Maternidad se deletrea oportunidad

En enero del año 2011, con solo 6 meses de casada, escribí una resolución de año nuevo:  Desarrollar un proyecto personal. Los expertos recomiendan ser específicos al redactar metas, pero como lo desconocía, no procuré serlo. En diciembre de ese año cuando nació mi primera hija pensé: ¡vaya proyecto! Ese proyecto fue tan remunerador que ya vamos por el quinto. A la fecha tenemos tres niñas de siete, cinco y tres años; un niño de un año, otro de seis meses y un cachorro Golden Retriever de nueve meses.

Hay personas que se gozan al ver nuestra familia numerosa, sin embargo, hay otras que se estresan con tan solo ver nuestras fotos. Pero la interrogante que recibo más a menudo es: «¿cómo te haces con 5 niños pequeños?». Probablemente se imaginan que mi vida es caótica, que no tengo tregua y que mis días son muy intensos y difíciles. Permíteme aclararte que no es así... ¡es peor de lo que imaginas! Pero no creas que es por la cantidad de pañales sucios, las frases que tengo que repetir una y otra vez, los derrames de cereal o los episodios de rabietas; mi lucha mayor es con mi corazón. Al parecer, allí tenía muchos trapos sucios esperando cinco «proyectos personales» para manifestarse.

Uno de esos trapos sucios fue el temor. Cuando me embaracé de mi segunda hija con apenas ocho meses de haber dado a luz, pensé que no sobreviviría. Del mismo modo siguió ocurriendo con cada uno de los embarazos y nacimientos de mis hijos. Pero Dios no solo me permitió sobrevivir, sino que se reveló a mí de la manera más dulce; me ayudó a depender más de Él. A diario siento una incapacidad absoluta para cumplir mi rol, solapada con una confianza plena en que me puedo «acercar con confianza al trono de la gracia para recibir misericordia, y hallar gracia para la ayuda oportuna».  (Hebreos 4:15-16)

No te puedo negar que tener muchos hijos pequeños es un reto, es emocional y físicamente drenante. Casi el 100% del tiempo estoy exhausta. Pero honestamente cuando solo tenía una hija me sentía exactamente igual. Aunque mi vida siendo madre de cinco es caótica, la necesidad del evangelio es la misma para cada madre. Las luchas internas que tengo hoy día con cinco hijos pequeños, no son muy diferentes a las que tenía cuando era madre primeriza.

Es cierto que el trabajo se multiplica por cinco, pero eso solo significa que necesito cinco veces más a Cristo. Aún el Señor te permita tener uno, cinco o diez, Él demanda el mismo estándar de ti, debes reconocer que eres incapaz de ser una madre que dé frutos de justicia a menos que estés pegada a la Vid Verdadera. (Juan 15:5)

Maternidad se deletrea o-p-o r-t-u-n-i-d-a-d

En lo personal, ser madre ha significado chocar a diario con la realidad de quién soy y lo mucho que necesito conocer quién es Dios. La maternidad es una oportunidad para entender más el evangelio y de esa fuente extraer agua viva de esperanza para vivir plenamente.

Ser madre te ofrece la oportunidad de...

  • Depender

La maternidad es una vida de dependencia. Ser madre te ofrece a cada segundo la oportunidad de depender de Dios porque es muy evidente que no puedes hacerlo sola. Al final del día no es tan importante ser una madre ejemplar sino una madre dependiente de Él.  (Romanos 9:16)

  • Morir

En un mundo donde muchas voces te dicen que mereces ser mimada, libre de preocupaciones y empoderada, ser madre te regala la oportunidad de morir a ti misma. Te reta a aplazar tus intereses por los de tu familia, a morir a tus expectativas y entregar tus planes a Él. No hay un mejor lugar donde podamos estar que escondidas detrás de la cruz de Cristo. (Colosenses 3:3)

  • Clamar

Desde que me convertí en madre, muchas veces me he sentido en el límite de mis posibilidades, ¿te has sentido así? Pero, ¿y si es ahí que Dios nos quiere para que contemplemos lo infinito de Sus posibilidades? En los momentos así, clama a Aquel que ha prometido responderte. (Jeremías 33:3, Salmos 55:17) Recuerda que el Espíritu Santo intercederá por ti aún cuando no te salgan las palabras. (Romanos 8:26)

  • Vivir por fe

Dios me ha ayudado a esperar en Él y a vivir por fe, a no temer al mañana ni a los resultados. No te canses de hacer el bien y déjale el resultado a Dios. (Gálatas 6:9) Debemos tener fe en que nuestra encomienda y llamado de nutrir las almas de nuestros hijos no es en vano, aunque casi siempre así se sienta. (1 Corintios 15:58)

  • Humillarte

Ser madre te invita a estirarte hasta casi romperte, a humillarte cuando has pecado contra tus hijos con tu falta de paciencia o tu orgullo. En mi corazón encuentro el pecado de la autosuficiencia y la escurridiza autocompasión, constantemente mis prioridades son trastocadas y lucho con mi falta de paciencia. Aprovecha la oportunidad de humillarte, sé pronta en pedir perdón a Dios y a tus hijos cuando peques contra ellos.

  • Recordar que estamos en proceso de santificación

Ser mamá pone en evidencia que no hemos llegado aún, que somos una obra en proceso. Así como el Señor está trabajando contigo, está trabajando con tus hijos; y no solo esto, el Señor te santifica a través de ellos y a ellos a través de ti. No vivamos enfocadas en nuestro desempeño o en el de nuestros hijos, recibamos por fe Su misericordia y en agradecimiento extendámosla a ellos.

  • Bailar como si alguien estuviera mirando

Nuestra encomienda de instruir a nuestros hijos desde temprana edad es que ellos oigan de Cristo, pero nuestro testimonio es nuestra oportunidad para que ellos vean a Cristo. Procura que aún si ellos deciden no rendirse al Señor, no puedan negar la presencia de Cristo en ti.

«¿Cómo te haces con 5 hijos pequeños?». Mi respuesta corta es que cada hijo viene con una mochila de gracia sobre sus espaldas, cada uno viene cargando esa porción de Cristo que necesito. Cada uno me regala la oportunidad de depender más de Él.

¿Y tú? Si eres madre, ¿como te ha ayudado el Señor a ver la maternidad como una oportunidad? ¿Cómo tu rol te ayuda a ver más allá de lo simple y terrenal? Y si no eres madre todavía, ¿cómo puedes cultivar un corazón que dependa más de Dios?

 

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Sobre el autor

Yamel Romero de Cardoza

Yamel Romero de Cardoza

Yamel es una hija de Dios quien anhela ser equipada para servir cada día a su familia y su iglesia con pasión. Desde el 2010 está casada con Ángel, quien es pastor de la Iglesia Cristiana de la Comunidad en Santo Domingo Oeste, República Dominicana. Juntos tienen 3 niñas (Noa, Abi y Ana) y 2 niños (Manuel y Mateo). Sirve en el área de media en Aviva Nuestros Corazones, ama el arte y leer en voz alta a los niños.

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