El Dios que consuela

El pasado 2020 nos dejó lamento, pérdidas y tristezas. Este 2021 parece seguir el mismo patrón. Es posible que lo estés experimentado en carne propia, o bien, hayas visto a personas cercanas a ti en medio de circunstancias difíciles. En mi caso, personas allegadas han sufrido de diferentes maneras, sin contar las luchas espirituales y el sufrimiento en el proceso de santificación en nuestra vida cristiana.

Es posible que te sientas abrumada con todo lo que está pasando, o tal vez pienses que lidiar con tus propias luchas o circunstancias es más que suficiente, y no te has dado cuenta de lo que está pasando a tu alrededor. 

Siendo honesta, hasta hace un tiempo estaba tan centrada en mis «sufrimientos» y «aflicciones» durante mi proceso de santificación, que olvidé por un momento a las personas a mi alrededor que también estaban sufriendo. 

¿Consolar o ser consolada?

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo». -2 Corintios 1:3-5

Antes que el Señor por Su gracia ampliara mi panorama, debo confesar que hubo días que me victimizaba, pensando: «¿por qué nadie me habla? ¿No saben que estoy dolida? ¡Estoy sufriendo! ¡Me duele mi aflicción! ¿Por qué nadie se preocupa por mí?».

¡Qué egoísta era! ¡Yo prefería ser consolada por otros! Nuestra carne suele llevarnos a ese punto porque esa es nuestra naturaleza. Pero, Dios es tan bueno y misericordioso que no nos deja allí; Él nos hace ver nuestro pecado. Al leer el pasaje de 2 Corintios, me di cuenta de que no se trataba de mí, se trataba de Cristo. Se trataba de servir a otros para poder mostrar a Cristo. En ese inter de lucha con mi propio yo, recordé una canción que dice más o menos así: 

«Poco a poco me quitaste lo que yo tanto amaba, te llevaste al hermano y el amigo ya no estaba. Y después de tanto llanto en mi soledad no deseada, por fin pude comprender, necesitaba estar vacía. Mi Dios y yo solo Él y yo, donde Su amor rebasa mis temores. Mi Dios y yo, solo Él y yo, donde Su gracia cubre mi maldad». 

La letra me llevó a pensar que normalmente nuestra primera reacción es ir a otros cuando nos encontramos con alguna dificultad, en lugar de ir a Cristo. Debido a esto, es posible que el Señor tenga que dejarnos «vacías» por un tiempo para recordarnos quién es Él. 

«Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma». -Salmo 94:19

Compañeras de consolación

«Pero si somos atribulados, es para el consuelo y salvación de ustedes; o si somos consolados, es para consuelo de ustedes, que obra al soportar las mismas aflicciones que nosotros también sufrimos». -2 Corintios 1:6

Nuestras aflicciones siempre tienen un propósito. Pablo y Timoteo lo entendían muy bien. Ellos estaban conscientes que sus tribulaciones los llevarían más allá del dolor o sufrimiento. Sus padecimientos los llevarían a ser consolados por Dios; y al ser consolados por Dios, podrían comprender los sufrimientos y padecimientos de otros. Además, Pablo involucraba a otros en su aflicción, no solo al ser partícipes a los hermanos, sino también al abrir su corazón y mostrar el hombre falible que era. 

El temor al hombre puede hacer que nos perdamos la bendición de ver a Dios obrar en nuestras vidas y en las de otros, pero involucrarnos en los padecimientos y sufrimientos de los demás nos hace compañeros en las aflicciones. Así, podemos participar y ser bendecidos con la consolación que Dios da a través del sufrimiento del otro. 

Al compartir sus luchas, Pablo puede reconocer la ayuda de la iglesia al involucrarse, y orar por ellos y la situación en la que se encontraban, sabiendo que el nombre de Dios sería glorificado (2 Cor. 1:11).

Confía en el Consolador

«Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos. Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre;es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes». - Juan 14:15-18

Uno de los nombres de Jesús es Consolador (Is. 51:12). Él nos dejó ejemplo durante Su ministerio aquí en la tierra (1 Pedro 2:21). Cristo consoló a María la hermana de Lázaro (Juan 11:31-35); y a María Magdalena (Marcos 16:9-11) (Juan 20:11-18), a quien no solo consoló, sino que le pidió que fuera y consolara a los discípulos al decirles que lo había visto. 

Cristo nos dejó ejemplo y a Su Espíritu, a través de quien promete consolarnos. Eso es lo más bello que podemos experimentar, Su propio consuelo. 

Que nuestro deseo sea ese, que podamos estar dispuestas a ser consoladas por Él; que por medio del consuelo que Cristo nos da a través de Su Espíritu y Su palabra, podamos también bendecir y consolar a otros. Que podamos despojarnos de nuestro egoísmo, de nuestro pecado, y así podamos ver los padecimientos de otros, y al consolarlos darle la gloria a Aquel que con amor siempre nos consuela.

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Sobre el autor

Natalia Tello

Natalia Tello

Natalia Tello de Martínez es originaria de la ciudad de Monterrey, México. Actualmente vive en la ciudad de Torreón con su esposo Agustín con quien está casada desde el 2012. Sirve en su iglesia local en el ministerio de alabanza y cómo maestra de niños al lado de su esposo. 

Su deseo es ser conformada a la imagen de Cristo día con día, y reflejar su amor por Él negándose a sí misma para que Él sea glorificado y para servir en amor a los que le rodean.

Actualmente tiene el privilegio de colaborar en el Ministerio de Aviva Nuestros Corazones como traductora.

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