Mi viaje hacia la sumisión

Sumisión…quizás te parezca anticuado, arcaico, evoca imágenes de hombres enojados y mujeres dóciles que se dejan pisotear y sirven de presa fácil.  Ésa es la idea de sumisión que tendrías si escuchas a quienes se oponen a la feminidad bíblica.

Pero no es eso lo que Dios tenía en mente cuando colocó al primer hombre y la primera mujer en Jardín. Él puso en marcha una imagen gloriosa de orden y de una relación simbiótica.

El hombre y la mujer entregándose, cada uno, completamente, viviendo el rol para el que fueron diseñados y para el cual se encuentran mejor capacitados. Y ése sigue siendo Su deseo hoy – que desistamos de la batalla de los sexos y nos acerquemos todo lo que podamos, a la belleza del Jardín.

Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera (Gn. 1:31). Solo hay algo pequeño que se interpone en el camino, ¿verdad? La misma que se interpuso en el Jardín: el pecado. Una decisión voluntaria de cuestionar la bondad de Dios, Sus propósitos y de exaltar la voluntad propia por encima de la Suya.

Muchas de esas actitudes estaban presentes en mí, cuando tuve mi primer encuentro con la sumisión. Me casé teniendo una fuerte creencia de los roles igualitarios para las mujeres. Profundamente influenciada por el Movimiento del Poder Negro, así como por las mujeres fuertes de mi familia, me convertí en un blanco seguro para la agenda feminista. Estudié Ingeniería Arquitectónica en la universidad de Kansas y estaba preparada para entrar en un área ocupada por pocas mujeres negras en esa época. Por lo menos, eso era lo que esperaba. Pero Dios tenía planes diferentes.

Su plan incluía que me casara con un joven de nombre George quien más tarde se convertiría en predicador y pastor. Pero en ese tiempo, todavía yo era una mujer afroamericana revolucionaria. Con ideas muy claras sobre los roles de género y lo que yo estaba dispuesta a hacer o no.

En la mayoría de los asuntos, George y yo coincidíamos. Nos gustaba hablar, ir al cine y jugar Bid Whist. Sin embargo, sus ideas acerca de los roles dentro del matrimonio eran diametralmente opuestos a los míos. La idea de ser una esposa sumisa, dotada me parecía arcaico y repugnante. No había visto ese modelo mientras crecía y no tenía ningún derecho de romper el molde generacional que había observado en las mujeres en mi vida.

No obstante, antes de casarnos, decidimos que levantaríamos nuestro matrimonio y familia basados en los principios de la Biblia. Por tanto, fui a Su Palabra para encontrar el apoyo a mi posición.  Ciertamente, ‘¡Dios no esperaba que redujera mi inteligencia a someterme a un hombre! Mientras era confrontada con los conceptos de liderazgo, sumisión, y roles bíblicos para el matrimonio, experimenté un avivamiento; reconociendo cuán radicalmente diferentes son los caminos y pensamientos de Dios en relación con los nuestros. Están mucho más allá de nuestra capacidad de entenderlos, por lo que a menos que Él nos los revele, no pueden ser conocidos. Mi corazón rebosó de gratitud por el deseo de Dios de revelar Su voluntad a Sus hijos.

Junto con este avivamiento experimenté un quebrantamiento, necesitaba trabajar con la dureza que daba lugar a mi posición radical. Tuve la convicción de que, en temas de sumisión, mi corazón necesitaba un cambio. Y se produjo, pero no de la noche a la mañana. Luego de agonizar en oración por semanas y meses con esta nueva verdad, finalmente abracé Su sabiduría y confié en Sus planes para mi vida.  

Al caminar junto a mi esposo como pastor en tres ocasiones, he tenido el privilegio inmerecido de motivar a esposas jóvenes a abrazar la sumisión bíblica.  En varios artículos próximos les compartiré algunas de las objeciones que he escuchado y cómo la Palabra ha hablado a sus vidas.  

Por el momento, me gustaría escuchar tu historia. ¿Dónde te encuentras en tu viaje hacia la sumisión? ¿Creciste viendo modelos de sumisión bíblica en tu familia? ¿Te lo enseñaron en la iglesia? ¿qué impacto ha tenido en tu matrimonio?

 

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Sobre el autor

Karen Waddles

Karen Waddles

Karen es asistente de edición de Moody Publishers, conferencista y autora contribuyente de "Nuestras Voces: Problemas que enfrentan las mujeres negras en América" y "Las Mujeres de La Biblia de estudio de color". Su esposo George, que ha sido pastor por los últimos 35 años, y ella tienen cuatro hijos adultos y nueve nietos. Su mayor alegría es ver a las mujeres experimentando el fruto de las bendiciones de Dios cuando aplican los principios de la feminidad bíblica a sus vidas.

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