Tomando el telescopio de la lectura bíblica

No hay experiencia que se compare con la de estar bajo un cielo despejado de noche, lejos de las luces de la ciudad, observando miles de estrellas. Es de los paisajes más hermosos que Dios nos permite disfrutar. Podemos identificar constelaciones conocidas, o formar figuras imaginarias como en un juego mental de “conecta los puntos”. Podríamos pasar horas viendo diferentes secciones del cielo y nunca terminar de ver todo. Pero qué especial sería que, de vez en cuando, sacáramos un telescopio, y, por unas horas, en lugar de ver solo el “cuadro grande” que el ojo natural puede ver, tuviéramos el privilegio de penetrar ese velo de la distancia, y ver “dentro” de una constelación. Descubriríamos estrellas que nunca habíamos visto, que estaban escondidas esperando que tomáramos un momento para indagar con detenimiento.

Por tres o cuatro años seguidos, tuve la gran bendición de leer toda la Biblia en un año. Lo hice de diferentes formas: por secuencia normal, cronológicamente, y por secciones. El hacer esto varias veces me dio una vista panorámica del mensaje central y universal de la Palabra, el cual disfruté mucho y provocó un crecimiento en mi fe y práctica. No quisiera dejar de disfrutar ese hermoso panorama cada vez que pueda.

Para el año 2017, sentí el deseo de estudiar más a fondo algunos textos, lo cual se me hacía muy difícil cuando debía leer cuatro capítulos al día para no atrasarme en mi plan. Así que decidí dejar el plan de leer toda la Biblia en un año, y enfocarme en el Nuevo Testamento. Leer el Nuevo Testamento en un año permite hacer un estudio mucho más profundo puesto que lees menos de un capítulo por día. ¡Ha sido de mucha bendición tomar el telescopio y detenerme a buscar algunos de esos tesoros que no se detectan al pasar el ojo natural brevemente sobre un pasaje! Verdaderamente, la Palabra de Dios es tan rica que jamás terminaremos de profundizar en ella.

¡Me encantaría poder compartir contigo las riquezas que encontré en cada libro del Nuevo Testamento! Conocí a un Jesús sorprendente en el libro de Marcos. En Santiago, entendí que mi fe siempre debe acompañarse de ciertas acciones. La primera carta de Pedro me abrió los ojos a entender cómo el sufrimiento es una parte esencial de mi vida espiritual. Seguramente, me comprendes cuando digo que no sé ni por dónde empezar ni cómo podría terminar. ¡Hay tanto qué aprender!

Pero el libro que más me sorprendió fue la primera epístola a los Corintios, escrita por Pablo. En parte, creo que me sorprendió porque nunca la había estudiado tan de cerca. Es una carta escrita con amor profundo, preocupación aguda, y convicción firme. ¡Me asombra cómo Pablo puede expresar amor y desaprobación de manera simultánea sin que estas dos cosas se excluyan! Creo que este libro me ayudó en tres áreas específicas donde yo carecía de entendimiento: Sabiduría, Humildad, y Unidad.

  1. Cristo es sabiduría. Por lo tanto, es la fuente de toda verdadera sabiduría.

La sabiduría es un tema repetido a través del libro de 1ª Corintios. Yo desconocía este énfasis antes de estudiar el libro. En particular, los primeros tres capítulos están repletos de enseñanza sobre la sabiduría. “Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios” (1:24). Su misma persona viene a ser la fuente de sabiduría. Por lo tanto, la única manera de tener verdadera sabiduría es tener la mente de Cristo (2:13-16). Toda sabiduría humana es vana: “porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios” (3:19). Estudiar el libro de 1ª Corintios me ayudó a entender que, para buscar sabiduría, debo buscar a Cristo.

  1. Cristo hace la obra en mí. Por lo tanto, no tengo en qué jactarme.

Es algo tan irónico que, a veces, tenemos los creyentes. Sabemos que solo Dios nos puede salvar, pero, una vez salvos, nos inflamos de orgullo por cualquier buena obra que hacemos. Al parecer, los corintios tuvieron este mismo problema. A lo largo del libro, Pablo destaca cómo el orgullo y la jactancia evidencian una falta de sabiduría verdadera, y cómo provocan muchos problemas en la iglesia. Él liga el orgullo con la inmoralidad (5:1-6), con las demandas legales entre hermanos en Cristo (cap. 6), y con el trato incorrecto hacia hermanos más débiles (10:23-24). El orgullo es un gran problema en mi vida, como en la de muchos creyentes. Este libro me ayudó a comprender que reconocer la obra de Cristo en mí, me deja sin lugar para jactarme.

  1. Cristo me regala unión con El. Por lo tanto, debo edificar a mis hermanos.

1ª Corintios es uno de los libros más consultados para entender los dones espirituales que Dios da a los creyentes. Pablo habla mucho de los dones, pero lo interesante es que su énfasis no está tanto en el don mismo, sino en el efecto que debe tener sobre otros hermanos cuando se ejerce, y la actitud y motivación con las que se debe ejercer. Los creyentes estamos unidos porque Cristo nos une a Él. Esta unión se describe como si fuéramos todos miembros de un mismo cuerpo y ejerciéramos nuestros dones en unidad, solamente para edificar al cuerpo (capítulo 14). Por medio de estos temas, en el libro de 1ª Corintios entendí que no tengo opción. Por la unión que tengo con Cristo y mis hermanos, siempre debo ejercer mis dones para edificación de mis hermanos en Cristo.

El Espíritu Santo sabía lo que yo necesitaba aprender en el 2017, y me llevó a leer y estudiar todo el Nuevo Testamento. Pero ¿sabes? “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16-17). Sin importar la cantidad de capítulos o versículos, o si usas lápices de colores, o si tienes concordancias y comentarios, tu necesidad es leer. Necesitas ingerir la Palabra de una manera regular, consistente, y planificada. Yo también lo necesito. Te animo a recordar la obra que Dios ha hecho en ti a través de Su Palabra. Con seguridad, esto te motivará a buscarle más en el 2018, en el lugar donde Él se ha dignado a revelarse: la Biblia.

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Susi tiene 20 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David. Deseando vivir el diseño de Dios para su vida, se esfuerza por dedicar la mejor parte de su energía a su hogar y su familia. Tiene el privilegio de ser esposa de pastor en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo León, México. También disfruta dar clases y consejería a las alumnas de la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, México. Le encanta estudiar y compartir la Palabra de Dios porque es “viva y eficaz” para perfeccionar a cada creyente. Publica artículos en www.palabraygracia.com.

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