¿Someterme me hace débil?

¿Alguna vez te has encontrado en una situación donde no sabes con seguridad quién está a cargo? Es frustrante. Una de dos, o no se logra hacer nada porque nadie sabe qué hacer, o no se logra hacer nada porque todos piensan que su propia manera es la correcta, detonando así un sin número de opiniones.

Los proyectos grupales sin un líder definido hacen que tenga un poco de estrés. Así que no me sorprende que Dios haya establecido la jerarquía en el matrimonio, quizá por ser el proyecto grupal más largo que existe. Nos guste o no, la estructura de liderazgo en este «proyecto» coloca a la esposa debajo de su esposo y al esposo debajo de Dios. 

«Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo». -Efesios 5:22-23

«Mujeres, estén sujetas a sus maridos, como conviene en el Señor». -Colosenses 3:18

Dios les ordena a las esposas a someterse a sus maridos de una manera tan clara como el cielo en un día sin nubes. Estos versículos no son mis palabras, estas palabras vienen de Dios. Si estás tentada a dejar de leer este indignante artículo, (por mi atrevimiento a siquiera sugerir la sumisión hacia cualquier hombre, cuando la sociedad se ocupa arduamente en destruir tal pensamiento primitivo) hablemos de lo que realmente es o no es la sumisión basándonos en este contexto.

La palabra «someter» en Efesios 5:22 viene de la palabra griega hypotassō, y se refiere a la rendición voluntaria de nuestros propios derechos. (No pases por alto la palabra voluntaria.) No es una sumisión forzada ni es obediencia. Dios no ordena a las esposas a obedecer a sus esposos, como ordena a los hijos a obedecer a sus padres en Efesios 6:1.

Quiero agregar que este versículo no está diciendo que todas las mujeres deben someterse a todos los hombres. Es un mandamiento para una sola mujer hacia un solo hombre, de la esposa hacia el esposo. Tampoco está diciendo que las ideas de las mujeres deben ser consideradas después de las de los hombres ni que las mujeres son ciudadanas secundarias. Decir estas cosas es sacar este versículo completamente de contexto. Además, un esposo piadoso sabe que una esposa piadosa es digna de escuchar porque conoce al Señor que ama a Sus hijas intensamente y las abraza.

La sumisión es el diseño de Dios

La sumisión no significa ser una esposa buena que solo está de adorno y que nunca difiere con su esposo. Significa estar dispuesta a ponerse bajo su liderazgo. El orden es necesario en este «proyecto grupal» que es el matrimonio, y esto, mi amiga, ha sido decretado desde el Jardín del Edén.

Después que Eva comió del fruto prohibido y lo compartió con su esposo, dos cambios específicos ocurrieron en la vida de las mujeres:

  1. Múltiples dolores de parto
  2. Desacuerdos en el matrimonio

Antes del pecado, Adán y Eva vivían continuamente en mutuo acuerdo. (La perfección le iba muy bien al matrimonio) Después de que el pecado entrara en escena, llegar a un mutuo acuerdo no era nada fácil, más bien era algo así como tratar de apagar un incendio en el bosque. Un buen matrimonio no se da por sentado; requiere trabajo.

Mira lo que Dios le dice a Eva en Génesis 3:16: «A la mujer dijo: “En gran manera multiplicaré Tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos. Con todo, tu deseo será para tu marido, Y él tendrá dominio sobre ti”». No importa cómo interpretes la palabra «deseo», la implicación aquí es de lucha. Veo este versículo como si fuera una bandera roja en la playa. No significa que no puedes meterte al agua para disfrutar de las olas, pero debes ser cuidadosa (y estar alerta) porque la corriente de la tentación es muy fuerte.

Una de las tentaciones más irresistibles es la de desafiar, usurpar, destruir y resistir el rol de liderazgo que Dios le dio al esposo, especialmente cuando sentimos que nuestro hombre no nos está amando o actuando de la manera que debería hacerlo.

El movimiento feminista agresivo que vemos hoy (la degradación del liderazgo masculino, el asalto a su carácter, el embrutecimiento de los hombres en los programas de televisión) no es una campaña positiva, sino una sucumbir a la maldición que está destruyendo abiertamente nuestra sociedad.

La sumisión es trabajo de Cristo

Este es el problema: para nosotras no es nada natural someternos. Nuestra carne lucha contra eso fuertemente, lo que significa que negarnos a nosotras mismas es una cualidad que requiere de la fuerza de Dios. Es por eso que las instrucciones para la sumisión en la carta de Pablo a los Efesios vienen directamente después de una orden para vivir en el Espíritu Santo (Efesios 5:18).

Necesitamos al Señor para que nos ayude a someternos. Una mujer sumisa no es una mujer débil; una mujer sumisa camina en la fortaleza de Cristo, es una mujer que desea la voluntad de Dios por encima de la suya propia. Ella no presiona, ella ora. No manipula, sino que espera pacientemente confiando en el Dios que sostiene su futuro.

Una mujer sumisa es una mujer excepcional

Aun cuando nuestra sociedad ve la sumisión como «darse por vencida» o «ceder» definiéndolo como una debilidad en el carácter, realmente la sumisión es un acto de valor y un beneficio para el matrimonio, se requiere dominio propio y dignidad. 

La sumisión es algo bueno

La sumisión no es un concepto degradante o anticuado que se debe tirar por la borda. La sumisión es el diseño de Dios para el proyecto grupal más significativo en el que participaremos. Y como esto viene de Dios, esto es algo bueno. 

El matrimonio funciona mejor cuando un esposo se somete a Cristo y cuando una esposa se somete a su esposo, porque esa es la manera que Dios quiso que fuera. Resistirse a cualquier rol ordenado por Dios siempre lleva a la insatisfacción, pero abrazar el diseño de Dios es abrazar la bendición del Diseñador. La sumisión no degrada a la mujer. Al contrario, abre la puerta al tipo de matrimonio que ella desea.

La sumisión centrada en Cristo lleva a la bendición 

Así como es reconfortante estar bajo el fiel liderazgo de Cristo, así mismo es reconfortante para una esposa permanecer bajo el liderazgo de un esposo piadoso. Yo entiendo que no todos los hombres son piadosos, pero esta es nuestra esperanza según 1 Pedro 3:1, aún en los matrimonios difíciles, la sumisión es una cualidad atractiva que una esposa piadosa puede utilizar para animar a un esposo no piadoso a buscar al Señor. 

Sé que esto no es fácil. Algunas ocasiones ceder mi postura en un desacuerdo con mi esposo es la última cosa que quiero hacer. No estás sola en esta lucha. La sumisión es una de las tantas cosas difíciles que tendremos que hacer porque es algo que va en contra de toda nuestra carne, pero Cristo está allí para ayudarnos. No seré capaz de subir el Everest, pero puedo seguir la voluntad de mi Padre y someterme a mi esposo a través de Cristo que me fortalece. 

No permitas que la sociedad te engañe. La sumisión no te hace débil; la sumisión revela tu fortaleza, una fortaleza que no se encuentra en nosotras, sino en la poderosa y permanente presencia de Jesús. Cuando sea difícil, mira a Cristo, quien se sometió completamente a la voluntad de Dios con entera confianza en el plan de Dios. No eres menos mujer cuando te sometes, eres quien Dios te creó para que fueras.

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Sobre el autor

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery es esposa de granjero y madre de cuatro hijos. Cuando no está sirviendo una comida, viajando en un tractor con su esposo o llevando a los niños a practicar, la encontrará escapando de la locura escribiendo devocionales en Deeper Devos, donde les da a los lectores una una mirada práctica y más profunda a la Palabra de Dios. Sus cosas favoritas en el mundo (sin contar a su Salvador, esposo e hijos) incluyen decorar de casa, comprar libros nuevos y salir a correr. Stacey y su familia residen en los campos de maíz de Indiana.

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