Nuevas misericordias… incluso en mañanas caóticas

¡Oh, Tu fidelidad! ¡Oh, Tu fidelidad!

Cada momento la veo en mí.

Nada me falta, pues todo provees,

¡Grande, Señor, es Tu fidelidad!

«Cada mañana veo tus nuevas misericordias». ¿En serio? ¡Estás bromeando! Quizá algunos días sea cierto, pero la mayoría de las veces, la mañana no tiene nada de misericordiosa. Después del esfuerzo de alistar a todos y sacarlos por la puerta, ¡me alegro de que al menos estén vivos y vestidos!

En medio del caos, puede ser difícil detenerse y buscar las misericordias que Dios nos tiene reservadas cada día. Sin importar cómo se presente la mañana en casa, el enemigo a menudo quiere arruinar nuestros días desde el principio. Una alarma que no suena, leche derramada, un zapato perdido, una discusión acalorada... 

Aunque quisiera ofrecer la fórmula perfecta para una mañana tranquila y serena donde todos se lleven de maravilla, las Escrituras no nos ofrecen tal cosa; sin embargo, podemos hacer algunas cosas para resistir al enemigo y ayudar a nuestros corazones a comenzar el día en victoria.

Si bien no debemos comparar estas cosas a una solución rápida y fácil para todos nuestros problemas matutinos, tampoco debemos subestimar el poder del Espíritu Santo y la Palabra de Dios para calmar nuestros corazones ansiosos. Nada de esto es revolucionario, y mucha gente ha escrito sobre ello antes que yo. Sin embargo, quizás estas sencillas y conocidas verdades sean el recordatorio que tu corazón necesita para avivarse mañana tras mañana.

  1. Recuérdate el evangelio

Necesitas escuchar el evangelio hoy, y lo necesitarás escuchar mañana, y al día siguiente. Y todos los días hasta que veas a Jesús cara a cara. Lo sé porque, así como yo, padecemos de amnesia espiritual. Aunque hemos escuchado las verdades de la muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Jesús innumerables veces, aún olvidamos que no podemos ser lo suficientemente buenas por nosotras mismas.

Creemos, como los de Galacia, que nos hemos convertido en cristianos por el Espíritu pero de alguna manera estamos en el proceso de ser perfeccionados en la carne (Gal. 3:3). Así que, cada mañana empezamos el día con una lista de maneras en las que planeamos ser mejores que ayer, pero para cuando terminamos de lavar los platos del desayuno, ya hemos fracasado. Otra vez.

Por eso necesitamos el evangelio a diario: para recordarnos que somos pecadoras, salvadas por gracia, santificadas por gracia y glorificadas por gracia. Sí, Dios nos ha dado buenas obras para vivir (Ef. 2:10), pero solo podemos hacerlas viviendo a la luz de nuestra identidad como hijas de Dios (ver Ef. 1).

Empieza tu día recordando el evangelio. Lee un pasaje como Efesios 2:1-10, Romanos 6, Juan 3 o Tito 3:3-7. O bien, estudia el «Manual del Evangelio para Cristianos»de Milton Vincent o medita en un himno saturado de evangelio como «Ante el trono celestial», «Solo en Jesús» o «No soy yo, sino Cristo en mí». Hagas lo que hagas, dedica tiempo a poner la mirada en la cruz y repasa el evangelio una y otra vez.

  1. Lávate en el agua de la Palabra

Cuando suena mi alarma por la mañana, las excusas empiezan a correr. Normalmente pienso en razones por las que no necesito levantarme para hacer ejercicio. Y algunos días me sale bien. Quizás tú hagas lo mismo con respecto a dedicar tiempo a la Biblia. Mientras los planetas estén perfectamente alineados y tu mañana transcurra exactamente como lo planeaste, puedes sentarte con la Palabra, de lo contrario, el equilibrio universal se pierde y decides intentarlo otro día.

Si bien no quiero fomentar el legalismo al pasar tiempo en la Palabra (Dios no se enojará contigo por faltar un día. Él no es un maestro que está con su cuaderno para bajar tu calificación cada vez que te saltas un día. ¿Ves? ¡Es por eso que necesitamos tanto el evangelio!), solo porque el favor de Dios hacia ti no depende de tu fidelidad a la Palabra, eso no significa que no importe si pasas tiempo en la Palabra o no.

Al comenzar cada día, estás a punto de entrar en la batalla. Ya sea en el trabajo, en casa, en la escuela, en el gimnasio, en el supermercado o en el centro comercial, pasarás el resto del día en el mundo. Para preparar tu corazón para la guerra que se avecina, tómate un tiempo al principio para dejar que la Palabra te inunde.

Puede que sea corto, no hay problema. Dedica unos minutos a leer un Salmo o un capítulo de Proverbios. Con el tiempo, podrás leer un libro poco a poco. Luego, retoma otro libro o, mejor aún, vuelve a empezar el mismo. Aunque solo sean unos minutos, renueva tu mente en el Espíritu llenándola con la Palabra.

  1. Encomienda tu día a Dios

Sé que no es de extrañar que la oración y la lectura de la Biblia aparezcan en esta breve lista de maneras de revitalizar tu corazón cada mañana. Es fundamental, y quizás empezar el día de rodillas sea algo que sabes que debes hacer, pero que aún te cuesta, como usar hilo dental, hacer ejercicio o comprar regalos de Navidad en julio. Empezar el día adorando, alabando, confesando y pidiendo a Dios puede ser un verdadero cambio en tu día, pero no te fíes solo de mi palabra. Aquí tienes algunas bendiciones que la Escritura menciona con respecto a la oración:

  • Mediante la oración recibimos misericordia y hallamos gracia para ayudarnos en nuestros momentos de necesidad (Heb. 4:16). 
  • Mediante la oración encontramos una paz que sobrepasa nuestro entendimiento (Flp. 4:6-7). 
  • Mediante la oración podemos presentar nuestras quejas a un Dios que escucha (Sal. 55:17). 
  • Mediante la oración recordamos que Dios es Dios y nosotras no (Sal. 59:16). 
  • Mediante la oración, alineamos nuestro corazón con la voluntad de Dios (Lc. 18:1-8).

Para aclarar, estos beneficios no se obtienen exclusivamente solo por comenzar el día en oración. Si bien existen muchos ejemplos bíblicos de personas que oraban por la mañana, no hay un versículo que te obligue a que lo hagas por la mañana. Sin embargo, al comenzar el día con adoración, confesión, acción de gracias y súplica, comenzarás tu día lista para la batalla (ver Ef. 6:10-18).

  1. Deja tu teléfono donde está

Aunque sé que por cada una de las tres acciones anteriores podrías exclamar fácilmente: «¡Genial! ¡Hay una aplicación para eso!». Y esas aplicaciones para leer la Biblia o para orar son sin duda herramientas buenas y útiles, creo firmemente que si quieres empezar el día con un corazón renovado y listo para la batalla contra el enemigo, no deberías usar una de sus armas más poderosas contra nuestra vida espiritual. Al menos no antes de que tu corazón esté listo.

A pesar de su potencial para ayudarte con tus disciplinas espirituales, creo que el daño que puede causar tu teléfono es mucho mayor. Es muy fácil distraerse y empezar a mirar mensajes, notificaciones o correos. Así que, solo durante la primera media hora o una hora del día, opta por lo tradicional. Estudia con una Biblia impresa. Lee un libro «de verdad». Escribe en un diario de oración con hojas de papel. Puede que te parezca raro, anticuado, ineficiente y aburrido. Pero no pasa nada. Hazlo de todos modos. Desconéctate un rato. ¡Valdrá la pena, te lo prometo!

Las mañanas pueden ser difíciles, agitadas y estresantes, pero empieza el día poniéndote la armadura de Dios, lista para resistir los ataques del diablo. Recuerda el evangelio, predicándote a ti misma día tras día, renueva tu mente lavándote en el agua de la Palabra de Dios, encomienda tu día y el de tu familia a Dios.

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Sobre el autor

Cindy Matson

Cindy Matson vive en un pequeño pueblo de Minnesota con su esposo, su hijo y su ridículo perro negro. Le gusta leer libros, tomar café y entrenar baloncesto. Puedes leer más de sus reflexiones sobre la Palabra de Dios en … leer más …


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