¿Dónde lo perdí?

“…amar a sus hijos…cuidadosas de su casa…para que la Palabra de Dios no sea blasfemada” Tito 2:4-5

El título de este devocional lo utilicé hace un par de años para compartir un correo electrónico donde aludía a esa pregunta repetitiva en mi mente, producto de situaciones que enfrentaba y que me hicieron entender que no había estado “vigilante” de las cosas de mi casa, contrario a lo que se nos había exhortado en esos días en un estudio para mujeres.

Esa enseñanza me hizo reflexionar en la intempestiva partida de la persona que me ayudaba en mi casa, pues, tuve que reconocer que le había entregado la administración de mi hogar; es decir, había delegado en otra persona el llamado de Dios para mi vida.

Aquella situación la bauticé como el “entrenamiento” de Dios para sacarme de la comodidad que excusaba con cansancio o falta de tiempo... y que me llevó a ensordecer frente a exhortaciones de una hermana en Cristo.

Durante años, al ser expuesta a enseñanzas de que la mujer debía ser cuidadosa de su casa, me parecía más bien que ese tema tenía que ver con "economía doméstica" o algo similar, pues, pensaba: ¿qué tiene eso de espiritual? Hasta que aprendí que tenía TODO QUE VER, ya que se trata de la Voluntad de Dios para nuestras vidas como mujeres cristianas y así lo enseña Su Palabra  tanto en Tito 2:4-5) y en Proverbios 31:27 Ella vigila la marcha de su casa”.

Varios pasajes, pero particularmente el de Tito 2 martillaban en mi mente día y noche durante esas semanas. Dios me permitió entender que no se trata de "simple economía doméstica" como me engañaban mi mente y corazón "conformados a los patrones de este mundo" (Romanos 12:2), sino de abrazar Su voluntad, Su diseño.

Aunque hubo días del “entrenamiento”  en que refunfuñaba, el Señor me dio la gracia de volver a disfrutar "lo que perdí” y además me hizo comprender que estaba distorsionando el modelo de femineidad bíblica frente a mi hijo lo que podía influenciar negativamente al momento de elegir su esposa.  

El Señor me ha dado la gracia de resistir la tentación de volver a mi anterior “comodidad” sobre todo en días especialmente ajetreados.  

Y a ti, ¿Cuál engaño te ha impedido abrazar Su Llamado?

Muchas veces las mujeres que no estamos casadas—por divorcio, viudez u otra circunstancia— creemos que Tito 2:3-5 no se aplica a nuestras vidas pero la verdad es que el pasaje no se limita a las mujeres cristianas que tienen un esposo, sino que incluye (i) amar a los hijos (lo cual abarca guardar su corazón con nuestro caminar) y (ii) cuidar mi casa…para que Su Palabra no sea blasfemada.

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com 

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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