Cultiva la relación más importante de tu vida

Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma… Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca (Isaías 55:3,6).

Al final de un nuevo año y al principio del siguiente hacemos determinaciones de diversos tipos: dejar algún mal hábito, hacer dieta, comenzar una rutina de ejercicios, adquirir alguna destreza nueva, y un sinnúmero de cosas más. De alguna manera el inicio de nuevas etapas nos ofrecen la esperanza de innumerables oportunidades para cambiar y mejorar.

Hoy quiero retarte a hacer una determinación muy importante. Quiero desafiarte a cultivar la relación más importante de tu vida. Si realmente deseas crecer en tu caminar con Dios y profundizar en la vida cristiana, esta es una relación fundamental y absolutamente necesaria de cultivar. Todo lo que hagas y cualquier fruto que pudieras dar va a depender de la calidad de esta relación.

Dios quiere acercarse a nosotros

¿Qué haces cuando deseas llegar a conocer a alguien realmente?  Te presentan a alguien, te agrada y ahora quieres llegar a conocerla e intimar con esta persona. Tomas su número de teléfono, su correo electrónico y cualquier otra información importante. Quieres poder comunicarte con esta persona, hablar regularmente, citarse para charlar mientras toman un café, van juntas al cine o a comer, o simplemente  para conocerse más y disfrutar pasar tiempos juntas.

¿Qué pensarías si te dijera que el Dios Creador del universo, tu Padre Celestial quiere relacionarse contigo? Su Palabra dice que  Él no se esconde de nosotros; lo podemos encontrar cuando lo buscamos y Él nos invita a conocerlo cada vez más intimamente a través de Su Palabra.

¿Has intentado cultivar tu relación con Dios?  Si hay una relación gratificante, edificante y necesaria para tu vida personal es esta. Dios nos invita a acercarnos a Él y promete que Él se acercará a nosotros en respuesta (Stgo. 4:8).

No hay duda que la vida rápida que hoy llevamos, las múltiples actividades y trabajos no nos facilitan el tener encuentros regulares con Dios. Pero es un esfuerzo que te animo a hacer este año. Es un habito crucial para la vida de un creyente, no porque vamos a “ganar puntos” o para ganar la aprobación o el favor de Dios. Tampoco es un habito que nos convierte automáticamente en personas mas espirituales, pero es fundamental para madurar en la fe y crecer saludablemente.

Muchas personas piensan que para tener comunión con Dios deben apartarse, irse a un lugar tranquilo, o contemplar la naturaleza. Si bien es cierto que podemos ver a Dios en medio de Su creación y que la quietud de un lugar es propicio para tener encuentros con Dios, la comunión con Dios no es algo místico ni se trata solo de encuentros circunstanciales aislados.

Lo conocemos a través de Su Palabra

Pablo le recuerda a Timoteo en una de las epístolas que le escribe que “toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia (2 Tim 3:16), y Dios nos manda a escudriñar las Escrituras.

La comida es esencial para vivir. El pan es considerado como un alimento básico de la dieta. En la Escritura el pan apunta a nuestras necesidades espirituales básicas—es algo sin lo cual no podemos subsistir. Dios proveyó en Cristo el pan de vida que necesitamos para sostener nuestra vida espiritual, y la ingesta diaria de este pan es lo que garantiza que crezcamos en fortaleza y madurez espiritual.

Una ingesta regular de la Palabra va transformando nuestro entendimiento y nos va guiando a través de la vida hacia Su perfecta voluntad. Sin comunión con Dios a través de Su Palabra estaríamos confiando en nuestra propia prudencia y sabiduría, y sabemos que eso puede hacer peligrar nuestra vida. La Palabra que Cristo nos habla son espíritu y son vida (Juan 6:63).

Su Palabra ilumina nuestra oscuridad, nos guía cuando estamos perdidos, nos alienta cuando estamos decaídos, nos alimenta cuando estamos desnutridos, nos sostiene cuando necesitamos ser fortalecidos, nos consuela cuando estamos tristes, nos redarguye cuando andamos en desobediencia, nos instruye en Sus caminos y nos enseña su voluntad. Siendo hijas de Dios, ¿cómo podríamos vivir o dar un paso sin tener esta comunión diaria? Aun Cristo, siendo Dios, necesitaba tener comunión con su padre continuamente.

Comienza hoy

Esta pudiera ser la decisión mas importante de tu vida. Pídele a Dios que aumente tu sed de Él. Decide buscarle cada día con afán. Él se dejará encontrar y te mostrará Quién Él es, Sus atributos, Su misericordia, Su mente, Sus caminos, Su voluntad… no hay relación terrenal que se compare a esta comunión diaria con tu Padre celestial.

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Juan 17:3).

Es mi oración que anheles conocerle mas, que Dios te revele más de Su gloria en la medida que le busques con todo tu corazón. ¡No te vas a arrepentir!

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Sobre el autor

Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Oklahoma City, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de Dios y ayudarlas a vivir de acuerdo a la fe que han abrazado. Laura es consejera bíblica en su iglesia y mentora de muchas mujeres jóvenes. Actualmente dirige el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, una labor que le ha ayudado a alcanzar a las mujeres de su generación con el mensaje del Evangelio y de la feminidad bíblica. También produce, junto a su esposo, el programa radial semanal "Un Hogar Sobre la Roca", que busca contribuir a redimir el diseño de Dios para la familia. Laura tiene una hija, Sarah, casada con Jonathan, y cuatro hermosos nietos, Zoë, Noah, Joy y Levi.