y Su gracia. Acoge a otros de manera incondicional.

Cuando nos salvó, Cristo no nos dio lo que nuestros pecados merecían: condenación, ira justa ni el infierno. Por el contrario, nos dio mucho más abundantemente de lo que jamás podríamos merecer, uniéndonos a Él. Nos adoptó en su familia y nos promete estar con nosotras siempre a través de Su Espíritu. Cuánta misericordia, ser librada del justo juicio; cuánta gracia, ¡que se nos otorgue un favor inmerecido! Y Su gracia y misericordia son continuas porque cuando pecamos, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos.

¿Qué significa esto sobre nuestra capacidad de recibir a otros creyentes?

Significa que debajo de la cruz todos somos iguales. Todos merecíamos lo peor y recibimos lo infinitamente mejor a través de la misericordia y gracia de Cristo, así que ninguna tenemos nada de qué jactarnos. Ninguna mujer cristiana tiene razones para actuar con superioridad o poderío, ni siquiera quienes desempeñan roles de liderazgo.

Se nos ordena ser misericordiosas y llenas de gracia hacia los pecadores, al final todas lo somos, haciendo del perdón y la unidad nuestra prioridad. Dejamos lo que estamos haciendo, solo para buscar reconciliación, ofrecer el consuelo del Evangelio a un hermano o hermana arrepentido, para lamentar nuestro pecado y confesarlo abiertamente a otros creyentes, y con gozo adorar a Jesús juntos dándole gracias por todo lo que nos ha ofrecido gratuitamente. Podemos acoger a otros de manera incondicional.

¿Cómo puedes ponerlo en práctica?

  • ¿Algún amigo o colega cristiano te ha herido? En lugar de evitar la confrontación, inicia una conversación. Prepárate a escuchar antes de hablar, extiende misericordia y gracia antes de asumir lo peor.
  • Trata de conocer a esa mujer que se queda fuera de los círculos sociales y de las actividades de la iglesia. Invítala a tomar un café. Dios usa nuestras diferencias para desplegar Su glorioso Evangelio y hacernos crecer en amor y misericordia.

Jesús te ha acogido en Su herencia eterna. Acoge generosamente.

Como cristianas, nos recordamos unas a otras que éste no es nuestro hogar final. Ahora mismo estamos en el cuerpo y ausentes del Señor, mientras caminamos por fe y no por vista. Pero un día estaremos en casa con Jesús y Lo veremos cara a cara.

Cristo nos recibirá en una eternidad de perfección en Su presencia y Él nos da un avance de ese hogar por medio de Su Espíritu Santo. A través de Cristo y selladas por Su Espíritu, recibimos toda bendición espiritual en los lugares celestiales, incluyendo Su fruto: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.

¿Qué significa esto sobre nuestra capacidad de recibir a otros creyentes?

Debido a que en Jesús tenemos todo lo que necesitamos, somos libres para abrir nuestras manos y ser generosas con nuestro tiempo, energía, dones, recursos y finanzas. Ya que este mundo no es nuestro hogar final, con gozo podemos abrir nuestros hogares terrenales de manera intencional como campos misioneros, confiando que Dios lo usará para hacer discípulos y aumentar el número de quienes han de ser salvos. Aún cuando nos sintamos agotadas, débiles y poco equipadas, podemos confiar que el Espíritu llevará fruto en nosotras en la obra que Dios nos llame a hacer. Podemos acoger a otros generosamente.

¿Cómo puedes ponerlo en práctica?

  • El tiempo es un preciado bien, por eso ejercitamos nuestra confianza en la capacidad de Dios de proveernos cuando damos nuestro tiempo, ya sea a través del servicio físico o por medio de un oído que escucha, o de nuestros dones espirituales, y aún por medio de la oración. ¿Con quién puedes pasar tu tiempo hoy?
  • Extiende tu generosidad mientras das financieramente a tu iglesia local. A través de la oración, discierne qué te retará a confiar en Dios y cómo dar libremente con paz y gozo.

Recibe a otros como Cristo te ha recibido

A través de Cristo, Dios ha llamado a todos los creyentes a recibir a otros, ya sea a través de las puertas o los bancos de la iglesia, o durante la semana. Cuando nos recibimos unos a otros como Cristo nos ha recibido, bendecimos la iglesia, mostramos a Cristo al mundo y al hacerlo, traemos gloria a Dios.

Durante esta semana, tú que eres cristiana, recibe a otros como Cristo te recibió.

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