Te bendeciré

«Yo entonces les enviaré Mi bendición»… — Levítico 25:21

Hay promesas en la Biblia que llegan justo cuando más las necesitamos… y esta es una de ellas.

Esta promesa aparece en medio de las instrucciones sobre el año del jubileo. Un tiempo sagrado en el que Dios pedía a Su pueblo algo que, humanamente, no tenía sentido: dejar la tierra sin cultivar. No sembrar. No cosechar.

Imagínate eso por un momento.

En una economía completamente dependiente de la tierra, esto no era un pequeño sacrificio… era un acto radical de fe. Y la pregunta era inevitable: «¿De qué vamos a vivir?».

Dios no ignora esa inquietud. La confronta con una promesa:

«Cumplirán, pues, Mis estatutos y guardarán Mis leyes, para ejecutarlos, para que habiten seguros en la tierra».  — Levítico 25:18

Dios responde exactamente a lo que ellos temían. Él promete provisión, seguridad y suficiente alimento… incluso sin los medios visibles para obtenerlo.

Porque Él no solo ve la necesidad. Él ya tiene preparada la respuesta.

Cuando obedecer no parece lógico

Puede que hoy no estemos guardando un año de jubileo, pero el principio sigue siendo profundamente relevante.

Muchas veces nos encontramos en ese mismo lugar:

  • Si obedezco a Dios… ¿qué va a pasar conmigo?
  • Si hago lo correcto… ¿quién va a suplir?
  • Si confío… ¿qué pasa si todo sale mal?

Y aunque no siempre lo decimos en voz alta, en el fondo estamos preguntando lo mismo que Israel: «¿Qué voy a hacer para sobrevivir?».

El «entonces» de Dios

Hay una palabra clave en esta promesa: «Entonces…». No es una fórmula mágica, es una invitación.

Cuando caminamos en obediencia —no perfecta, pero rendida— demostramos algo más profundo: que confiamos en Él, que creemos que Él es nuestro proveedor, nuestro refugio, nuestra seguridad.

Obedecer no es el medio para manipular a Dios… es el fruto de confiar en Él.

Una bendición que va más allá de lo visible

Dios no promete solo «bendición»… promete Su bendición. Y eso cambia todo.

Porque Su bendición no siempre se ve como nosotras esperamos:

  • A veces es provisión inesperada
  • A veces es paz en medio de incertidumbre
  • A veces es fortaleza cuando todo se siente débil
  • A veces es transformación en nuestro corazón

Pero siempre —siempre— es para nuestro bien y para Su gloria. Como nos recuerda Romanos 8, incluso cuando nuestra fe es débil, el Espíritu Santo intercede por nosotras y nos sostiene en el proceso de confiar.

Vivir por fe hoy

El año del jubileo fue más que una ley agrícola. Fue una escuela de fe, y hoy, Dios sigue haciendo lo mismo con nosotras.

Nos invita a confiar cuando no vemos.
A obedecer cuando no entendemos.
A esperar cuando todo en nosotras quiere resolver.

Una invitación

Hoy puedes tener preguntas sin respuesta, puedes estar enfrentando decisiones que te dan miedo, puedes sentir que obedecer a Dios te deja «sin control», pero Su promesa sigue en pie: «Yo entonces les enviaré Mi bendición».

No porque todo sea fácil. Sino porque Él es fiel.

Alabemos a nuestro Dios por Sus bendiciones… y aprendamos a vivir por fe en Sus promesas, que nunca fallan.

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Sobre el autor

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de la Iglesia Bíblica Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es … leer más …


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