Cuando sientes que Dios te ha olvidado

Escrito por Stacey Salsbery

Una de mis formas favoritas de estudiar las Escrituras es considerar la mentalidad de quienes están en cada historia bíblica. (Quizás es por eso que amo tanto el Antiguo Testamento). ¿En qué estaba pensando la esposa de Noé cuando cumplieron setenta y cinco años en la construcción del arca y todavía no había agua? ¿Qué pasaba por la mente de Sara cuando, no solo una, sino dos veces, Abraham la hizo unirse al harem de un rey?

¿Con cuáles dudas sobre Dios luchó José después de que el copero se olvidó de él en la cárcel? ¿Se sintió Moisés rechazado por Dios cuando huyó al desierto después de matar al egipcio? ¿En qué estaba pensando Daniel mientras él y sus amigos marchaban como prisioneros a Babilonia? ¿Y su madre? ¿Fue asesinada?

Le da un giro diferente a las cosas pensar en estos personajes de la Biblia como personas reales, a las que probablemente invitaríamos a cenar si hubieran nacido en nuestra era. Porque eso es lo que eran: personas reales, con luchas reales, dudas reales, miedos y problemas reales, esperanzas, sueños y pensamientos reales.

Y así como nosotras luchamos para creer que Dios está obrando en nuestras vidas, no tengo ninguna duda de que ellos también lo hicieron. Nosotras simplemente pasamos la página para ver el resultado de su historia, pero algunos de ellos esperaron años para ver la mano activa de Dios en sus vidas.

Sin embargo, Dios seguía trabajando

En realidad, Hebreos 11:39 dice que todos ellos aún están esperando, viendo solo destellos de la promesa de Dios en sus días. Sin embargo, muchos (especialmente los enumerados en Hebreos 11) son elogiados por su fe. No se desanimaron; ellos creyeron en Dios. Pero la pregunta es, ¿podemos decir lo mismo de nosotras?

Cuando las circunstancias se tornan amargas o demoran demasiado, es fácil pensar que Dios nos ha olvidado o que preferiría no ocuparse de nuestros problemas. Pero pensar que Él no está haciendo nada, pensar que a Dios no le importa, simplemente no es cierto. Dios está tan involucrado en los detalles y en el resultado de nuestras vidas como lo estaba en los tiempos bíblicos.

Las historias que leemos en las Escrituras no están ahí solo para nuestro entretenimiento, sino para recordarnos que Él todavía está obrando. Dios todavía está activo, poderoso y soberano, y providencialmente alinea todos los detalles, incluso cuando no se siente así.

Considera a David:

No es ningún secreto que David luchó con las dudas sobre el cuidado y preocupación de Dios. En el Salmo 13:1 vemos a David clamando a Dios: «¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?» David fue ungido como el próximo rey de Israel, pero fue perseguido en el desierto durante años por Saúl, quien anhelaba verlo muerto. Sí, si yo fuera David, también me lo habría preguntado.

Sin embargo, Dios estaba obrando en la vida de David, solidificando su fe y preparándolo para ser rey. Y lo que es más, ¡Dios estaba haciendo algo! Solo observa los Salmos que tenemos debido al tiempo que David pasó en el desierto. Mientras David se escondía en cuevas, buscando ánimo a través del canto, ¡Dios estaba escribiendo Su Palabra!

Considera a Ruth:

Rut era una moabita que se casó con un hombre judío, solo para ver a su esposo, suegro y cuñado morir en una hambruna. Dejada solo con una suegra desalentada, ¿crees que ella tenía dudas sobre la presencia de Dios en su vida? Yo las tendría.

Sin embargo, Dios estaba haciendo algo, ¿no es así? La estaba llevando a Su pueblo. Le estaba dando una de las mayores bendiciones jamás otorgadas a una mujer: la oportunidad de ser parte de la genealogía de Jesucristo. Casada nuevamente con Booz, quien parece ser un hombre maravilloso, Rut dio a luz a Obed, el abuelo del rey David. De hecho, incluso en tiempos difíciles, Dios estaba obrando, dirigiendo y guiando. Y aunque puede que no se haya sentido así, Rut siempre estuvo en Su mano.

Considera a Ester:

¡Una chica olvidada! Ester era una humilde niña judía viviendo en el imperio persa durante la época del cautiverio de Israel. Sus padres habían muerto (Est. 2:7) y la responsabilidad de cuidarla recayó en su primo Mardoqueo. ¿Crees que Ester alguna vez se sintió un poquito menos que los demás? ¿Crees que alguna vez luchó? Nos gusta saltar directamente a la parte en el que se convierte en reina, pero no olvidemos que no nació así. ¿Cuántas lágrimas lloró por sus padres? ¿Qué tan difícil habrá sido ser criada por un hombre?

Entonces se publicó el edicto del rey de que se buscarían hermosas jóvenes vírgenes para el rey. Ester 2:8 dice que Ester fue «llevada al palacio del rey, bajo la custodia de Hegai, encargado de las mujeres». ¿Tenía elección? ¿Quería ella ir? ¿Estaba asustada?«Señor, ¿por qué no haces nada?»¿Crees que lo haya dicho?.

Sin embargo, Dios estaba haciendo algo bien. Estaba poniendo las piezas juntas para salvar a su pueblo de la aniquilación. Su obra en nuestras vidas a menudo llega a lugares que no podemos ver, por lo que es esencial que confiemos en Él.

Considera a Elisabet:

Justos ante Dios, «y se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor»(Lucas 1:6), y sin embargo sin hijos. ¿Crees que Elisabet alguna vez cuestionó la participación de Dios en su vida? Año tras año, su más profundo anhelo no se cumplía. ¿Por qué no estás haciendo nada, Señor? Sé que yo lo habría dicho.

Sin embargo, Dios estaba haciendo algo. No se había olvidado de Elisabet. Tenía planes para que Elisabet fuera la madre de uno de los hombres más grandes que jamás haya vivido (Lucas 7:28), Juan el Bautista. Pero el momento tenía que ser perfecto, así que Elisabet tuvo que esperar. Aunque estoy segura de que hubo momentos en que Elisabet se sintió olvidada, Dios ciertamente estaba obrando en su vida, escribiendo una historia que todavía contamos hasta el día de hoy. (Nunca sabemos lo que Dios podría estar haciendo).

Considera a María, la madre de Jesús:

De pie al pie de la cruz, viendo a su Hijo soportar un dolor terrible e injusto, ¿crees que se preguntaba por qué Dios no estaba haciendo nada? ¿Dónde estás Dios? ¿Por qué está pasando esto?

Pero Dios estaba haciendo algo. Estaba salvando al mundo; Él la estaba salvando a ella. Las cosas no siempre son lo que parecen, hermana mía. Lo que podríamos etiquetar como aquello más difícil que hemos tenido que soportar, podría ser una vía a la mayor bendición de Dios en nuestras vidas.

El Señor no olvida a Sus hijos

En Isaías 49:15–16, el Señor dice esto:

«¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho,
Sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Aunque ella se olvidara, Yo no te olvidaré.
En las palmas de Mis manos, te he grabado;
Tus muros están constantemente delante de Mí».

Pero esto es lo que me encanta de Isaías 49:16: los muros de los que Dios está hablando son los muros de Jerusalén. Y cuando el Señor habló estas palabras a Judá, esos muros eran un montón de escombros destruidos por los babilonios. Sin embargo, Dios no los había olvidado. Él todavía estaba trabajando, y esas paredes (o enormes pilas de escombros) estaban continuamente delante de Él, aunque estoy segura de que todos los que pasaban debían haber pensado lo contrario. 

¿Dónde está tu Dios ahora, Israel?

En cada una de estas situaciones hubiera sido fácil pensar que Dios no estaba haciendo nada y que a Dios no le importaba. Sin embargo, en cada relato encontramos a un Dios que participa activamente en los detalles. Un Dios que está guiando providencialmente a Su pueblo, incluso cuando no lo parecía.

Entonces, si tu vida se siente como un montón de escombros en este momento, recuerda, los montones de piedras de Israel siempre estuvieron ante el Señor. Dios ve tus escombros; Dios no te ha olvidado; Dios todavía está obrando. Juan 5:17 dice: Pero Jesús les respondió: «Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo».

«Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús». (Fil. 1:6)

Hija amada de Dios, Él no te ha olvidado, eres querida; y siempre y para siempre en la mano soberana del Padre. Aunque Sus caminos no son nuestros caminos, podemos estar seguras de que Dios todavía está obrando.

Una versión de esta publicación apareció originalmente en Deeper Devos. Publicado con permiso.

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