Cuando aprendí a desear la aflicción

Se pararon frente a la iglesia y nos contaron su historia. Una historia de confusión y dolor, de incertidumbre y temor, de confianza y amor. Una historia aún no finalizada. Mateo, un esposo y padre joven, había sido diagnosticado con cáncer. No se veía un claro futuro. Él y su esposa Kimberly testificaron entre lágrimas sobre la obra de Dios en ellos a través de esta prueba. Su pecado revelado. Su falta de fe descubierta. Sus temores más profundos expuestos.

Y sentí celos. Por primera vez en mi vida, sentí celos de alguien que estaba sufriendo. Mi corazón clamaba a Dios: «Señor, si esto es lo que se requiere para conocer tu amor y consuelo como ellos lo están experimentando, mándame una prueba así».

Al decir estas palabras, tenía miedo. Sabía que uno no puede orar así a Dios y a la misma vez esperar alguna excepción como: «Solo no toques a mis hijos, por favor».

Mateo y Kimberly estaban experimentando algo que yo quería conocer. 2 Corintios 1:3-7 lo describe muy bien:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. (Énfasis agregado).

¿Notaste cuántas veces aparecen palabras como consolación, abunda, y esperanza? Hay un propósito positivo en cada aflicción. Si no sufres cierta aflicción, no experimentarás la consolación correspondiente. Una aflicción desconocida es una consolación desconocida. Cada aflicción trae más profundo conocimiento del consuelo de Cristo.

¿Qué actitud tienes frente a las pruebas y dificultades? ¿Cómo buscas ser consolada? Este pasaje nos enseña cuatro verdades importantes para considerar.

La consolación siempre proviene de Dios. Dios es la única fuente de consuelo porque es el Padre de misericordias. Como «el Dios de toda consolación» (2 Co. 1:3), Él reclama derechos exclusivos. Esto significa que cualquier consolación, aunque llegue a través de otra persona, tiene su origen en Dios, y si no se conforma a la Palabra de Dios, no es una verdadera consolación. El mundo de la psicología ofrece muchos métodos para la «auto-consolación», pero la única consolación que vale la pena es la de Dios mismo.

La consolación normalmente viene a través de una persona. Según los versículos 4, 6, y 7, Dios desea que tomemos el consuelo que recibimos de Él, y lo compartamos con otros hermanos afligidos. Esto también significa que debo buscar, aceptar, y valorar la consolación que me ofrecen mis hermanos en Cristo.

La consolación siempre abunda más que la aflicción. El versículo 5 es mi parte favorita del pasaje. No lo entiendo, pero ¡me emociona! De alguna forma milagrosa, Dios hace que su consolación abunde más allá de la aflicción. No es que desaparezca el dolor. No es que no se sienta la pérdida. No es que la enfermedad siempre sea sanada. No es que otras personas dejen de lastimar y ofender. Es que la consolación que Cristo ofrece es tan dulce y transformadora, que hace que la aflicción realmente valga la pena.

La consolación siempre unifica. Los que sufren juntos, y son consolados juntos, son unificados. Ver a mi hermano sufrir, entender su sufrimiento por haber pasado por algo parecido, llorar con él, y ofrecerle la misma consolación que Dios me extendió produce unidad. Nos hace «compañeros en las aflicciones, [y] también […] en la consolación» (2 Co 1:7).

¿Empiezas a sentir eso que yo sentí? ¿Sientes que aún te falta esa plena confianza y consuelo que has visto en otros?

¿Qué puedes esperar en diversas aflicciones?

  • En la aflicción del rechazo… el consuelo de la aceptación en Cristo.
  • En la aflicción de perder a un ser querido… el consuelo de Su soberano y amoroso control.
  • En la aflicción de un insulto… el consuelo de Sus palabras de amor y esperanza.
  • En la aflicción de pérdida material… el consuelo de la provisión eterna y los deseos materiales menguantes.
  • En la aflicción de mala salud… el consuelo de la sanidad y el crecimiento espiritual.
  • En la aflicción de luchar con el pecado… el consuelo del perdón y la restauración.
  • En la aflicción de enfrentar la muerte… el consuelo de Su presencia eterna.

¿Estás dispuesta a desear la aflicción que Dios tiene preparada para ti con el fin de conocer el profundo consuelo que conlleva? «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Co. 4:17 LBLA).

Este artículo fue publicado originalmente en Palabra y Gracia.

Si quieres profundizar más en este tema te invitamos a visitar esta programa En medio de la tormenta- Serie: Castillo fuerte es nuestro Dios | Salmo 46

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Susi tiene 20 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David. Deseando vivir el diseño de Dios para su vida, se esfuerza por dedicar la mejor parte de su energía a su hogar y su familia. Tiene el privilegio de ser esposa de pastor en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo León, México. También disfruta dar clases y consejería a las alumnas de la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, México. Le encanta estudiar y compartir la Palabra de Dios porque es “viva y eficaz” para perfeccionar a cada creyente. Publica artículos en www.palabraygracia.com.

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