El día después…

Hay un tiempo señalado para todo,
y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo
Eclesiastés 3:1

La trama de la famosa película de 1983 que lleva el título de esta reflexión se concentra en los efectos de un ataque nuclear en la vida de varios ciudadanos. En particular, cómo cambiaron sus vidas el día siguiente.

Así mismo, el sorpresivo “Gran anuncio de Nancy” fue como una gran explosión que nos sacudió y mantuvo agitadas, compartiendo las noticias en las redes sociales y queriendo indagar más a fondo cada uno de los detalles. Nos regocijamos como si fuéramos su hermana más cercana.

Muchas preguntas se compartían por las redes ¿no tenía un llamado a la soltería? ¿Cuál fue el tipo de oración que Dios le respondió? ¿Cómo era su actitud frente a su soltería prolongada?...en fin, ¿cuál fue la fórmula de Nancy?

Hoy, el día después, en nuestra humanidad caída esperamos escuchar a Nancy compartiendo los pasos, tipos de oración, el método o la fórmula por la cual Dios ha traído a esa persona en esta etapa de su vida. Pero no existe tal fórmula.

En la película trataban sobre el impacto de la bomba nuclear, en ese caso, negativo, devastador y destructivo; sin embargo, la onda de expansión de la noticia explosiva que recibimos en el día de ayer, tiene una repercusión eterna de la cual podemos adquirir múltiples y beneficiosas enseñanzas.

¿Cómo debe cambiar nuestra vida frente a la soltería ya sea por nunca habernos casado o producto de un divorcio o por viudez a raíz de esta sorpresiva y explosiva noticia?

1. Reconocer Su Soberanía. No pretender buscar fórmulas, pasos ni métodos a seguir que nos aseguren que Dios haga con nosotras igual que hizo con Nancy

2. Gozarnos con quienes se gozan. Ya sea en ocasión del compromiso de Nancy o de cualquier otra, evitemos caer en la tentación de la envidia o la autocompasión porque en este tiempo al Señor le ha placido dar esa buena dádiva a otra persona.

3. Revisar nuestras motivaciones. Nuestro engañoso corazón podría dirigirnos a querer servirle al Señor o tratar de ser una mujer verdadera por las razones equivocadas, creyendo que si hago lo que Nancy hizo, obtendré lo que Nancy obtuvo. No nos confundamos, si bien es bíblico que sirvamos al Señor aprovechando este tiempo, debemos hacerlo por las razones correctas. No busquemos el Reino por las añadiduras, busquemos el Reino.

4. No escondernos detrás de una careta. Anhelar esposo no es sinónimo de inmadurez cristiana. Si bien Nancy hablaba de abrazar el regalo de la soltería, tampoco negó la posibilidad de que Dios tuviera otros planes. Lo que sí hace la inmadurez cristiana es llevarnos ya sea a: a) hacer de ese anhelo el centro de nuestra vida –un ídolo-, desperdiciando esa etapa como aquella famosa canción de la mujer sentada en la estación del tren; o b) volvernos farisaicas negando lo que Dios sabe que está en nuestro corazón (Jeremías 17:10).

Esta noticia trajo a mi mente varios recuerdos, entre ellos, una ocasión en que nuestro pastor dio una charla titulada “Cómo casarse” y alguien le preguntó en varias ocasiones ¿cómo sé cuál es la voluntad de Dios para mi vida? Y su respuesta siempre fue la misma “si hoy estás soltera, hoy esa es la voluntad de Dios para tu vida”.

Otro de esos recuerdos fue una paráfrasis de Habacuc 3:17-18 que hice en una reseña de un estudio bíblico para solteras adultas, que quiera Dios poner en nuestros corazones como un himno a nuestra soltería en El:

Aunque mi cama esté vacía,

Aún en las noches frías

Aunque falten las flores, las citas y los bombones,

Aunque todas mis amigas tengan pareja

Y para el mundo me esté poniendo vieja

Con todo me gozaré en el Señor, el Dios de mi Salvación

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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