Reflexiones de una madre desde la Pre-Conferencia

Por fin ¡llegó el tiempo! ¡Y de qué manera! El Señor nos regaló una noche impregnada del dinamismo y entusiasmo propios de la juventud; pudimos gozarnos al ver un auditorio repleto de jóvenes escuchando las verdades del Evangelio impartidas con una fuerte dosis de gracia e ideas prácticas como fue el caso de las pruebas sobre la modestia en el vestir.

 

Al inicio Betsy hizo un rápido censo” verificándose que la audiencia se componía de jovencitas menores de 12 años hasta un buen número de adolescentes un “poco mayores” como las llamó Dannah Gresh.

 

Asistí en mi calidad de integrante de ese último grupo recogiendo algunas notas a modo de reflexión, que quiero compartir con ustedes.

La maternidad en el Manifiesto de la Mujer Verdadera:

Algunas declaraciones del Manifiesto sobre cómo luce la maternidad a la manera de Dios:

Los hijos son una bendición de Dios; y las mujeres fueron especialmente diseñadas para ser dadoras y sustentadoras de vida, ya sea a sus hijos biológicos o adoptivos, y a otros niños en su esfera de influencia.

Las mujeres cristianas maduras tienen la responsabilidad de dejar un legado de fe, discipulando a las más jóvenes en La Palabra y los caminos de Dios y modelando a la siguiente generación vidas de fructífera feminidad.

Recibiremos los hijos como una bendición de Dios, buscando entrenarlos para que amen y sigan a Jesucristo y para que consagren sus vidas a Su Evangelio y Su Reino.

Para vivir esa maternidad necesitamos ser mujeres de la Palabra, pues, cada declaración encuentra su razón de ser en un texto bíblico.

¿Cuál voz se escucha en mi hogar?

Y justamente Nancy se dirigió a las jóvenes advirtiéndoles las consecuencias de elegir la voz del mundo (música, libros, películas, etc.) en lugar de la voz de Dios; lo que también nos aplica como madres:

  1. a. La voz del mundo es engañosa pues ofrece beneficios que no puede darnos y por el contrario, nos deja vacías y en esclavitud…al igual que hace con nuestros hijos. PERO…
  2. b. Si escuchamos la Voz de Dios conoceremos la Verdad que nos hará libres. ¿Cuál es esa Verdad? Jesús nos dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
  3. c. Los hijos siguen más nuestro ejemplo que nuestras palabras.
  4. d. En mi rutina diaria ¿qué ejemplo ven mis hijos con el tiempo que dedico a escuchar una u otra voz?
  5. e. ¿Qué tan intencional soy en entrenarlos para que elijan escuchar la voz de Dios?

¿He etiquetado a mis hijos? ¿Permito que los etiquete el mundo o la Palabra de Dios?

Dannah nos advirtió sobre el peligro de  usar etiquetas –palabras con las que nos describimos a nosotras mismas-  tales como, indigna, estúpida, pecadora, aburrida, sin talento que no son más que mentiras que el enemigo ha traído para mantenernos esclavizadas.

¿Comparamos, denigramos o calificamos negativamente a nuestros hijos?  Etiquetarlos negativamente nos desvía de nuestro llamado a ser dadoras de vida.

La buena noticia es que nuestros hijos no tienen que vivir etiquetados; así como en Facebook podemos “untag” las fotos (quitar las etiquetas), por Cristo y a través de Su Palabra nosotras y nuestros hijos podemos ser libres de esas etiquetas negativas que conducen al desánimo y la depresión. Cuando venimos a Él, la única etiqueta que nos pone es una que lee: ¡PERDONADA!

¿Cuál es el corazón de la modestia?

¡La modestia del corazón! Debemos enfocarnos en la condición del corazón de nuestros hijos, en lugar de querer corregir la manifestación externa; pues, como bien apuntó Betsy al tratar los mitos de la modestia, ésta no nos hace más piadosas.

¡Quiera Dios ayudarnos a no enfrascarnos en una lucha infructífera procurando cambiar a nuestros hijos en el exterior, sino que con gracia podamos dirigir sus corazones a Jesús!

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.