¿Lavanda o hierba maloliente? Tu respuesta a la persecución importa

A muchas personas les gusta sembrar plantas para luego usarlas para cocinar, pero a mí me gusta plantarlas para disfrutar de su olor. Cultivo lavanda junto a la puerta de mi casa para poder frotar mis manos sobre ella cuando paso y llevar el aroma conmigo durante todo el día. Me encanta cómo la fragancia se transfiere a la punta de mis dedos. ¿No te gustaría que la semejanza a Cristo se transfiriera a nosotros así de fácil?

¿Qué pasaría si pudiéramos frotar nuestras manos en las páginas del Evangelio de Juan y llevar el resplandor de Su amor, misericordia y humildad durante todo el día? En cambio, Dios usa un proceso para moldearnos, a veces un proceso donde somos quebrantadas para producir un ramo fragante de semejanza de Cristo en nosotras.

Cuando somos quebrantadas bajo la amenaza de la persecución, a veces respondemos como la lavanda y llenamos el aire con el agradable aroma de Cristo. Otras veces, nuestras respuestas huelen a hierba maloliente, cuando devolvemos mal por mal. Cristo nos llama a enfrentar a nuestros enemigos como Él lo hizo: a ser como la lavanda, no como hierba maloliente. Pero primero debemos aprender a reconocer la una de la otra.

«… y quien cuando lo ultrajaban [Jesús], no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia» (1 Pedro 2:23).

Las marcas de un aroma fragante 

  1. La lavanda salta de alegría cuando es perseguida. La hierba maloliente cae en desesperanza.

«Bienaventurados son ustedes cuando los hombres los aborrecen, cuando los apartan de sí, los colman de insultos y desechan su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas». -Lucas 6:22-23 (énfasis añadido)

El Viernes Santo marca el día en que los hombres perpetraron el mayor acto de maldad en la tierra: torturaron, se burlaron y crucificaron a nuestro Señor. Llamamos a este día bueno a pesar de la maldad porque el sacrificio de Cristo compró las almas de Sus hijos, Su amada esposa, la Iglesia.

Los enemigos de Cristo saltaron de gozo el «Viernes Santo», pero no sus discípulos. Se escondieron desesperados. No entendieron lo que Cristo había logrado. Pero después de la resurrección, comenzaron sus saltos de gozo.

No olvides lo que ha hecho Cristo. Llénate de gozo en el Señor cuando la persecución se intensifique. Protege tu fe del tipo de esa maloliente desesperanza que sintieron los discípulos el Viernes Santo. ¡Alégrate! Jesús es la resurrección y la vida incluso cuando la muerte nos rodea.

  1. La lavanda ora por sus enemigos. La hierba maloliente los odia.

«Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”.Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen». -Mateo 5:43-44

Las primeras palabras de Cristo en la cruz no fueron para Su madre o Sus amados discípulos, sino para aquellos que lo crucificaron. Él no invocó el fuego de justicia sobre ellos. Él oró: «Padre, perdónalos».

Dios respondió a Su oración con salvación. Dos hombres confiaron en Jesús en la cruz: el criminal crucificado con Cristo y el centurión romano que clamó con fe: «¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!» (Lucas 23:42–43; Marcos 15:39).

Durante la Segunda Guerra Mundial, el pastor alemán Dietrich Bonhoeffer escribió: «Este es el mandamiento supremo: por medio de la oración vamos a nuestros perseguidores, nos ponemos a su lado y suplicamos a Dios por ellos»1. Bonhoeffer habló en contra del mal régimen nazi y oró apasionadamente por su salvación en el campo de concentración donde finalmente lo ejecutaron.

Solo el amor puede vencer al odio. Y solamente el Evangelio puede transformar un corazón lleno de odio que está muerto en su pecado y darle vida para vivir y amar. Es una obra del Espíritu Santo, no del hombre. ¡Así que ora! Ora por la salvación de tus enemigos.

  1. La lavanda les hace bien a sus enemigos. La hierba maloliente les hace mal.

«Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen». -Lucas 6:27

No podemos esperar que aquellos que odian a Dios se abstengan de perseguir a otros, abracen el amor cristiano y hagan el bien. Los cristianos, sin embargo, pueden y deben hacerlo. Como dijo el fallecido pastor Alexander MacLaren: «Los cristianos no deben ser meras superficies reverberantes, que devuelven ecos de voces enojadas. Tomemos la iniciativa, y si los hombres fruncen el ceño, vamos a recibirlos con corazones abiertos y sonrisas»2. Hagámosles bien.

Trata a tus enemigos como te gustaría que te tratasen a ti, de la manera que más conviene. A veces, esto implica satisfacer sus necesidades, bendecirlos con una bondad inesperada o poner la otra mejilla. Otras veces requiere tomar las medidas adecuadas para protegernos de ellos.

Si el pecado de alguien pudiera dañar a otros o a sí mismo (robo, asalto, asesinato), lo más amoroso que podríamos hacer por ellos es detenerlos. Si Dios te da poder para detener el mal, rescatarás a una víctima (posiblemente incluso a ti mismo) del daño y evitarás que el perpetrador se sumerja aún más en el mal. No te lo agradecerán ahora, pero su familia probablemente lo hará.

Independientemente del caso, Dios nos llama a perdonar.

  1. La lavanda perdona a sus enemigos. La hierba maloliente se aferra a la falta de perdón.

«Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo». -Efesios 4:32

El pastor John MacArthur nos anima a perdonar lo imperdonable con una verdad hermosa y lógica. Él dijo: «Nunca te pareces más a Dios que cuando perdonas a tus enemigos porque toda la salvación se basa en el hecho de que Dios ha perdonado a sus enemigos. No podemos manifestar que somos genuinamente hijos de Dios a menos que amemos como Dios ama; y Dios amaba a los enemigos porque esas eran las únicas personas que existían. No tiene amigos en el mundo caído»3.

A través de la fe, Dios ha perdonado a Sus hijos una montaña de pecado. La altura de nuestro pecado excede la de los Alpes, las Montañas Rocosas o los Apalaches. ¡Algunos días me pregunto si mi pecado eclipsará el monte Everest! Independientemente del tamaño y la forma de los pecados perpetrados contra nosotras, nuestros seres queridos o Dios, Cristo nos llama y nos da poder para perdonar como Él nos ha perdonado (Efesios 4:32).

Dios está comprometido con nuestra transformación

¿Elegiremos soportar la persecución con una fragancia agradable que irradia gozo en el Señor? ¿O iremos en contra la obra transformadora de Dios y viviremos con un mal olor a desesperanza y amargura? La elección es simple, pero hacerla requiere el mismo poder de resurrección que levantó a Cristo de entre los muertos. Afortunadamente, como cristianas, Dios nos llenó y selló con este poder cuando nos dio Su Espíritu.

Aun así, llegar a ser semejantes a Cristo no es fácil, especialmente en medio de la persecución. Pero Dios está comprometido con nuestra transformación. No se rendirá con Sus hijos. Cuanto antes abracemos Su manera de moldearnos e incluso Su obra de quebrantamiento en nosotras, más pronto nos transformaremos en la agradable semejanza de Su Hijo.

Nuestro hedor a pecado desaparecerá y nos dejará con el aroma de Cristo en un mundo que huele a ira, amargura y violencia. Algunos nos odiarán porque le pertenecemos (Juan 15:18-25). Muchos se apartarán o se volverán contra nosotras, rechazándonos por nuestro testimonio. Pero si nuestro amor es genuino, podemos confiarle a Dios los resultados y podemos confiarle a nuestros enemigos.

La persecución es dura, pero Cristo es fiel. No temas. Si eres un hijo de Dios, tu vida está escondida con seguridad con Cristo (Colosenses 3:3). A través de Su poder, no solo podrás soportar las heridas, sino que, como resultado de ellas, esparcirás Su fragancia del conocimiento de Él por todas partes.

«Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta la fragancia de Su conocimiento en todo lugar.Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para unos, olor de muerte para muerte, y para otros, olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién está capacitado?». -2 Corintios 2:14-16

1Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship, trans. R. H. Fuller 2nd rev. ed. (New York: Macmillan, 1960), 166.

2Pastor Alexander MacLaren; Expositions of Holy Scripture, Luke 6 https://biblehub.com/commentaries/maclaren/luke/6.htm

3Pastor John MacArthur, Sermon: Loving Your Enemies as God Does,Matthew 5:43-48 https://www.gty.org/library/sermons-library/81-107/loving-your-enemies-as-god-does

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Sobre el autor

Jean Wilund

Jean Wilund

A Jean Wilund le apasiona guiar a las mujeres hacia una mayor comprensión de la Biblia y una relación más profunda con Dios. Trabaja en Revive Our Hearts como parte del equipo de blogs, en especial para 'Leader Connection'. También es la  moderadora del grupo de Facebook de líderes del ministerio de mujeres. Sigue a Jean en su página web JeanWilund.com y su canal de YouTube en la medida que recorre la Palabra de Dios y responde preguntas sobre la Biblia y una vida entregada a Cristo.

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