Salmos para madres ansiosas (3ª parte)

Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento;
dile lo que hay en tu corazón,
porque él es nuestro refugio.

Salmo 62:8 (NTV)

Luego de dos semanas de estar aprendiendo a echar sobre el Señor todas nuestras cargas y ansiedades respecto a nuestros hijos, su futuro, su caminar con el Señor, quiera Dios que estemos respirando más calmadas, confiando en Su Soberanía, Su Sabiduría, en Su amor y descansando junto a aguas de reposo.

Hoy veremos otros versículos del Salmo 139 (9-10, 13-16). Recuerda adaptarlos a la situación concreta de cada uno de tus hijos.

9 Si mi hijo cabalga sobre las alas de la mañana,
si habita junto a los océanos más lejanos 10 aun allí le guiará Tu mano
y le sostendrá Tu fuerza.

Quizás mi hijo se mudó para irse a vivir a otra casa, o a otra ciudad, o quizás se encuentra residiendo en otro país; o en algunos casos, se fue tan lejos como a otro continente, ahora vive en un horario diferente al mío donde es de noche cuando yo me encuentro en pleno día lo que implica que mientras yo duermo, mi hijo está transitando por “esas calles” del mundo sin que yo pueda controlarlo pues no se trata de que está fuera de la casa a “altas horas de la noche” sino que está cumpliendo sus responsabilidades a plena luz del día…en aquel lejano lugar donde probablemente esté expuesto a experimentar fenómenos naturales que no son propios de nuestra tierra, terremotos, tornados, etc.

Conforme a estos versículos,  mi oración de confianza siempre debe ser que ya sea que viva en el polo norte o en el sur, en la poblada Nueva Delhi, o en el desierto de Sahara, “Tu buena mano ha de estar con él, si Él te busca encontrará Tu dirección, si te clama por ayuda, Tú le darás fuerzas para enfrentar cada situación que permitas en su vida, Tú lo sostendrás”.

13 Tú creaste las delicadas partes internas de su cuerpo
y lo entretejiste en mi vientre de madre. 14 ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien. 15 Tú lo observabas mientras iba cobrando forma en secreto, mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz.

Aunque yo quisiera creer que yo lo formé, que yo lo hice, que yo lo cuidé mientras estuvo en mi vientre, la realidad es que no fui yo, sino Tú. Mis dietas, cuidado, visitas médicas, observaciones de las prescripciones, no son más que los instrumentos que Tú utilizaste para hacer tan fino y maravilloso trabajo en mi cuerpo, formando en mi interior una criatura que es más Tuya que mía. Ayúdame a recordar que Tu obra en su vida no concluyó con los 9 meses de embarazo, sino que apenas empezaba y la concluirás hasta su último aliento en esta tierra.

Ayúdame a saber MUY BIEN que todos los infinitos detalles de amor que tuviste al formar cada delicada parte de su cuerpo, también los tendrás para formar su vida espiritual.

Los mismos ojos amorosos que penetraban la oscuridad secreta de mi matriz, son los que lo observan en los lugares más recónditos del planeta donde él tenga que ir, no hay tinieblas ni lugares secretos, dificultades, pruebas, tristezas ni aflicciones que escapen de Tu mirada de amor.

Nada de cuanto pueda acontecer en su vida está fuera del alcance de Tu brazo de amor. Y así como lo sacaste de mi matriz, puedes sacarlo de toda oscuridad o encierro espiritual o emocional donde pueda verse en algún momento de su vida y traerlo a Tu luz admirable, a la verdadera vida. Y te ruego que en Tu misericordia, tengas a bien hacerlo hoy.

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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