Dejando “algo” atrás

 Ha llegado la hora de admitirlo. Y además, de hacer algo al respecto. Y es que todas tenemos “algo”… y no lo digo como excusa para “tener algo” sino afirmando el hecho de que tengo algo; en realidad “algoss” (como si  cada “s” adicional representara una de esas “cosas”).  

 A continuación una pequeña historia para ilustrar mi “algo”. Durante la  Semana Santa 2014 fui a Samaná, pueblo playero al norte mi país, República Dominicana. Los primeros días fueron tranquilos, una delicia. El jueves comenzaron las aventuras.

 Junto a un grupo de amigos nos dirigimos caminando hacia Playa Colorado. Debíamos hacer el recorrido rápido para regresar con el sol aún afuera. Caminábamos por  un pequeño sendero no muy frecuentado, en la frontera del mar y las montañas. No estaba libre de riesgos.

 Pude notar una mejoría en mi condición física, pues, aunque no me veía como la "mejor atleta", mi cuerpo poseía la habilidad de moverse adecuadamente con la resistencia y capacidad respiratoria para seguir caminando; me sentía motivada. ¡Y ni siquiera estaba agotada! 

 A pesar de esto, desde el principio comencé a arrepentirme, con dudas sobre dónde caminar, pisar, cuándo hacerlo, dónde agarrarme…o no.

 ¿Qué ocurrió? Meditando, llegué a la conclusión de que fui víctima del auto-sabotaje típico del pecado; mi “algo” entró en acción. “Debiste quedarte en la casa”, “claramente, no puedes hacerlo”, “qué egoísta, estás retrasando al grupo” y muchos otros pensamientos ridículos que invadieron mi mente. Peor aún, y ¡qué vergüenza me da admitirlo!  Comencé a buscar un lugar “seguro” donde esperarlos. Encontré varios,  pero gracias a Dios no lo hice.

 ¿Notas la locura? Prefería quedarme SOLA, en medio de un camino semidesierto, por “algo”…irracional; y al parecer, todos –a excepción de mi- sabían que SÍ PODÍA HACERLO.

 Mi “algo” está muy bien desarrollado, y de inmediato empezó a oscurecer mi mente impidiéndome confiar en las habilidades físicas que el Señor me ha permitido desarrollar, decidiendo así mi mente obviar mi esfuerzo y la gracia de Dios –a pesar de que estuvo involucrada activamente en el proceso de ejercitarme, comer mejor, etc.-. Entonces, me creí incapaz.

 Para mi vergüenza, me sucede lo mismo en varios aspectos de mi vida; simplemente decido obviar que Dios me ha dado Su Espíritu para que “pueda”.

 Luego de desafiar mi “algo” mediante un escalofriante chapuzón en la playa Colorado (conocida por su gran oleaje; y yo, por no saber nadar) en el camino de regreso, decidí mediante oración y súplica, correr hacia Dios por ayuda… Para ser perdonada por mi pecado; "rellenar mi tanque" de confianza, no en mi propia capacidad pero más bien en Su gracia que me ha permitido desarrollar habilidades y destrezas. 

 Decidí creerle cuando me dice en Su palabra que Él me sostiene y que mediante su Espíritu me ha concedido la gracia para hacer lo que necesito.

 2 Pedro 1:3-11 Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia. Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis; pues de esta manera os será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 Parecía una persona totalmente diferente, caminando decidida y confiada, no en mí ni en las manos de mis amigos, sino en Su gracia y misericordia. Mi oración es que Dios me permita hacer esto en cada aspecto de mi vida.

 Es tiempo de nombrar mi  “algo” y abandonarlo; de dejar el miedo atrás; de “parecer una persona totalmente diferente”; que mi caminar por la vida sea decidido y confiado; ¡porque el SEÑOR mi Dios estará conmigo dondequiera que vaya!. 

 Salmos 28:7 El Señor es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico.

Isaías 12:2 He aquí, Dios es mi salvador, confiaré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es el Señor Dios, Él ha sido mi salvación.

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Sobre el autor

Carolina García Domínguez

Carolina García Domínguez

Cristiana, mujer, joven, profesora, Ezer (ayuda), crafter, amante de los libros, de pinterest, de las fotos lindas con mensajes buenos y amante de compartir con amigos. Vivo en busca de ser mejor en lo que hago cada día, sea lo que sea, para la gloria de mi Dios.