El Rey fuerte y bondadoso canta para mí

Nota del editor: Hoy nuevamente le damos la bienvenida a nuestro blog a Colleen Chao. Las lectoras que nos siguen desde hace un tiempo, pueden recordar las publicaciones de Colleen en el blog de Mujeres Verdadera. Y recientemente compartió su testimonio en la conferencia de Revive ‘21. Unas semanas atrás, Colleen escribió esta conmovedora actualización mientras atraviesa un tiempo difícil por el cáncer. Con su autorización, estamos publicando esta actualización para ser de edificación y de ánimo para ustedes. Por favor, únete a nosotras para orar por Colleen y su familia. Que el Señor continúe trayendo alabanza en ellos cada día que pasa. -Blog Mujer Verdadera.

¡Hola, queridas amigas!

Hoy se supone que sería la ronda 4 de quimioterapias, pero debido a algunas complicaciones físicas (soy una persona especial), mi equipo médico decidió darle a mi cuerpo unos días más para fortalecerse. Regresaré a la quimioterapia este jueves. Jeremy comenzó la escuela hoy, así que tengo tiempo para abordar algunas de las tareas de mi lista de tareas pendientes, desde la comodidad de mi sillón reclinable. 

Pero primero, una actualización. :)

Después de una semana más de navegar por los rigurosos efectos secundarios de la quimioterapia y las capas del dolor físico, tener una muela extraída debido a una infección en mis encías, afeitarme la cabeza por completo, perderme las actividades del regreso a clases de Jeremy incluidas las reuniones de maestros, y posponer nuestra cena de aniversario porque estaba demasiado enferma para salir; hay una tentación escondida de desesperación, de alimentar los anhelos de «normalidad» y alivio, o de entrar en modo de supervivencia. Pero al comienzo de esta nueva semana, miro hacia atrás y puedo ver tan claramente que un Rey fuerte y gentil me vio en mi extremo cansancio, se abrió paso entre las masas para llegar a mí, tomó mi mano, se acercó y abrazó durante la semana, diciéndome palabras de esperanza, promesa y bondad. Toda la semana ha estado conmigo. Durante toda la semana ha tenido palabras misericordiosas para cantarme.

El sábado cantó el Salmo 55:16 para mí, recordándome que le encanta salvar a Sus hijos. Eso es lo que hace. «No puedo saber cómo me salvará; pero lo hará, lo sé»1. Mi corazón creció diez veces más al recordar que no me entregará a la desesperación, ni a la oscuridad o a un final doloroso. Eso no es lo que Él hace. Aunque lo más probable es que el cáncer se apodere de mí, Él me rescatará de esta aflicción en Su manera perfecta, y significará vida, gozo y libertad para muchos otros, no solo para mí.

A mitad de la semana, estaba cantando para mí verdades de los Evangelios, mientras yo meditaba sobre el ministerio de Jesús en la Tierra, específicamente las multitudes que venían de kilómetros para tocarlo y ser sanados. Se trataba de personas que habían sufrido horriblemente durante años e incluso décadas, algunas con enfermedades terminales, algunas con enfermedades incurables, algunas con dolores que los mantenían despiertos toda la noche, algunas con discapacidades que los llevó a la indigencia. Pero cuando escuchaban de aquel «hombre sanador milagroso», atravesaron cada dolor y limitación para llegar a Él, desesperados como estaban por alivio, plenitud y normalidad, por liberarse de los estigmas sociales, por la esperanza de convertirse de nuevo en un miembro funcional de su familia y comunidad.

Y Jesús los sanó. En masa. Él tuvo compasión de ellos.

Lo que plantea la pregunta: ¿Es este Jesús que sanó a las multitudes hace dos mil años, el mismo Jesús que puede que no elija sanarme a mí, Su amada hija? ¿Permitirá ese Jesús que mostró compasión a las multitudes, que un niño pequeño vea a su madre consumirse lentamente y luego crecer sin ella? ¿Permitirá que un esposo pierda a su esposa y de repente se convierta en un padre soltero?

Incluso mientras Jesús le mostraba al mundo cómo sería Su reino: ¡Sanidad! ¡Restauración! ¡Poder sobre las fuerzas oscuras! ¡Perdón de los pecados! Estaba prometiendo a Sus seguidores que sufrirían mucho. Esa sería la forma en que el reino vendría plenamente: a través de santos llenos de fe, gozosos y sufrientes. No era seguridad y comodidad lo que estaba ofreciendo.

Así que, Él vino en este hermoso tipo de yuxtaposición al presentarnos Su reino asombrosamente bueno, restaurando a las personas quebrantadas; y para ser el siervo que sufre, conociendo la agonía en todas sus capas y el dolor en todas sus etapas. De esta manera sabríamos cómo sufrir en Sus pasos, y el mundo nos miraría y se maravillaría, y dirían: «Ellos tienen más gozo, más paz y más propósito en su sufrimiento que yo en mi mejor día de tranquilidad y seguridad. ¿Cuál es su secreto?». Y más personas serían perdonadas y liberadas y devoradas por el gozo; y el reino crecería y crecería y crecería hasta que un día, el Rey Jesús lo traería a toda su plenitud, y nosotras lo veremos.

«Un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: «El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado». El que está sentado en el trono dijo: ¨Yo hago nuevas todas las cosas¨» (Apocalipsis 21:1–5).

¿No te encantaría salir del sufrimiento y pasar a lo bueno de Apocalipsis 21? ;) Soy constante y agudamente consciente de lo débil que soy. Pienso en las muchas biografías que he leído de santos del pasado, que sufrieron pérdidas y cruces impensables (y no se quejaron, pero lo consideraron un gozo y un privilegio). Pienso en nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo hoy en día que eligen permanecer en lugares hostiles, arriesgando la vida, la integridad física y a sus seres queridos para compartir el amor de Jesús con personas que nunca han escuchado Su nombre. Y miro mi insidiosa inclinación hacia las comodidades, las seguridades y las expectativas del primer mundo, y clamo a Dios para que aumente mi capacidad de sufrir bien, con cada vez más alegría, y que me fortalezca mientras me mantiene sensible, y que me ayude. Renuncio a los tesoros que tengo en esta tierra (que, oh, tan rápidamente, se convierten en ídolos en mi corazón).

Estoy muy agradecida por la gentileza que ha tenido Dios conmigo. Él está feliz de estar conmigo en mi debilidad, y terminará la buena obra que comenzó en mí. Y Él pacientemente me está enseñando cómo mirar la muerte a la cara y decir:

¡Qué corto es el tiempo!

Muerte, ¡qué breve!

Eternidad, ¡cuán larga!

Inmortalidad, ¡qué infinita!

Y así, hoy, debido a Su bondad, tengo una nueva fuente de fuerza, valor y esperanza para poder tomar esta cruz, negarme a mí misma y seguirlo por un camino que nunca hubiera elegido, pero un camino que finalmente conduce a la felicidad perfecta.

Y, oh, amigas, hay tantas misericordias a través de este camino, incluidas las que vienen a través de ustedes. Nuevamente tuvimos todo tipo de bondad en nuestra puerta, en nuestro buzón, bandejas de entrada y cuentas de Venmo esta última semana. Y la forma en la que oran por nosotros. . . ! Es un regalo más allá de todo lo demás. No podríamos afrontar estos días sin ustedes; continuamente nos sentimos tan profundamente amados, tan fortalecidos, tan animados en esta situación.

Estoy al borde de las lágrimas al pensar en todas ustedes y en el incomparable regalo que son para mí y para nosotros tres. Gracias, gracias, gracias.

Tengo una petición de oración para ustedes, guerreras de oración: las quimioterapias hacen que sea muy difícil para mí unir palabras. Ya soy una escritora dolorosamente lenta, pero el «quimiocerebro» me hace sentir como una tortuga en cemento húmedo. Misericordia. Pero esta es la situación: momentos después de escuchar cuán extenso era mi cáncer en la primavera, escuché con la misma claridad del Espíritu que necesitaba escribir, que una de las razones por las que me confiaba este sufrimiento era para que yo pudiera animar a los demás a través de las palabras. He sido muy tímida para publicar un libro tradicionalmente (queriendo asegurarme de ser anciana y sabia antes de poner algo en impresión permanente), pero parece que ahora es la plenitud del tiempo. ;) Así que he estado orando durante semanas para que Dios sobrenaturalmente me dé las palabras correctas, aumente la capacidad de mi cerebro lento para pensar con claridad y que me permita escribir un tema que sea de utilidad para los demás. Agradezco sus oraciones por mí mientras trabajo con gran debilidad y urgencia. ¡Gracias amigas!

Escirto por Colleen Chao

1 Charles H. Spurgeon, Faith's Checkbook (Chicago, IL: Moody Press, 1992).

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