Lottie Moon | La historia de una vida de sacrificios

Toda pequeñita cierra sus ojos y sueña con lo que será su vida algún día. Quizás se imagina una boda hermosa, un novio esperándola en el altar…una familia a quien cuidar y una casa que pueda llamar suya.

Todos estos sueños son completamente normales.

Sin embargo, los caminos del Señor son más altos que los nuestros … y a veces los planes de Dios son cualquier cosa, menos normales.

Esa fue la vida de Lottie Moon, admirada por muchos por la dedicación de su vida por completo al servicio a Cristo y por ser pionera del movimiento de misiones que continúa hasta nuestros días.

Charlotte Digges “Lottie” Moon nació el 12 de diciembre de 1840 en Virginia. Lottie fue la hija de una sólida familia cristiana adinerada. En 1854, Lottie asistió al Instituto Femenino Albermarle en Virginia; luego a la Universidad Hollins, graduándose en 1861. Mientras estuvo en la universidad, Lottie mantuvo las más altas calificaciones de su clase y fue una de las primeras mujeres sureñas en completar una maestría.

Su conversión a Cristo

En 1858, Lottie entregó su vida a Cristo luego de escuchar el Evangelio en una serie de reuniones de avivamiento. Ahora Jesús era su Salvador, pero ella no tenía idea de cuánto iba a cambiar su vida debido a Él.

Después de la universidad, Lottie se dedicó a su pasión y se convirtió en maestra de escuela para niñas en Danville, Kentucky. Más adelante, ella y una amiga comenzaron una nueva escuela en la ciudad de Cartersville, Georgia. Lottie era, para sus tiempos, una mujer exitosa, inteligente, bien educada. Sin embargo, mientras disfrutaba el éxito en el campo de su elección, comenzó a gestarse en su corazón un anhelo por algo diferente y más grande que todos sus planes.

El impacto de una hermana

En 1872, la hermana de Lottie, “Eddie” Moon, se fue a China como misionera bautista sureña. Eddie escribía cartas a su familia expresando la necesidad espiritual extrema en China y cuán desesperados estaban por más misioneros. Lottie fue impactada profundamente por las cartas de su hermana. Al escuchar un sermón sobre Juan 4:35, sintió el llamado indiscutible de Dios. A partir de ese punto, China se convirtió en el “campo blanco” que Lottie quería segar para Cristo.

En 1873, a sus treinta y dos años Lottie zarpó para China dejando atrás su familia, su amada escuela, y también un compromiso roto. Ella terminó la relación debido a la discrepancia de convicciones que existía entre ella y su prometido respecto a la autoridad de la Biblia, y sintió el llamado a servir a Cristo con una entrega total al campo misionero.

¿Cuál es tu campo blanco para la siega? ¿Tu familia? ¿tus vecinos? ¿los niños o jóvenes de tu iglesia? ¡Pide al Señor que avive tu corazón con pasión por ellos!

Ganando a los chinos con amor

Tras su llegada a China, Lottie regresó a dar clases en una escuela por trece años. Ella aprendió lo que el apóstol Pablo quiso decir en 1ª Corintios 9:20 “a los judíos me hice como judío” para ganar a aquellos que estaban bajo la Ley. Lottie se dio cuenta de las convicciones espirituales falsas y la opresión de del pueblo chino por lo que aprendió su idioma y estudió la historia de aquel país. ¡Hasta comenzó a vestirse como ellas! Aunque tuvo que enfrentar prejuicios y fue objeto de suspicacia entre la gente china, esto no la desanimó. Simplemente se volvió más determinada en amarles.

Lottie se volvió amiga y ayudadora de muchos en las aldeas, satisfaciendo sus necesidades emocionales y físicas. Ella era conocida por su ministerio a las mujeres chinas. Al ganarse la confianza de las chinas, creció su popularidad y era común que la gente caminara muchas millas para escuchar a la maestra que “conocía las Palabras de Vida.”

¿Amas genuinamente a la gente diferente a ti? ¿Has caminado esa milla extra para aprender cómo es su vida?

Un cambio de tareas

En 1885, a los cuarenta y cinco años, Lottie dejó la docencia y se dedicó a tiempo completo como misionera en las ciudades de P’ingtu y Tengchow, en China. Estableció una nueva iglesia; luego un ministro ordenado comenzó a predicar ahí, y el Evangelio comenzó a difundirse. Más de mil almas vinieron a Cristo, y P’ingtu se hizo conocida por las buenas nuevas del Evangelio en China.

Fue mientras servía en P’ingtu que Lottie se dio cuenta lo tímidos que eran los niños chinos. Deseando construir una relación con ellos, comenzó a hornear galletas. Por supuesto ¡a los niños les encantaban estos obsequios! Al crecer su comunicación con los niños, le ayudó a que Lottie conociera a sus madres y con gusto les compartió sobre Cristo.

Lottie perseveró a través de mucho sufrimiento humano para que la causa de Cristo avanzara. Ella soportó servir por décadas en medio de plagas, viruela, y la amenaza de persecución. Aunque había nacido a una vida de bendición financiera, en China Lottie aprendió a vivir con muy poco.

¿Qué dones, talentos, o posesiones tienes que Dios podría usar para alcanzar a la gente con el Evangelio? Pide al Señor que abra tus ojos a las posibilidades.

Una experta de la correspondencia

Mientras servía en China, Lottie se convirtió en una intercesora que escribió muchas cartas a sus hermanos Bautistas del Sur en los Estados Unidos. Las cartas de Lottie tenían un tono firme al amonestar a los bautistas sureños de sus días por no hacer lo suficiente en beneficio de la misión evangelística. Regularmente su carga era por más sacrificio, más oración y la necesidad de más misioneros.

La pasión de Lottie por Cristo brillaba en sus numerosas cartas:

Las necesidades de esta gente me oprimen el alma, y no puedo estar callada. Es doloroso pensar que estas almas humanas vayan camino a la muerte sin haber tenido la oportunidad de escuchar el nombre de Jesús. (noviembre 11, 1878, P’ingtu)

¿Por qué en lugar de las ofrendas insignificantes que damos, no hacemos algo que pruebe nuestro fervor cuando decimos que somos seguidoras de Aquel que, aunque era rico, por amor de nosotros se hizo pobre? (septiembre 15, 1887, Tungchow)

No permanezcamos callados mientras las almas están muriendo y yendo al infierno. Señor, dános el valor para proclamar la verdad y para inspirar a otros a hacer Tu obra.

La ofrenda de Navidad de Lottie Moon

En 1881, debido a las elocuentes súplicas de Lottie, se levantó una ofrenda en la iglesia de su niñez, la Iglesia Bautista Cartersville. Para 1888, las mujeres bautistas del sur habían recolectado $3,315 para enviar a más misioneros a China. En 1918, la Unión Misionera de Mujeres (WMU por sus siglas en inglés) estableció una ofrenda anual nombrada Lottie Moon. El enfoque del Evangelio de Lottie continúa hasta nuestros días, y estas ofrendas representan cincuenta por ciento del presupuesto de la Junta Internacional de Misiones.

¿Eres vocera de las necesidades espirituales a tu alrededor? ¿Hay asuntos sociales donde se necesitan más voces cristianas? Ora por valor para hablar a favor de otros.

El final de un ministerio… el inicio de un legado

Lottie Moon sirvió desinteresadamente y consideró las necesidades de la gente china como mayores que las suyas. Ella fue conocida por hacer grandes sacrificios por amor a quienes sufrían. No le importaba regalar su propia comida y en una ocasión envió todos sus ahorros a sus amigos chinos en P’ingtu quienes sufrían por la hambruna.

En 1912, a una Lottie muy frágil que batallaba con un problema de salud grave, su doctor le ordenó regresar a los Estados Unidos para descansar y recibir atención médica. Murió a los cuatro días de haberse embarcado, antes de llegar a San Francisco.

Se había ido la misionera que sirvió como puente para cerrar la brecha cultural con los perdidos de China, usando su vida y galletas hechas en casa. Verdaderamente, Lottie Moon le dio todo a Cristo y al pueblo de China. Muchos años antes de su muerte, había dicho “Ojalá tuviera mil vidas que pudiera entregar por las mujeres de China.”

¿Cuánto de tu tiempo puedes dedicarle hoy al Maestro? ¿Qué servicio de alabanza podrías ofrecerle? ¿Qué presente pondrás a los pies de Cristo?

La historia de Lottie es un recordatorio vívido de que Dios puede usar cualquier cosa, incluso algo tan pequeño como una galleta, para mostrar amor y edificar relaciones para beneficio del Evangelio.

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Sobre el autor

Sheila Gosney

Sheila Gosney

Sheila Gosney vive en Missouri con su esposo y su familia. Ama ser abuela y le agradece a Dios por esa bendición. Durante la semana sirve en su iglesia local como co-líder de un ministerio de niños. Mientras más envejece, más se percata de la espontaneidad al server a través de relaciones con mujeres que necesitan desesperadamente ánimo espiritual. Sheila es una escritora independiente, una escritora regular sobre misiones para la Unión Misionera de Mujeres de la Convención Bautista del Sur (WMU por sus siglas en inglés), así como colaboradora para la revista Journey de Lifeway Christian Resources.

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