Deseo sexual en las solteras

Por Colleen Chao

Deseo sexual insatisfecho

Imagina mantener un león enjaulado por años en una pequeña caja de gatos. Día tras día. Noche tras noche. Él león ruge. Come, (mucho). Su energía no termina. Y lo mantienes encerrado.

A mediados de mis treinta, como una chica soltera que, por la gracia de Dios, estaba comprometida a guardar el sexo para el matrimonio, me sentí muy parecida a ese león enjaulado. A veces mis impulsos físicos eran tan fuertes, que me desesperaba. La larga e intensa lucha por la pureza parecía imposible en una cultura sexualmente saturada. Y mientras había diálogos constantes sobre las luchas y las tentaciones sexuales de los hombres, existía un extraño silencio cuando se trataba de las chicas. ¿Es que yo era parte hombre, o era esto normal en las mujeres?

Sin embargo, mientras más me abría y compartía mis luchas con otras chicas solteras, más podía darme cuenta de que en realidad lo que me ocurría era normal y tenía mucha compañía.  Entonces, ¿por qué nadie hablaba de ello?

O quizás la gran pregunta debería ser: ¿Por qué queremos seguir luchando por la pureza sexual cuando nuestros deseos parecen tan naturales y buenos—y a menudo son demasiado poderosos para ser controlados?

Cristo es un mejor tesoro

Si puedo dar fe de algo, es que encontré a Cristo como un tesoro mucho más grande que mis deseos sexuales.

Nunca olvidaré una conversación con un compañero de trabajo agnóstico quien estaba molestándome, una vez más, acerca de que no me acostaba con nadie. (Aclaro: nunca ofrecí esa información en mi lugar de trabajo, pero supongo que todo el mundo se había dado cuenta por mi estilo de vida). Terminé diciéndole: «Eric, Jesús es mejor que el sexo». Y por la forma en que me miraba, me di cuenta de que desesperadamente quería saber que era verdad.

Creo que todas queremos saber que esa es la verdad. Si el sexo es el bien supremo de la vida, o sea, el mayor placer que podemos experimentar, estamos en problemas. Sí, ¡el sexo es increíble! De hecho de este lado del matrimonio, puedo dar testimonio de que Dios creó algo realmente bueno y placentero. Pero no se compara a los placeres infinitos que tenemos en Dios.

Dios creó el sexo, luego nos dijo que lo disfrutáramos solo dentro del contexto del matrimonio entre un hombre y una mujer: así que, si Él nos tiene esperando un tiempo terriblemente largo para ello, Él está (misericordiosamente) enseñándonos a satisfacer nuestros más profundos deseos en Él. Eso es fácil de decir; pero increíblemente difícil de vivir.

De hecho, es imposible de vivir. A veces mi lucha contra la tentación me llevó al fin de mi misma, recordándome que, «Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti» (Sal. 16:2). No podía jactarme de mis propias fuerzas; estaba muy consciente de que Dios mismo me estaba sosteniendo, y separada de Él perdería rápidamente la batalla.

Escuchando Sus promesas

Durante esos largos años de soltería, la cosa se puso difícil con esta pregunta:

¿Escucharía a mis pasiones, o escucharía Sus promesas?

Recuerdo golpear mi almohada, llorando de angustia, incluso gritar cuando mi carne parecía demasiado fuerte para luchar un día más. Pero fue en esos momentos de desesperación cuando descubrí que Dios es exactamente quien dice ser. Fue en las trincheras de la lucha carnal que aprendí a fomar a mi Comandante en Su palabra.

Y Su Palabra dice que Él: «Me mostrará la senda de la vida; en Su presencia hay plenitud de gozo; delicias a Su diestra para siempre» (Sal. 16:11).

Entonces, ¿Cómo puede una mujer soltera caminar en una vida de plenitud y gozo y, en medio de la frustración sexual? He aquí algunas cosas que me ayudaron:

1. Memoriza y medita en las Escrituras

No puedo enfatizar esto demasiado. La Palabra de Dios me ha fortalecido, sostenido, convencido, animado y cambiado.  A menos que estés constantemente en la Verdad, caerás fácilmente en las mentiras.

2. Rinde cuentas a otros.

¡Manténte hablando! Sé abierta y honesta con las mujeres piadosas, confiables y prudentes en tu vida. Cuando el pecado es traído a la luz, pierde su poder y deja de condenarte.

3. Ejercítate y come bien.

Corre, haz Pilates o toma clases de baile. Alimenta tu cuerpo con buenas cosas. Sentarse a ver películas románticas y comerte un  pastel de chocolate no va ayudar a la causa.

4. Sirve a otros.

Canaliza tus energías frustradas cuidando de las personas que te rodean. Envía un mensaje alentador a alguien que está herido hoy. Organiza una cena en tu casa. Llévale café a una mamá que está en casa con cuatro niños.

5. No te compares.

No sigas mirando a los amigos casados que tienes. Sus desafíos y sufrimientos son diferentes. Dios sabe cómo hace que todos lo necesitemos desesperadamente de maneras muy diferentes.

6. Si tienes creatividad, asegúrate de tener una salida creativa.

Al final de un combate particularmente duro con la depresión, me di cuenta de que había dejado el canto y el teatro y la escritura, y todas las expresiones coloridas y creativas que me motivan. Tan pronto como comencé a crear de nuevo, ¡reviví!

7. No tomes prestados los problemas del mañana.

Dios nos ha dado un montón de gracia para HOY «¡Yo voy a estar sola por el resto de mi vida!» No te enchives allí...

8. Haz un inventario de tu dieta cultural.

Evalúa y reevalúa tus hábitos de ver películas, escuchar música y tu vestimenta. ¿Estás alimentando o dejando morir de hambre los deseos de tu carne?

9. Establece límites rígidos y firmes con los hombres—por tu bien y el de ellos.

Pasar tiempo a solas con un hombre nunca me ayudó; por lo general despertó deseos innecesarios.

10. Mantén un corazón agradecido.

No puedo decirte cuán poderosa es esta herramienta. Agradece  a Dios por todo lo que puedas pensar, grande o pequeño—esto es  como una cirugía instantánea de corazón.

Querida mía, hay mucho en juego en nuestra lucha por la pureza. Y si has fallado, únete al club. Todas y cada una de nosotras de una manera u otra nos hemos quedado cortas a la pureza de Dios, y todas estamos desesperadamente necesitadas de Su gracia. Sigue regresando al Amante de tu alma y sigue luchando y confiando por el poder de Su Espíritu que está obrando en ti. Dios es bueno, y lo que Él hace es bueno (Sal. 119:68). Cuando reflexiono sobre mis treinta cuatro años antes de casarme, estoy impresionada de la bondad de Dios para conmigo, incluso cuando—no, especialmente cuando—me llevó al fin de mi misma.

¿Cuál es la promesa o el hábito que puedes aplicar en tu propia lucha por la pureza?

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