Maravillada y desconcertada con la belleza del Evangelio

Hace poco comencé a estudiar la carta de Pablo a los Romanos y quiero compartir con ustedes un poco de lo que sucedió una de mis mañanas al estudiarla.

Abrumada por lo que leía, viéndome reflejada de una manera tan minuciosa y a la vez tan agradecida e incapaz de entender el poder del amor de Jesús, comencé a escribir lo que iba aprendiendo y quiero que sea de edificación para ustedes, así como lo fue para mí.

¿Estás lista para verte en el espejo?

Seres humanos (tú y yo incluídas):

No lo glorificaron

No le dieron gracias

Se entregaron a vanas especulaciones

Su necio corazón fue entenebrecido

Alegaron ser sabios—se hicieron necios

Cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombre corruptible

Cambiaron la verdad de Dios por mentira

Reverenciaron y sirvieron a la criatura antes que al Creador

Las mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza

Los varones dejaron el uso natural de las mujeres

Se encendieron en su lascivia unos con otros

Cometieron hechos vergonzosos

[Deshonraron sus propios cuerpos entre sí. Reciben en sí mismos la debida recompenza de su extravío]

No quisieron reconocer a Dios (habiéndole conocido, no tener ningún deseo de reconocer Su verdad y aferrarse a Él)

Atestados (repletos hasta el tope, empapados) de todo tipo de pecado en su propio corazón

Colmados (mentes llenas de pensamientos malos, emociones malas) de pecados contra el prójimo

Aborrecedores de Dios (excepcionalmente impíos y malvados)

Soberbios

Desobedientes

Sin sabiduría

Sin fidelidad

Sin afecto natural (corazón duro para amar o estimar afectuosamente—insociable)

Sin piedad

(ver Romanos 1:29-31 para una lista más detallada).

Algunos pasajes que traen más luz:

  • Efesios 4:19 nos dice que la insensibilidad nos lleva a la sensualidad.

  • Colosenses 3:5 nos manda a hacer morir lo terrenal en nuestros cuerpos (fornicación, impureza, pasiones desordenadas, deseos malos, etc).

  • Efesios 5:1-20 nos da una explicación detallada y práctica de lo que debemos perseguir y lo que debemos evitar. (¡Léelo!)

Respuesta de Dios:

Los abandonó en las concupiscencias de sus corazones a la inmundicia

Los abandonó a pasiones vergonzosas

Los entregó a una mente reprobada

Es bendito por los siglos. Amén.

Con una lista tan larga de injusticias y una lista tan corta de “dejar ir por su camino” (que es naturalmente lo que deseamos, y si fuera de otro modo nos quejaríamos por “ser controlados”) es irracional, ilógico, necio y arrogante el culpar a Dios por la maldad que hay en nosotros y la maldad que nos rodea (aunque no es menos cierto que Él posee autoridad suprema sobre todo).

En una lucha tangible entre la falsedad y la Verdad (el reino de las tinieblas y el reino de Dios), nos entregamos voluntariamente a razonamientos vacíos y sin valor, quedando todo nuestro ser privado de luz. Nuestra inmundicia es evidente, somos insensibles y vivimos en sensualidad, haciéndonos ciegos a la magnífica y clara revelación de Dios por medio de lo creado—quien haciéndose visible y entendible para nosotros (siendo quien es… El gran Yo Soy, el que ES y nunca dejará de ser) hace evidente Su cercanía con Su creación, aunque la corrupción creara una brecha entre Él y el hombre.

Pues intercambiamos Su gloria, imperecedera y que verdaderamente satisface el corazón para siempre, por nuestros anhelos desmedidos por ídolos— que sí perecen (aunque pueden satisfacernos por un poco de tiempo, pero para muerte).

Dios no causó nuestra maldad, pero permitió que anduviéramos de la mano con ella…

Somos inexcusables y la indignación y aborrecimiento de Dios contra toda injusticia e impiedad está siendo manifestada desde el Cielo, al mismo tiempo, en el Evangelio está siendo revelada una justicia (aprobación que el hombre puede alcanzar de modo que obtiene paz con Dios) que de inicio a fin es mantenida por la fe (¡el aprobado por Dios tendrá vida al creer!).

En el Evangelio, la brecha entre Dios y el hombre es sanada por medio de la cruz, la sangre, la perfección y la resurrección de Cristo.

¿En qué debemos creer? ¿Qué tiene poder de Dios para salvar?

Precisamente ese Evangelio, la preciosa y dulce noticia de que toda la historia apunta a una Persona: Dios mismo encarnado, Jesucristo el Mesías (el Rey prometido y ungido para salvar), llevando el peso de nuestra maldad (todo lo que vimos en la lista al inicio), muerto en una cruz —siendo nosotros los que debimos cargar el peso de la separación corporal y espiritual de Dios, pues nos complacíamos haciendo lo malo y aprobando a los que lo hacen— y resucitado para liberarnos del poder de las tinieblas y la muerte para darnos Vida, darnos a Cristo mismo como Tesoro sobre todo, cuya sangre compró nuestra paz con el Padre, quien se deleita en llamarnos Sus hijas.

La corrupción que entró al mundo fue pacientemente soportada por el Dios Eterno, Santo y Justo, quién suplió la cura para nuestras llagas causadas por el pecado y la mentira, y con ternura nos instruye, guía y pastorea mientras esperamos el día en que finalmente Su Iglesia estará con Él por siempre, todos con un cuerpo glorificado, satisfechos en el Hijo por siempre. Amén.

Que asombrosa noticia el vernos en el espejo y saber que la historia no termina en el reflejo… ¡Allí comienza La Historia!

¡Cuéntanos la tuya!

Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Por Él llegamos al Padre!

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Annamarie Sauter Morales

Annamarie Sauter Morales

Ciudadana de la Ciudad Celestial, peregrina nacida en Colombia de padre alemán y madre colombiana. Tiene dos hermanos y vive en la República Dominicana. Dios ha usado Aviva Nuestros Corazones como una gran herramienta para transformar su vida, y por Su gracia trabaja en la producción del podcast diario del ministerio. Ama a su familia, a su iglesia local y a su equipo de trabajo. Le encanta el café, la música, el deporte y conocer a Dios a través del estudio de la Escritura. Su pasión es ver a las mujeres crecer en su caminar de fe y relación personal con Jesucristo.