Reto de 30 días para madres | Día 3

Día 3: Negociando

"Y él les dijo:" Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. “Lucas 11:02. RV

Cuando mis hijos eran bebés y lloraban sin razón, mi marido tomaba sus cuerpecitos gorditos y decía: "Vamos a inspeccionar el reino." Nuestro "reino" particular abarcaba un rancho de tres dormitorios, un gran patio trasero, y de vez en cuando un gato callejero. No es un castillo, pero tenemos tanta ropa que lavar que podríamos hacer una fosa, de vez en cuando me siento como una doncella cautiva en la torre.

Podemos estar tan enfocadas en las necesidades de nuestros pequeños reinos que perdemos de vista el cuadro completo. Por eso, cuando Jesús dio Su lección sobre la oración, nos animó a cambiar drásticamente el enfoque de la misma. 

Hagamos un simple esquema de dos pasos de la oración de Jesús.

Paso 1: Reconocimiento de la posición de Dios.

Jesús dijo: "Padre, santificado sea Tu nombre." Nosotros no decimos la palabra "santificado" a muchas cosas, esto simplemente significa "santo, venerado, o sagrado." Un simple, "Dios, Tú eres santo" es suficiente. 

Paso 2: Bajar el trono. 

Jesús nos animó a buscar las prioridades del reino de Dios cuando oramos. Probablemente hemos leído Sus palabras antes, pero cuando se trata de orar por las necesidades de nuestra familia, ¿con qué frecuencia implementamos esto? Podrías sentirte extraña al orar por las necesidades del reino de Dios antes que por las tuyas, pero considéralo como una negociación. Tu reino termina en el límite de tu propiedad, pero el reino de Dios es eterno e infinito. No te preocupes, no tienes que darle vueltas a tu cerebro alrededor de ese tema, pues Jesús nos enseñó a orar dándole prioridad a las cosas del reino cuando oramos.

Jesús nos da permiso de mantener nuestras oraciones simples. Con la frecuencia con que puedas hoy, ora esta sencilla oración: "Dios, Tu eres Santo. Venga a nosotros Tu reino”.

Modo de Hacerlo: Inspecciona tu reino. 

Da  un pequeño paseo  alrededor de tu "reino."  Agradece a Dios por las cosas que Él te ha confiado mientras le pides que expanda tus prioridades. Puede sonar así: "Gracias  Dios, por esta casa. Ayúdame a utilizarla para Tu reino. Gracias Dios, por mis hijos. Ayúdame a enseñarles acerca de Ti. Gracias por esta provisión. Úsalas para satisfacer las necesidades del reino”. 

Oración de una madre: Dios, Tu eres santo. Venga Tu reino.

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