Salmos para madres ansiosas

Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios,

porque él cuida de ustedes.

1ª Pedro 5:7

Hace varios años llegó a mis manos, un libro de Elyse Fitzpatrick y otro autor, dirigido a padres de hijos adultos, titulado “Nunca dejas de ser padre”, pues, erróneamente pensamos que cuando concluye la etapa de crianza y nuestros hijos salen del hogar, ya nuestra labor acabó. Nada más equivocado, pues en realidad lo que ocurre es una transformación; por ejemplo, ya pasamos de dar órdenes, a dar consejos (si nos lo piden).

Algo que no perdemos cuando salen del nido es uno de los recursos más valiosos que siempre está a nuestra disposición, es efectivo aunque no estemos con ellos y podemos usarlo desde antes de que estén en nuestro vientre: la oración por nuestros hijos.

Las madres tendemos a creer que nuestra presencia es la que asegura que no ocurra nada calamitoso a nuestros hijos, y por eso cuando ya no están bajo “nuestras alas” tendemos a preocuparnos sobre cualquier evento que pueda sucederles sin que podamos estar al minuto junto a ellos, llenándonos así de ansiedad.

Los salmos han sido una poderosa medicina en las manos del Señor para calmar mi ansiedad en diferentes momentos de crisis en mi vida en que los he orado para mí misma, pero ahora siento que Él me está llevando a orarlos con un espíritu maternal para ayudarme a descansar en Él, en Sus promesas, Su cuidado, Su fidelidad.

En las próximas semanas estaré compartiendo algunos de estos salmos para madres ansiosas, pidiéndole al Señor que los use para fortalecer nuestra confianza en que Él no solamente tiene cuidado de nosotras sino también de nuestros hijos (1ª Pedro 5:7) trayendo así refrigerio, descanso, alivio para nuestras almas ansiosas.

En estas oraciones he utilizado algunas de las situaciones en que pueden encontrarse hijos adultos fuera del hogar pero puedes personalizarlo de acuerdo a la etapa de la vida de tus hijos (colegio, universidad, matrimonio, etcétera).

Salmo 139:1-3 (NTV)

1Oh Señor, Tú has examinado el corazón de mi hijo y sabes todo acerca de él.

Tú sabes a profundidad quién es él, hasta más de lo que él sabe de sí mismo.

2 Sabes cuándo se sienta y cuándo se levanta; conoces sus pensamientos aun cuando él se encuentre lejos.

No solo sabes quién es él, lo que hay en lo más profundo de su interior sino que también sabes todo lo que hace y deja de hacer. Y aún más, conoces lo que está pensando en este preciso momento aunque yo no pueda conversar con él, ni verlo para identificar cómo está su ánimo o sus emociones.

3 lo ves cuando viaja, y cuando descansa en su casa. Sabes todo lo que él hace.

Yo no puedo ver ni estar en cada lugar por donde él transita para alertarlo si hay peligro o no. Pero Tú estás con él, en cada tren, cada vehículo, cada avión o aún en barco. Tú sabes si hay mal tiempo o no, Tú controlas los vientos, los choferes, los pilotos, los capitanes, la lluvia y la nieve. Todo está bajo Tu absoluto control. Yo estoy completamente incapacitada de conocer lo que está haciendo, pero nada de eso escapa de Tu Omnisciencia y Soberanía.

Tú conoces lo que está haciendo para botar el estrés, cuáles son sus pasatiempos, las películas que mira, las revistas que lee, la música que escucha, las páginas de internet que visita, qué come o qué bebe, dónde busca refugio, descanso, aliento, si es en Ti y en Tu Palabra o si en algún otro sustituto y mi oración siempre será que lo traigas a Ti, a Tus pies, a Tu cruz.

 

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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