¿Cómo encontrarme frente a la “Y” me puede acercar más a la cruz?

Cuando estamos frente a una "Y" es decir, frente a una bifurcación, un lugar donde debemos escoger entre dos opciones, decidir sabiamente, por lo general hay una opción en la mente (lo que debe ser) y otra en el corazón (la que quiero), o sea una más racional y otra más emocionante.

¿Te has detenido a pensar sin cuáles miembros del cuerpo podemos vivir? Podríamos perder un brazo, una pierna, un ojo, o cualquier otra parte del cuerpo, pero no podríamos continuar viviendo si nos cortaran la cabeza o nos quitaran el corazón.

Solo Dios tiene la capacidad de conectar ambas cosas (razón y emoción) y entonces solo ahí encontraremos la decisión correcta, representada en una cruz.

La cruz personifica a Dios mismo renunciando a Sus propios intereses por el bien común. Entregando Su vida –en la persona de Jesús- por la humanidad, recibiendo el castigo de mis pecados.

Igual ocurre con nosotras, siempre hay dos opciones, no solo hoy, ¡siempre!

Mi invitación es a que cuando nos encontremos frente a una “Y”, pensemos cuál de las decisiones representa “mis” intereses, cuál representa un bien común, cuál le beneficia a usted y cuál puede beneficiar a otros a través suyo.

Tal vez las dos opciones cumplen los requisitos, simplemente debemos pensar, ¿cuál de las dos me acerca a, o me aleja de la cruz?

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:5-

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Sobre el autor

Diana Cardona de Figueroa

Diana Cardona de Figueroa

Diana recibió su llamado a salvación a los 20 años, y desde entonces tendría claro su deseo servir a la iglesia en el ministerio de música y adoración donde estuvo por más de diez años, hasta que en 2009 vió la necesidad de dedicarse tiempo completo a su hogar. Es realizadora de Cine y TV de profesión, cantante por vocación, esposa y madre por amor, sierva de Jesucristo por la gracia de Dios. Es colombiana, y vive en República Dominicana desde el 2010 junto a su esposo Andrés Figueroa y sus tres hijos: Manuela, Benjamin y Helena.

Desde el 2014 hasta la actualidad, trabaja medio tiempo como productora audiovisual en Aviva Nuestros Corazones.

 

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