Mis emociones bajo Su Señorío -Parte 1-

En la psicología moderna, las emociones son conocidas como el estado psicológico o el proceso por medio del cual los deseos internos de las personas interactúan con el mundo externo.  Aristóteles definió dicho proceso como la evaluación de un evento. Las emociones permiten que la persona pueda evaluar la urgencia del evento y crear la forma de interactuar con el mundo en relación con ese evento.  Las emociones son dadas por Dios; por lo tanto, son buenas (Gen. 1:31) el problema radica en la forma en que las manejamos (o podríamos  decir mal manejamos? O ellas nos manejan a nosotras?)

Algunos investigadores diferencian entre (i) una evaluación primaria o la manera cómo el evento afecta la persona y (ii) una secundaria, que es la forma cómo se va a manejar el problema.  Las emociones escriben el guión con el cual interactuamos con las otras personas.  El contentamiento o cariño son emociones que nos motivan a cooperar con otros. En contraste, el enojo es una emoción de frustración donde la persona adopta un modo de expresión con el cual busca superar su sentido de fracaso.  Es una emoción de conflicto que nos ayuda a mantener nuestra identidad. El miedo es una emoción en respuesta a una amenaza que busca proteger la comodidad interpersonal. 

Desarrollamos nuestro sentido de identidad dependiendo de áreas diferentes, como son la nacionalidad, raza, género, educación, estatus; también de las tareas que desempeñamos,  por ejemplo nuestra profesión,  o ser madre, padre, hermano (a), hijo (a), sobrino (a) y así por el estilo; y además, de la forma en que realizamos nuestros roles, como ser bondadosas, honestas, conflictivas, ansiosas, depresivas; o partiendo de las enfermedades que padecemos, tales como diabéticas, hipertensas, cardiacas; o aún del hecho de que no padecemos ninguna y estamos sanas.  De esa manera, cuando perdemos un rol  importante para nosotras, a través de un evento en la vida como sería un divorcio, viudez, o pérdida de un hijo, la persona  se siente en peligro de perder un aspecto de su identidad. Una pérdida siempre provoca emociones pero cuando la persona encuentra satisfacción en otros roles que desempeña esto le ayuda a mantener su identidad; o si tiene otras relaciones de las cuales deriva su valor, existe menos oportunidad de que sufra un  colapso de sus emociones.

Cuando se padece un trastorno emocional, no necesariamente se debe a que las emociones estén trastornadas sino que la persona percibe su vida de una manera tan desordenada en su mente que le resulta imposible manejar o tolerar lo que está pasando a su alrededor y entonces prevalecen las emociones negativas, como son la ansiedad, el enojo, la frustración, la falta de esperanza o la desesperación. Los hombres tienen la tendencia a reaccionar con enojo,  abuso de drogas o alcohol mientras que las mujeres, con depresión y ansiedad.

Aunque es difícil de comprobar, cada vez se encuentra más evidencia de que las emociones que provoca el estrés afectan el sistema inmunológico del cuerpo, disminuyendo su efectividad.  El sistema inmunológico es el guardián del cuerpo. Cuando una sustancia extraña entra al cuerpo, dicho sistema detecta que la misma es diferente y comienza a producir sustancias llamadas anticuerpos para destruirla, tal como ocurre cuando un ladrón entra a la casa y el guardián  le dispara.  Pero al debilitarse dicho sistema debido al estrés, la habilidad de destruir las bacterias y virus disminuye por lo que las infecciones son más severas y largas.

¿Vivo bajo la autoridad de las emociones o de la Palabra de Dios? ¿Qué o quién define mi identidad fuera de Aquel que señala Hechos 17:28? ¿Cuál ha sido mi refugio cuando he experimentado pérdidas? Lee Salmo 62:6-8 que te dirige hacia el Único Refugio Seguro.

Dra. Catherine Scheraldi

Te invitamos a leer la segunda parte de este artículo aquí:

Mis emociones bajo Su señorío | Parte II

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Sobre el autor

Catherine Scheraldi de Núñez

Catherine Scheraldi de Núñez

Cathy es la esposa del Pastor Miguel Núñez de la Iglesia Bautista Internacional (IBI), localizada en Santo Domingo, República Dominicana, cuyo ministerio de mujeres dirige. Es médico de profesión y actualmente se desempeña en su práctica privada. Funge como directora del departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad O & M donde elabora el currículo de endocrinología y reproducción y participa en la enseñanza de los estudiantes de medicina. Cathy nació en Nueva York, pero durante los últimos 15 años ha vivido junto a su esposo en la ciudad de Santo Domingo. 

 

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