Cuando siento miedo ¿en quién confío?

La pasada semana tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de Coalición por el Evangelio que se celebró en la ciudad de Orlando.  Y para no perder la costumbre,  en mis vuelos en avión recibo de parte del Señor una hermosa enseñanza. ¿La razón? Creo que ha sido parte de Su plan para trabajar en mi temor.

Son tan variadas las anécdotas de mis viajes que si las compilo todas, podría adaptar el título del libro de Henry Blackaby y llamarlo “Mi experiencia con Dios en el aire”. Desde recordarme en un vuelo en medio de mal tiempo, las enseñanzas de John Piper de que aún los cielos nublados, relampagueantes y con fuertes truenos  “cuentan la gloria de Dios” hasta colocarme, como ocurrió en esta ocasión, al lado de una persona que temblaba de miedo. Y no lo callaba.

Debo confesarles que mi primera intención fue tratar de cambiar de asiento…pero Dios tenía otros planes. Esta persona -quien era cristiana- me comentó que yo daba la impresión de estar acostumbrada pues parecía muy tranquila. Estuve tentada a quedarme callada  pero el Señor no me lo permitió, pues, de hacerlo así, la gloria sería mía.

…Terminé compartiéndole que igualmente yo sentía temor y que esa paz que observaba se debía a que aprendí lo que dice el Salmo 56:3 “El día en que temo, yo en ti confío”. De allí pasamos a reflexionar en el carácter de Dios, Su Soberanía, Su control absoluto sobre todo, la necesidad de recordarnos y predicarnos a nosotros mismos Su Palabra, de recordarle a nuestras almas Quién es Él, y rendirnos a que se haga Su perfecta voluntad en nuestras vidas.

¿Qué ocurrió después? Al hablarle las mismas verdades bíblicas con que Dios me había ministrado a mí primero, no solo sus miedos se desvanecieron sino que mi propio temor se esfumó, pues el Señor me ayudó a olvidarme de mí y me ocupó en llenar una necesidad ajena.

¿Cuáles enseñanzas atesoro de esta experiencia con Dios en el aire?

1. Puedo confiar en Dios aunque sienta temor (Sal.56:3);
2. El miedo es una oportunidad de confiar en Dios y depender de Él. Como dice Nancy Leigh DeMoss “todo lo que me haga necesitar más de Dios, es una bendición”;
3. Dar el salto de fe a pesar del miedo, implica una mayor confianza en Dios que si hubiera ausencia de temor;
4. En mi temor, recordarle a mi alma Su Palabra, Sus promesas, Su carácter;
Dios no desperdiciará el temor que coloque en Sus manos; lo usará para que ayude a otros como Él lo hizo conmigo (2ª Co. 1:3-5);
5. La clave para experimentar Su perfecta paz consiste en desenfocarme de mí y de mis temores para perseverar en pensar en El (Is. 26:3);
6. En mi debilidad, Él se hace fuerte (2ª Co. 12:9-10) por tanto, no debo disfrazar mi temor. ¡Que la gloria sea Suya!;
7. A pesar del temor, recordar Hechos 20:35 “Más bienaventurado es dar que recibir”; y,
8. Agradecer y meditar en Su gran, perfecto y eterno amor por mí que lo llevó a morir en la cruz y así echar fuera todo temor (1 Jn. 4:18).

¿Cómo enfrentas tus temores? ¿Los aprovechas como una oportunidad de confiar en Dios?

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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