Cuando el corazón de tu esposo es duro

Escrito por Joy McClain

Yo era una esposa dispuesta a guardar mis votos, a pesar de todo. Yo deseaba algo bueno –un matrimonio piadoso. Sin embargo me equivoqué cuando puse esa demanda en mi esposo, quien iba tras su amante: el alcohol. Él estaba preso en la cárcel de la adicción, mientras yo era cautiva de mi dolor.

Si estás esperando algún cambio en tu esposo, primero que nada, tu dolor es legítimo. Es extremadamente duro. Pero ninguna de tus lágrimas u oraciones serán en vano. Hay un gran valor en tu espera, oración, esperanza y rendición. Dios desea trabajar en tu matrimonio, pero debe empezar contigo.

Aquí hay algunas verdades a considerar mientras esperas:

Pide sabiduría al Señor. Esto es vital para una esposa en circunstancias difíciles. La niebla del dolor dificulta el juicio; busca consejo sabio y en oración toma decisiones que vayan acorde a la Palabra de Dios. Si existe algún abuso físico o de cualquier índole, ¡sal de esa situación inmediatamente y busca ayuda!

Recuerda que Dios está trabajando, aun cuando tú no lo ves. Con tu limitado conocimiento es imposible que puedas ver todo lo que Dios está haciendo para acercar a tu esposo hacia Él. Tal vez no veas ninguna evidencia de convicción por años. Eso no significa que Dios no lo está persiguiendo. Recuerda que Dios tiene una perspectiva eterna. Su agenda no es la tuya.

Si tu esposo no es salvo, no esperes que actúe como tal. Se te hace imposible creer la clase de películas que ve tu esposo o el lenguaje que sale de su boca. A él no le gusta ir a la iglesia y se agita cuando le mencionas algo que tenga que ver con Dios. A las tinieblas no les gusta la luz que expone el pecado. Si él no tiene una relación con Cristo, él no tiene al Espíritu Santo que lo ayude a discernir. Sus ojos no están abiertos y sus oídos no oyen. Ora que sea removido el velo de sus ojos.

Sé una pacificadora. Eso no significa que no te enfrentes al pecado, pero respeta a tu esposo como persona –y con su familia. Tú puedes odiar al pecado sin faltarle el respeto al pecador. Sé cuidadosa de la información que compartes con otros. Guarda tu boca con cuidado cuando estás con otras personas, especialmente con tus hijos.

No permitas que el desaliento te identifique. Frecuentemente, cuando una persona ha lidiado con una dificultad en particular por un largo período de tiempo, puede sentirse cómoda en el dolor. Ya sabes lo que es vivir en ese lugar de dolor, y conoces la reacción que recibes de otros cuando se identifican contigo. Es importante recibir compasión pero no permanezcas en el hoyo del desaliento.

Ten una teología correcta. Pensar que no es justo tener dificultades o pérdidas es una mala teología, y disminuirá tu perspectiva acerca de tu soberano Dios; no te ha fallado... ¡el hombre sí! Dios es el único constante en tu vida. Si hubo algo injusto, fue traspasar las manos y los pies del Dios-hombre inocente, por tus pecados. Arrepiéntete de tu amargura contra Dios, y pídele que te dé una perspectiva correcta de Su amor por ti.

Llora tu pérdida. Aunque tú no quieras permanecer en el lamento, es necesario entender que has sido afectada profundamente por cosas que no puedes controlar. Te va a ayudar a seguir hacia adelante el abrir esas heridas una a una, y luego perdonarlas de manera individual. Eso no significa que vas a perdonar y olvidar, sino que vas a perdonar y elegir seguir hacia adelante.

Extiende misericordia. Recuerda que Dios extendió primero Su misericordia hacia ti, al ofrecer a Su Hijo en la cruz. A ti se te mostró misericordia y gracia cuando aún eras pecadora.

No permitas que la amargura eche raíces. Gustosamente, el enemigo te querrá hacer creer que mereces que se te devuelva amor. Si permites que esos pensamientos te consuman, la amargura te va a destruir. Dios es un Dios justo, y Él va a lidiar con el pecado. Aún en las ocasiones que estás llamada a tomar una posición, Dios es quien al final lidiará con esa persona y su desobediencia.

Debes estar dispuesta a examinar tu propio corazón. Esa es tal vez la lección más importante de todas. Dios desea hacer un trabajo en ti. Él no desea dejarte en donde estás –Él te ama demasiado. Él quiere aumentar tu fe, tu dependencia en Él y tu amor por Él. Disponte a permitir que Dios te transforme.

En mi libro, “Esperando por su corazón: Lecciones de una Esposa Que Decidió Quedarse”, (disponible en Inglés) las adicciones de mi esposo son solo el trasfondo. El foco principal es cómo Dios usó una temporada larga y desgarradora para llevarme al punto en donde lo deseaba a Él sobre todas las cosas.

Dios te ama. Él nunca te rechazará. ¡Él escucha tu clamor! Él busca acercarte a Él y llenarte con Su paz sobrenatural. No importa cuál es tu circunstancia, no importa si tu situación nunca cambia de este lado del cielo, Dios está ahí. Él es la mano firme detrás de tus días.

¿Cuál de las verdades mencionadas significa más para ti en tu circunstancia actual? ¿Añadirías algo más?

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