De la arrogancia a la rendición

“Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor” Filipenses 3:8

Según un diccionario consultado, la arrogancia es un defecto que se refiere al excesivo orgullo de una persona en relación consigo misma, que la lleva a creer y exigir más privilegios aquellos a los que realmente tiene derecho.

¿Defecto, orgullo?

Nunca hubiera asociado mi vida con la palabra “arrogancia” y mucho menos el orgullo con “defecto” pues crecí considerándolo como un valor lo que fue reforzado por mi entorno.

Pero un día, en Su misericordia, por Su gracia, en Su amor el Señor se agradó en rescatarme. Y para Su gloria hoy puedo testificar de mi paso “De la arrogancia total a la rendición absoluta” no sin antes reconocer que primero fue necesario rendir incondicionalmente mi vida, voluntad, carácter y todas las cosas a Cristo Jesús, mi Señor.

No resulta fácil vivir con una perspectiva eterna, especialmente cuando estamos acostumbradas a “tener” el control, a hacer que las cosas ocurran, a autoproclamarse (de manera secreta): Gerente General del Universo (como dice mi pastor).

Mi mayor lucha fue rendir mi vida al “Señorío de Cristo”. Quiero compartirles algunas conclusiones respecto al porqué nos resulta tan difícil poner nuestra confianza en Él, a pesar de ser creados para alabanza de la gloria de Su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado (Efesios 1:6)

En mi arrogancia pensaba que solos los no creyentes libraban esa lucha ¡pero no! Somos los creyentes en Cristo comprados a precio de sangre quienes verdaderamente debemos luchar (y de hecho lo hacemos) en contra de nuestros deseos. En mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no (Romanos 7:18b).

Entre las razones de mi resistencia a soltar las riendas de mi vida pude identificar:

  • Incredulidad en Su Cuidado al punto de estar interesado en tener control de todos los aspectos de mi vida (incluso los más insignificantes);
  • Creencia de que no era necesario pedir Su favor en algunas cosas (pues me había dotado con dones y talentos para usarlos cuando fuere necesario)
  • Necesidad interior de “contribuir” a mi santificación (obviando Santiago 1:17 toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto)
  • Ausencia de fe dentro de mi corazón pecaminoso para “creerle a Dios”. Sí, mi gran problema es “falta de fe verdadera” (aquella del tamaño de un grano de mostaza que hace que los montes cambien de lugar. Mateo 17:20)
  • Remanente influencia del mundo en mis decisiones, acciones y relaciones.
  • Por último, la más importante y que resume todas las anteriores, era “mi lejanía de Dios” (Jesús nos advierte separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5b)

Finalmente pude verme “como Dios me ve”.

¿Qué requiere Dios para hacerme una mujer conforme a Su corazón? Veamos 1ª Samuel 15:22:

Y Samuel dijo: ¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros.

En resumen, Su respuesta fue rendición absoluta a Sus planes y propósitos. ¿Ha sido fácil deponer mis armas y rendirme a Dios incondicionalmente? Quisiera decir que sí pero mentiría, aún hoy me cuesta. . . y mucho. Pero Dios cumple Sus promesas y por eso me he apropiado de las siguientes “frases de batalla”:

Estad quietos, y sabed que yo soy Dios. Salmo 46:10

Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Josué 1:5b

En respuesta a mi deseo de agradarle, Él puso en mi camino el libro Rendición: El corazón en paz con Dios de Nancy Leigh DeMoss. Éste marca un antes y un después en mi vida al hacerme parar, reflexionar y cuestionar “todo lo que antes valoré”, especialmente al leer:

Cuando jugamos a ser ‘rey’, cuando insistimos en establecer nuestro propio reino y sostener nuestro derecho a gobernar, nos colocamos inevitablemente en guerra con el Dios soberano del universo”

Allí se describía mi condición durante mucho tiempo, en guerra con el Dios soberano del universo y lo peor era que ¡ni siquiera lo sabía!

Entre las bendiciones que Dios ha traído a mi vida a través de la rendición puedo incluir:

  • Su Paz en medio de cualquier tormenta (Filipenses 4:7)
  • Abandonar la necesidad de ganar todas mis batallas (1 Samuel 25)
  • Escuchar consejos y correcciones (Proverbios 19:20)
  • Compromiso a pelear la buena batalla, acabar la carrera, y guardar la fe (2ª Timoteo 4:7)
  • Amar más a mis hermanos (1 Juan 4: 20-21)
  • Respetar a mi esposo (Efesios 5:33)
  • Reconocer mi valor en Cristo (1 Pedro 1:18-19)
  • Reconocer los ídolos en mi vida (Hechos 17:23)

Señor que nos veamos como Tú nos ves, aleja el orgullo, la autosuficiencia y la idolatría de nuestras vidas; concédenos una perspectiva eterna; quebranta nuestras fortalezas y haznos depender solo de Ti; suelta nuestras amarras y condúcenos con el viento de Tu infinito y perfecto amor. ¡En Cristo Jesús, amén! Déjanos tu comentario y únete a la conversación.

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Sobre el autor

Marcia Calderón de Brea

Marcia Calderón de Brea

Apasionada del Evangelio, dispuesta a vivir para servir a mi Dios en cualquier condición o circunstancia. Esposa desde hace 26 años de Adalberto Brea, madre de cuatro jóvenes adultos (Estela, Adalberto, Jeremy y Tracy). Miembro de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) Servidora en el Ministerio Sin Muros, voluntaria de Aviva Nuestros Corazones y comprometida con su misión y visión.

Abanderada de la rendición, lo que me ha hecho consciente de la inmensa gracia y del favor de Dios recibido. Procuro de manera intencional vivir una vida que lo honre y glorifique en todo.