Humildad y gratitud: la pareja perfecta

Problemas serios de salud. Relaciones difíciles. Maternidad. Dios ha usado todo esto para quitarme el orgullo. Mientras he caminado por estas circunstancias, me he dado cuenta de mi propia insuficiencia.  ¿Mis propias fuerzas? Son asombrosamente limitadas. Cuando trato de soportar las tormentas de la vida por mí misma, rápidamente soy derrotada. Cuando lucho por perseverar cada día apoyada en mí misma, termino vacía, frustrada y confundida. Mi propia sabiduría resulta en más de lo mismo.  

Pero en esos momentos en que estoy derrotada, vacía, confundida y frustrada, he descubierto lo esencial de la actitud del corazón para encontrar la verdad y recibir poder – y estoy agradecida.

¿Por qué estoy agradecida?

Mi gratitud hacia Dios por todo lo que Él es y hace, crece cada vez que elijo humillarme – colocándome bajo la autoridad de Cristo y de manera voluntaria y gozosa me someto a Cristo. Es en esa posición de rendición donde me doy cuenta de que sin importar que mis propias fuerzas y sabiduría no sean suficientes, las Suyas siempre lo son. ¡Y Él me las ofrece! Esto excede todo lo que podía haber deseado; entonces, ¿cómo podría estar menos que agradecida?  

Sin importar lo que acontezca en mi vida que pueda revelar mi orgullo y autosuficiencia, si estoy dispuesta a reconocerlo a la luz de Quién es Dios y humildemente vengo ante Él, no solo me perdonará, sino que también me llenará para que yo pueda responder con agradecida obediencia a través de Su poder. Colosenses 1:9-14 lo ilustra así:

Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz. Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados.

Pablo acababa de alabar a los Colosenses por el amor y fruto que ellos habían exhibido a través de su fe en Dios. Ahora explica que, debido a eso, él y su hijo en la fe, Timoteo están orando por ellos para que:

  • Sean llenos del conocimiento de Dios para que puedan caminar de una forma digna que agrade a Dios.  
  • Lleven fruto mientras crecen en ese conocimiento.
  • Sean fortalecidos en perseverancia y paciencia.
  • ¡Tengan corazones agradecidos!

¿Notaste en los últimos versículos de ese pasaje el recordatorio de nuestra necesidad de adoptar una actitud de humildad?  Debido a que el Padre nos ha permitido compartir la herencia de los santos, habiéndonos rescatado del pecado y del infierno y en su lugar nos ha colocado en el reino de Su Hijo, ¡debemos estar gozosamente agradecidas!

Actitud de corazón en acción

Puedo dar numerosos ejemplos de gratitud en que Dios me ha ayudado a humillarme y a aquietarme en mis luchas. El más claro y reciente en que aprendí esa lección fue al inicio del año escolar de mis hijos en tercer, quinto, séptimo y noveno grados.

 Debido a la estructura de nuestro distrito escolar, cada uno de nuestros hijos está en una escuela separada este año. Toda la logística que requiere -aun los correos electrónicos relacionados con cada escuela- podría llevarme a querer quedarme acurrucada y llorar cualquier día de la semana. Pero me había preparado para esto. He sido madre por suficiente tiempo como para saber que debía iniciar este año habiendo orado, enfocándome y nutriéndome con la Palabra de Dios, o terminaría siendo una llorona acurrucada.

Aun teniendo ese enfoque, hay momentos en que mi carne se interpone. Pero mientras siga buscando permanecer con una actitud humilde, pidiéndole a Dios que me dé Su sabiduría, Él me muestra Su gracia en responder, dándomela… tal como me ocurrió con mi hija mayor cuando se sentía cansada y estresada pues tenía muchas tareas de la escuela.

Se estaba haciendo tarde y ella todavía tenía mucho por hacer. Yo estaba agotada; ella también. Ella empezaba a sentirse ansiosa y me pidió que empacara su almuerzo para el día siguiente. Usualmente en mi casa, ésta es una responsabilidad de mis hijos, pero quería ayudarla permitiéndole terminar su trabajo y le dije “sí”.

Ella estaba haciendo sus tareas en la habitación contigua a la cocina, y mientras le preguntaba qué quería para su almuerzo, escuchaba su voz un poco más relajada. Cuando terminé de preparar su almuerzo, ella había concluido su tarea y vino a la cocina dando un gran suspiro y me dijo “gracias, mami”.

No me avergüenza decirte que mi primera reacción fue decirle “no” cuando me solicitó preparar su almuerzo. Yo estaba cansada también y aunque me gusta cocinar, por alguna razón, detesto empacar almuerzos. Pero debido a que he estado pidiéndole sabiduría a Dios, Él puso en mi boca ese “sí”. ¿El resultado? Una hija agradecida por la ayuda de su madre, y una madre agradecida por la ayuda de su Padre.

¿Has adoptado una actitud de humildad? ¿Te has dado cuenta de cuán inútil es luchar en tus propias fuerzas y reconoces que necesitas la sabiduría y fortaleza de Dios? Búscala, y pídesela. Él te dará la fortaleza para humillarte y elegir ser agradecida.

Mientras aprendemos cómo se relacionan la humildad y la gratitud, Dios se muestra a Sí mismo en y a través de nosotras.

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Sobre el autor

Heidi Jo Fulk

Heidi Jo Fulk

Heidi Jo desea conocer y vivir la Palabra de Dios para enseñar y retar a otras mujeres a hacer lo mismo. Ella y su esposo, Dan, viven en Michigan con sus cuatro hijos y ella dirige el ministerio de mujeres en su iglesia.

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