La familia: espejo del evangelio

¿Usas espejos?, ¿con qué frecuencia?, ¿cuántos tienes en casa? Cuando te miras en un espejo, ¿verdad que quieres ver con exactitud cómo te ves en ese momento? Por lo general, las mujeres usan más espejos que los hombres, los aprovechan para estar en todo tiempo bonitas y arregladas.

Un espejo nunca miente. Al contrario, refleja una imagen de la realidad. Ese reflejo se da a partir de leyes de la física que tienen que ver con la incidencia de la luz. Piensa por ejemplo en un lago de aguas tranquilas que refleja el paisaje que hay a su alrededor. Eso ocurre porque los rayos de luz llegan al agua y cuando chocan con la superficie funciona como un espejo.

De la misma manera en que el lago refleja la hermosura, el tamaño y los colores del paisaje que le rodean, así también nuestras vidas y relaciones revelan con gran detalle aquello con lo que estamos íntimamente conectadas. En el estado original, nuestro diseño mostraba con toda claridad la hermosura de nuestro Creador, su gloria y majestad. Como dice el Salmo 111:3 «Todo lo que Él hace revela su gloria y majestad».

La familia antes y después de la caída

«Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo». Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella» Génesis 1:26-28.

El hombre y la mujer fueron creados con el plan de reflejar la imagen de Dios en el mundo y de ser multiplicadores de esa imagen a través de sus hijos. Dios también creó el matrimonio para que la relación entre el esposo y la esposa refleje el amor de Cristo por su iglesia, y la sumisión de la iglesia a Cristo. Por otra parte, la relación con nuestros hijos debe mostrar el cuidado, la protección, la provisión, el amor, la disciplina, la misericordia y la paciencia de Dios Padre para con nosotros sus hijos a través de Jesucristo. Nuestra paternidad debe evidenciar un interés genuino y fiel por la salvación eterna de las almas de nuestros hijos.

Sin embargo, el pecado destronó a Dios del centro de nuestros corazones y puso a nuestro yo en el lugar que solo a Dios corresponde. Su imagen en nosotros fue opacada, manchando también nuestras relaciones con los otros. Ahora, lo único que reflejamos es nuestra naturaleza caída, y la imagen que ahora vemos está llena de pecados como orgullo, envidia, falta de amor por Dios y por el prójimo. Además, rebosamos de amor desmedido por nosotras mismas. Por ende, la institución matrimonial y la familia caminan en oscuridad y en sendas de muerte, separados de Dios.

El evangelio: ¡nuevos espejos!

Mas Dios, el cual es rico en misericordia, elaboró y llevó a cabo un plan para restaurar Su imagen en nosotros a través de la muerte y resurrección de Cristo.

Al ser redimidos en Cristo y transformados por su evangelio, volvemos a ser nuevos espejos, capacitados otra vez para mostrar la imagen y el glorioso carácter de la trinidad. Como dice 2 de Corintios 5:17 «Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!».

Dios nos hace nacer de nuevo por su gran misericordia y nos da una nueva naturaleza. Su mismo Espíritu viene a habitar en nuestros corazones, tal como lo dice Ezequiel 36:26: «Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo».

Reflejando nuestra nueva naturaleza

«Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes» Hechos 1:8. 

Con el evangelio operando en nuestras vidas, y la morada del Espíritu Santo, nuestra Jerusalén (nuestra propia casa) se convierte en el primer lugar en donde nos corresponde ser testigos de Cristo y su evangelio.

¡Cada palabra, cada gesto, cada pensamiento, cada oración, cada comportamiento para con nuestros esposos e hijos debe dar a conocer quién es nuestro Dios, al reflejar la obra del evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo! 

«Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa» 1 Pedro 2:9.

El evangelio es arrepentimiento y perdón; es misericordia y bondad; es mansedumbre y humildad; es sacrificio y entrega; es gracia. ¡Es amor! Estamos llamadas a ser en nuestras familias un hermoso reflejo del carácter de Cristo y de su evangelio.

En Colosenses 3 Dios nos insta a vestirnos como escogidas de Dios, santas y amadas, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros de la misma manera que Cristo nos perdonó. 

Por eso, para que nuestras familias cumplan con el propósito de su Creador, Señor y Salvador debemos meditar en la verdad del evangelio continuamente. Es en el día a día donde decidimos vestirnos y actuar como escogidas, santas y amadas.

En el día a día decide:

  • Ser paciente y bondadosa; no ruda, ni irritable . No tomes en cuenta el mal recibido. 1 Corintios 13:4,5.
  • Que ninguna palabra corrompida salga de tu boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación. Efesios 4:29.
  • Ser pronta para oír, tarda para hablar y tarda para la ira. Santiago 1:19.
  • Confesar unos a otros los pecados y orar los unos por los otros. Santiago 5:16.
  • Perdonar como el Señor nos ha perdonado a nosotras, hasta setenta veces siete.
  • No pagar a nadie mal por mal; no respondas con insultos a tu esposo o hijo, sino contesta con una bendición. 1 Pedro 3:9.
  • Practicar la gratitud porque todo lo que tenemos viene de lo alto, desciende del Padre de las luces. Santiago 1:17.
  • No preocuparte por nada, sino orar por todo. Filipenses 4:6-9.
  • Buscar primeramente la voluntad de Dios en todo. Mateo 6:33.
  • Cantar y alabar a nuestro Dios, habla con cánticos espirituales y salmos entre tu familia. Efesios 5:19.
  • Servir a tus hijos y esposo sacrificialmente como lo hizo nuestro Señor con nosotros. Marcos 10:45.
  • Estimar como pérdida todas las cosas, en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús. Filipenses 3:8.

Nuestro Dios es un Dios de propósito. Cada detalle de la creación del firmamento y de la creación del hombre y la mujer refleja su carácter. De la misma forma, Dios ha orquestado con cuidado y sabiduría el unirte a tu esposo y el prestarte a tus hijos con esas cualidades, llamados, personalidades, temores y debilidades. No es casualidad. Vive en obediencia a Dios, sujeta a tu marido y cuidando a tus hijos. Él te ha unido para santificarte, para santificarlos y para que cada día caminen de la mano asemejándose más a Cristo y glorificando su nombre en cada una de estas relaciones.

¡Dios te ha llamado a ser un espejo que refleje el poder del evangelio, su luz y su verdad en medio de este mundo de tinieblas!

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Sobre el autor

Ana Nin de Olivo

Ana Nin de Olivo

Ana, rescatada del hoyo de la destrucción y asentada sobre la Roca Eterna, su gracia y el poder de su palabra la sostienen cada día. Reside en Santo Domingo junto a su esposo José Olivo y su hijo José Alejandro. Son miembros de la Iglesia Bautista Internacional donde ambos sirven como parte del Liderazgo del grupo de adolescentes. Ama el ser instrumento del Señor para rescatar mujeres esclavizadas y presas en la mentira y guiarlas a la verdad de la Palabra. Actualmente sirve como Asistente administrativa en Aviva Nuestros Corazones.

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