6 preguntas para diagnosticar el chisme sutil

 

Estaba apurada cuando mi amiga me envió un mensaje de texto con sus quejas contra otra. Yo esperaba unas visitas que llegarían en menos de una hora y todo parecía estar sucediendo al mismo tiempo. Entre agregar la mezcla líquida a mis panqués de elote y enviar un mensaje de texto a mi esposo pidiéndole que pasara a la tienda por algo que necesitaba, en respuesta a su mensaje, respondí a mi amiga una dura verdad.

Luego, con las manos sucias, reenvié esa respuesta a tres personas que estaban conscientes de la situación y que estaban orando por mi amiga.  Escribí “acabo de enviar esto a nuestra amiga. Por favor oren. Su corazón es tan duro.”

Entonces me di cuenta que accidentalmente había incluido a mi amiga en el grupo de amigas a quienes acababa de enviar el mensaje. ¡Uf!, ¡uf! y ¡doble uf!

Sí, mi preocupación por ella había ido creciendo, pero después de este incidente, me di cuenta que hubiera sido mejor compartir mi preocupación solo con ella y con Dios.  En lugar de eso, la lastimé profundamente. ¿Qué hice mal?

Me estaba moviendo demasiado aprisa. Proverbios 19:2 lo dice muy claro “el que se apresura con los pies peca.”

Asumí el papel de salvadora, el cual solo le pertenece a Dios. Cuánto mejor hubiera sido orar por mi amiga: “no sé qué hacer; pero mis ojos están vueltos a ti.” - 2ª Cr. 20:12  

Reenvié un texto que olía a chisme. Pablo advierte de aquellas que “aprenden a…ser entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. - (1a Ti. 5:13)  

Compartí una petición de oración respecto a alguien sin pedir su permiso para hacerlo. Como dice Proverbios 25:9 “Discute tu caso con tu prójimo y no descubras el secreto de otro.”

Tres límites para el apoyo de oración

Mientras le pedía a Dios que cambiara mi corazón y me volviera una amiga más confiable, fijé algunos límites.

1. Determiné no compartir una petición de oración sensible respecto a persona alguna, sin su permiso.

Proverbios 11:13 dice “El que anda en chismes revela secretos, pero el de espíritu leal, oculta las cosas.”

De acuerdo a la Biblia, alguien que revela los secretos de otro es una calumniadora. La versión en español (TLA) llama a tales personas “gente chismosa”. Probablemente no consideremos las peticiones de oración como “chismear” pero si dejamos caer un “Por favor oren por tal-y-tal” ¿en qué se diferencia de un chisme?

No usemos la petición de oración como una forma de chismear a espaldas de las personas.

2. Determiné no re-enviar los mensajes de otras personas (o mis respuestas) sin su permiso.

En nuestros tiempos modernos, quizá consideremos esto como una aplicación específica de la determinación anterior. En nuestro conectado mundo, con un teclear de nuestros dedos podemos estar transmitiendo las luchas y pecados de otros a quienes no tienen por qué enterarse.

En ocasiones aparenta necesario, incluso cariñoso –después de todo creemos en el poder de la oración, ¿cierto? ¿Cómo podría estar mal que otras personas estén orando? Pero con frecuencia ése no es el caso. Con demasiada frecuencia pedimos oraciones como un sutil disfraz para difundir nuestro chisme y frustración.

3. Determiné posponer conversaciones difíciles con otras personas hasta hablar con ellas en persona o en el teléfono.

Esto requiere disminuir el paso. Esto requiere que no pierda los estribos en el momento, pensando que la solución a un problema depende de mí y de mí, solamente. Requiere valor para abordar el problema sin la pared protectora del texto electrónico entre las dos. Y requiere clamar en profunda dependencia al Único Salvador, en lugar de tratar de hacer el trabajo por él, como si Él estuviera de vacaciones.

Más profundo, hasta el corazón

Estos propósitos son principios amplios que pueden protegernos de lastimar a otros a quienes deseamos ayudar. Pero más profundo que eso, lo que queremos confrontar es nuestro propio corazón. Puede ser de ayuda el hacernos las siguientes preguntas, antes de compartir los asuntos de alguien más.

  1. ¿Mi amiga me ha dado permiso para compartir esta “petición de oración” con otras personas? ¿Estoy considerando a mi amiga antes que a mí misma? (Flp. 2:3)

  2. ¿Cuánto tiempo pasó desde el momento en que supe de esta necesidad y momento en que la compartí con las demás? ¿Estoy actuando impulsivamente?

  3. Si solo ha transcurrido un poco de tiempo, ¿Lo estoy compartiendo por pánico? ¿Estoy confiando en que el Señor actúe (Salmo 37:5), o confiando en mí misma para ser la salvadora?

  4. ¿Qué tan seriamente he estado orando por este asunto antes de buscar a otras personas? ¿Me he arrodillado en oración? ¿He orado en realidad?

  5. ¿Creo que la oración eficaz de una sola persona puede lograr mucho? (Stgo. 5:16) ¿o pienso que mis oraciones no son suficientes para mover el corazón de Dios?

  6. ¿En algún momento dado podría sentirme incómoda de haber enviado este texto o correo electrónico?

La confianza es el mayor cumplido

Es fácil pensar que nuestras intenciones son buenas.  Yo también lo pensé así en un principio. Pero quizá debamos desconfiar de nuestras intenciones un poco más. Incluso si nuestras intenciones iniciales fueran buenas, siempre debemos estar vigilantes de que puedan surgir motivaciones mezcladas. El amor con frecuencia puede adherirse a un deseo pecaminoso de saber los asuntos de los demás, ser “la que sabe,” o sentirnos engreídas porque en nuestra vida no hay tanto desorden.

En mi caso, sin tomar en cuenta los motivos originales, quebranté la confianza, y en ese punto, la respuesta más adecuada era el arrepentimiento.

Eso fue lo que hice. Esa tarde, llamé a mi amiga y le dejé un mensaje de voz pidiendo perdón. Le di espacio para llamarme cuando estuviera lista para platicar. Eventualmente, con gentileza, me perdonó, pero debido al daño ocasionado a su confianza cuando compartí lo que no me correspondía, tomará un tiempo para que ella pueda verme como la amiga completamente fiel que deseo ser, con la ayuda de Dios.

¿Qué hay de ti? ¿Procurarás amar más la fidelidad que el placer del chisme? Aquí lo que está en juego es más importante que simplemente tener y conservar amistades. Con nuestra fidelidad (o falta de ella) estamos diciendo algo acerca de Dios. Pablo animó a las mujeres a crecer en madurez siendo “dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.” (1ª Ti. 3:11) porque así es como Jesús es. Servimos y representamos al amigo más fiel y confiable de todos. Al seguirlo, queremos parecernos cada vez más a Él.  

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Sobre el autor

Paula Hendricks Marsteller

Paula Hendricks Marsteller

Paula se graduó del Instituto Bíblico Moody en 2005 con una licenciatura en Comunicación Impresa. Dos semanas más tarde, ella comenzó a trabajar en Revive Our Hearts, donde actualmente se desempeña como Directora de Redacción y Editorial. Su primer libro, "Confessions of a Boy-Crazy Girl", fue programado para ser lanzado en septiembre del 2013. Cuando no está blogueando, la encontrarás su andar con gente que satisface su insaciable deseo de hacer preguntas.

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