Café instantáneo, fe instantánea

Escrito por Hayley Mullins 

A mi amiga Rebeca le gusta el café fuerte y negro. Las cafeteras que solo hacen una taza no son las que usa. Las opciones que dan una taza de tamaño decente de café que es muy aguado y débil. Según ella, el único botón que casi hace café “real” es la que tiene una taza de té. Café de duendes. Como un pequeño expreso… con menos impacto y cafeína.

Una taza de café hecha en esta máquina tiene todos los elementos físicos correctos:  los granos de café y el agua caliente. Sin embargo, para los fanáticos de café extremo, tristemente es muy decepcionante. Falta algo crucial.

Entonces ¿cómo puedes hacer un buen café?

Bueno, tienes un par de opciones. Puedes beberlo preparado (la opción que la mayoría de las oficinas ama). El tiempo que se toma el agua caliente, el tiempo de cosecha de los aromáticos granos de café hacen un mejor café con más sabor y cuerpo.

¿Qué pasa si quieres un mejor café? Te compras un café prensado. Este método combina el agua caliente, el tiempo y la presión para lograr un mejor suministro de cafeína.

En la cafetera de una sola taza, el agua sube rápido con la esperanza de que mágicamente haga café. Pero mis amadas amigas (léase: las esnobs del café) te dirán, genuinamente un buen café necesita tiempo y presión para prepararse apropiadamente.  

¿Fe instantánea?

Muchas veces trato de vivir mi cristianismo como si fuera una máquina Keurig. Quiero resultados instantáneos.

¿Alguna vez has pensado esto? (Yo sí)

  • Hice mi oración, soy buena.

  • Hago lo que Dios pide de mí. ¿Por qué mi vida está hecha un desastre? .

  • Tuve este momento espiritual maravilloso que parece haber cambiado mi vida, pero no sé por qué esta lucha con el pecado todavía continúa.

  • Mi amiga me pidió perdón. ¿Por qué sigue hiriéndome?

Esto es lo que tuve que continuar aprendiendo. Seguir a Jesús no es algo instantáneo ni fácil. Escucho personas referirse al momento cuando “hicieron una decisión por Cristo” y sus vidas cambiaron radicalmente. Tiraron a la basura, bolsas de cintas de música, dejaron las drogas (y desde ahí las dejaron), dieron todas sus pertenencias a los que no tenían casa y espontáneamente empezaron a predicar como Pedro y miles entregaron sus vidas a Jesús.  

Estoy exagerando y aunque quizás algunas de esas historias se correspondan con la realidad, pero donde me encuentro, ese tipo de cambio total instantáneo es la excepción no la regla. El café instantáneo no es real y la fe instantánea no es (usualmente) fe real.

La fe real es algo cotidiano

Cuando Dios abre los ojos de una persona para que vea a Cristo, se inicia un proceso difícil y doloroso. Dios usa la fidelidad en el tiempo y bajo inmensa presión para hacer a las personas más como Cristo.

El Salmo 1 nos brinda mucha sabiduría para nuestra mentalidad cristiana al estilo Keurig:

¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores,
sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche!
Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua,
que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera. (vv. 1-3)

La persona descrita en este salmo no está corriendo detrás de lo próximo procurando que le ayude instantáneamente a crecer. No hay ninguna técnica nueva ni enseñanza que haga que este hombre prospere cada noche. No. Él descansa en la provisión diaria de la Palabra de Dios.

No son las corrientes masivas de agua que hacen que los arboles crezcan; sino la fuente constante de agua, día tras día, mes tras mes, año tras año. La vida cristiana no consiste solo en los grandes eventos; principalmente se compone de obediencia constante y cotidiana. Como David oró, es la búsqueda de “una sola cosa… contemplar la hermosura del Señor e inquirir en su santo templo”. - Salmo 27:4

Buscar la fidelidad de Dios le da a la persona una estabilidad única y una profundidad que le permite producir fruto. Un árbol no decide los frutos que va a dar, simplemente crecer, solo ocurre eso cuando están bien nutridos. Lo mismo sucede con nuestras vidas. No podemos decidir que vamos a producir fruto. La vida cristiana no produce resultados instantáneos como si se tratara de vaciar una jarra de agua repentinamente. Para que ocurra el crecimiento, es necesario que haya una confianza constante y diaria en los medios de gracia ordinarios.  Luego Dios mismo produce el fruto.

Fidelidad cotidiana de Dios

Dios es fiel a través de la cotidianidad de nuestra vida.  Él no es fiel solamente en las tormentas o en las montañas altas. Lo es también cuando nos detenemos frente a una señal de pare. Cuando nos servimos un vaso de limonada. Cuando doblamos los calcetines. Él se interesa y nos cuida cuando nos sentamos y cuando nos levantamos, según el Salmo 139.

Dios usa lo rutinario para prepararnos. Los grandes momentos llegaron a los hombres y mujeres de fe porque ellos eran fieles con aquello que Dios les había dado.

Para el apóstol Pablo, algunos días se trataba de hacer tiendas mientras que otros, era discutir con las personas en la plaza de la ciudad. En otras ocasiones, fue apedreado, naufragó o vivió en prisión. Pero la fe que lo sostenía como fabricante de tiendas es la misma que lo sostenía como prisionero.

Dios no cambió en ninguna de esas diferentes situaciones. El poder de una fe que persevera en nuestras vidas radica en el hecho de que tampoco cambia en esas situaciones. Es modelada y arraigada en la fidelidad de Dios.

Nuestra fidelidad cotidiana

La fe no solo tiene que ver con el gran acto de construir un arca, pues Noé fue tan fiel cuando comía su desayuno con su esposa o cuando atrapaba animales alrededor del arca.  

No escuchamos de esos “días cotidianos” en la vida de fe de esos grandes hombres y mujeres. Solo escuchamos lo más destacado. No sé tú, pero para mí caer en la trampa de tratar de vivir solo los grandes actos de fe: ¡Oh, Abraham sacrificó a Isaac! Así que tengo que buscar hacer un gran sacrificio para Dios, o David derribó a Goliat por tanto, tengo que salir a encontrar mi propio gigante a quién derribar.  

Lo que no vemos son los años cuando Abraham se sentaba en la tienda y esperaba que Dios finalmente cumpliera Su promesa. Quizás bebía leche de cabra. Tal vez peinaba su barba. ¿Esos días de espera fueron menos espirituales que subir al monte Moriah con Isaac?

¿Y qué de los años que David pasó sentado solo en un campo hablando y cantando con las ovejas de su padre? ¿Era eso ser menos obediente que lanzar la piedra a la cabeza del filisteo?

No. Quizás Dios nos muestra pinceladas de las vidas de otros para que tengamos una visión de hacia dónde conducen los días y semanas de fidelidad cotidiana y ordinaria.

Fe ordinaria, cotidiana. Fue la fe del hermano Lawrence mientras lavaba platos y pelaba papas se deleitaba en la presencia de Dios. Ésa es también la fe que sostiene a mis hermanos y hermanas en prisiones alrededor del mundo. Es la fe que acompaña a mi pastor en la medida que atiende sus dos llamados, vender equipos de soldadura y predicar en el púlpito. Es cada día, es extraordinaria.

¿Cómo luce la fe para ti en lo ordinario y cotidiano de la actualidad?

Una versión de este artículo apareció originalmente en HayleyMullins.com.

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