De balance a fidelidad

Mi esposo y yo hemos estado casados por casi nueve años. Durante ese tiempo nuestro matrimonio ha pasado por muchas temporadas y cambios, incluyendo tres mudanzas a culturas diferentes. Cada temporada ha demandado cosas diferentes de mí como esposa y como mamá. A veces nuestros hijos han necesitado mucho de mi atención. Otras veces, cuidar a mi esposo y nuestro matrimonio ha significado dedicarle más atención a él.

Quizás te identificas con esto. Escuchas a la gente hablar de balancear nuestros roles como madres y esposa y te preguntas cómo hacer eso. Te pareciera que pasas la mayor parte de tu tiempo trabajando, cuidando a tus hijos y tu hogar y no invirtiendo la misma cantidad de tiempo o recursos en tu matrimonio. Te sientes «fuera de balance» porque nosotros tendemos a pensar en balance como algo 50-50.

En nuestra experiencia, muchas veces ambos roles de esposa y madre parecen estar muy mezclados. La realidad es que son dos responsabilidades y relaciones distintas. Ambas son muy significativas. No podemos delegar ninguna de las dos.

Al llamarnos a ser tanto esposas como madres, Cristo cambia el paradigma de «balance» a «fidelidad.» Siempre somos esposas al 100% y madres al 100%. ¿Cómo podemos ser fieles a ambos llamados?

Antes de dar algunas ideas prácticas quiero recordarte dos cosas:

  1. Si perteneces a Cristo, tu lealtad primordial –antes de tu esposo e hijos– es al Dios que te llamó de las tinieblas a la luz. Su llamado es que proclamemos Sus excelencias en todos nuestros roles. (1 Pedro 2:9)
  2. Al proclamar Su gloria en la manera que amamos a nuestros esposos e hijos, tenemos un gran regalo: Jesús está viviendo en nosotras (Gál 2:20). Él dio su vida tanto para amar a su esposa (Efesios 5:25), como para producir su descendencia (Isaías 53:10). Tenemos en Él todo lo que necesitamos para ser fieles a nuestro llamado de amar y cuidar a nuestra familia.

Es importante recordar esto porque como muchas cosas en la vida cristiana, la fidelidad no viene en un paquete nítido. No hay muchas pautas bíblicas específicas que nos muestren qué significa ser fieles, ¿una cantidad de citas al mes con tu esposo, cierto número de actividades extracurriculares o que tus hijos no enfrenten ninguna dificultad?

Nuestro llamado es a vivir por fe: fe en que nuestro Padre nos enseñará cómo criar momento a momento, fe en Cristo para producir y sostener nuestra crianza y fe en que Dios bendecirá nuestra labor y producirá buen fruto en nuestra vida y la de nuestros hijos.

Ahora, aquí tres principios sobre cómo ser fieles ambos roles:

1) No descuides tu matrimonio por enfocarte en la crianza. Dios creó el matrimonio antes de la paternidad. Cuando Él creó al hombre y a la mujer, Él los creó para que fueran colaboradores en la misión de Dios de llenar la tierra con portadores de Su Gloria (Gen 1:28). Para ser fieles a esta misión necesitamos conocer a Dios y estar muy unidos como pareja.

Dios también diseñó el pacto del matrimonio para que fuera una unión íntima (Gén 2:24). Su anhelo es que nos pasemos nuestras vidas de casadas creciendo en esa unidad. Pero la unidad no es una meta en sí misma. Su propósito es adornar el evangelio (Tito 2). Es una sombra que apunta a una realidad eterna que nos deja sin aliento: nuestra unión con Cristo mismo (Efesios 5).

Aquí te comparto algunas ideas prácticas para cuidar tu matrimonio:

  • Sé creativa en procurar el corazón (y cuerpo) de tu esposo mientras pasas de una temporada de la vida a la próxima: una cena a la luz de las velas, una salida a explorar un lugar nuevo en la ciudad donde viven, una sorpresa con su postre favorito.
  • Sé intencional en hacerle preguntas, en seguir conociendo, y en seguir cultivando unidad. Cada nuevo cambio expone las áreas en las que todavía necesitamos seguir creciendo en unidad.
  • Busca un tiempo para hablar sin interrupciones y para disfrutar la compañía mutua.

2) No descuides la crianza de tus hijos por tu matrimonio o por cualquier otra cosa. A veces es fácil sentirnos resentidas y retadas al criar a nuestros hijos. Puede ser una tentación delegar su crianza a otros (a una abuela o tías). Pero recuerda: Dios te los dio a ti con un propósito eterno.

Nuestros hijos pertenecen a Dios. Dios nos los ha dado para que los entrenemos en conocerle a Él (Deut. 6:5). El plan redentor de Dios es reconciliar todas las cosas a Sí mismo en Cristo (Efesios 1: 18). Nos unimos a Su plan redentor cuando discipulamos a nuestros hijos, ya que somos embajadores de Dios llamándolos a reconciliarse con Dios (2 Corintios 5: 20). ¡Es un gran privilegio!

3) Esfuérzate por criar junto a tu esposo. Recuerda que eres una mayordoma de las almas de tus hijos junto a tu esposo. Honra a tu esposo y procura la unidad con él al criar a tus hijos. Es sabio establecer las prioridades de la crianza junto a él.

Aquí algunas preguntas que le puedes hacer a tu esposo, que te pueden ayudar a establecer prioridades claras y a honrar a tu marido en esta labor:

  • ¿Cuáles son nuestras metas actuales en el entrenamiento de nuestros hijos? (Puede ser que cada hijo necesite algo distinto)
  • ¿Cómo vamos a disciplinar a los niños en esta etapa? ¿Hay algo que debamos cambiar?
  • ¿Cómo vamos a controlar el uso de la tecnología?
  • Yo sé que cuidar al bebé me está consumiendo mucho tiempo y energía. Pero te amo tanto, ¿cómo te lo puedo mostrar hoy?
  • ¿Cómo estás en medio de estas circunstancias (embarazo, cirugía)? ¿Cómo puedo orar por ti?

Hermana, siempre somos esposas y madres al 100%. Es un gran reto. Pero, ¡gloria a Dios! También siempre somos una creación 100% nueva en Cristo. A través de la vida de Cristo en nosotras, podemos ser fieles en amar a nuestro esposo e hijos cada día en todas las circunstancias que Él ha diseñado para Su Gloria.

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Sobre el autor

Aylín Merck

Aylín Merck

Aylín Merck es esposa y mamá de tres hijos. Vive con su familia en el Medio Oriente. Aylín disfruta el guacamole, el café con leche de menta y todas las cosas que incluyen chocolate. La característica más importante sobre ella es que ella es una con Cristo. Su pasión es contemplar la belleza de Dios en Cristo Jesús y cultivar el deleite en Él en todos aquellos con quienes interactúa.

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